Piel y emociones: ¿cuál es su relación?

La piel y las emociones guardan una estrecha y compleja relación. Acá te la explicamos.
Piel y emociones: ¿cuál es su relación?
Sara Clemente

Escrito y verificado por Psicóloga y periodista Sara Clemente.

Última actualización: 06 mayo, 2022

Cuando estamos tristes o estresados, nuestra piel parece estar menos lustrosa, más áspera, deshidratada y con menos color del habitual. Sin embargo, si nos sentimos bien, nuestra tez parece encontrarse en perfecta armonía. Esto es una evidencia de la relación tan reveladora que existe entre piel y emociones.

Con cerca de 2 metros de largo y más de 5 kilos de peso, la piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo. Y es un libro abierto sobre el estado de ánimo y los problemas de salud. Por eso, cualquier sensación negativa intensa puede hacerse visible a través de ella.

Alergias, picores, aspereza, palidez, enrojecimiento, ronchas, sequedad, agrietamiento, heridas, cambios de pigmentación, sudor, deshidratación… Son muestras difíciles de ocultar y algunos de los cambios que pueden aparecer en la piel carecen de desencadenante fisiológico. En estos casos, hablamos de alteraciones psicosomáticas cuyo origen es psicológico y de raíz emocional.

Dicho esto, veamos cómo se relacionan la piel y las emociones y qué podemos hacer para cuidarlas.

La relación entre la piel y las emociones

En las últimas décadas, diversos estudios han confirmado la estrecha relación entre piel y emociones. De hecho, a la luz de la evidencia encontrada en torno a este tema, se ha creado una nueva área de estudio: la psicodermatología.

La psicodermatologia es una disciplina bien estructurada que aborda la relación entre la piel y la mente. En líneas generales, ésta divide los trastornos cutáneos en tres categorías:

  • Psicofisiológicos, aquellos problemas de la piel que empeoran o surgen a partir de estados emocionales. Como, por ejemplo, la psoriasis.
  • Psiquiátricos primarios, que refieren a las afecciones cutáneas producidas por algunos trastornos mentales, siendo la mayoría de ellas autoinducidas. Un ejemplo sería la tricolomanía.
  • Psiquiátricos secundarios, refieren a aquellas afecciones de la piel que desarrollan baja autoestima o fobia social. Como por ejemplo el acné quístico.
Mujer tocándose la espalda debido a el trastorno por excoriación

De esta forma, vemos cómo la relación entre y piel y emociones es bidireccional. Es decir, las afecciones de la piel no solo empeoran o son provocadas por diferentes estados emocionales; sino que éstas también pueden desarrollar alteraciones mentales como consecuencia. Y, mientras mayor sea el problema, mayor será la afección física o mental.

Algunas alteraciones cutáneas

Según la evidencia encontrada algunas de las afecciones en la piel que dan cuenta de la relación entre piel y emociones son las siguientes:

Dermatitis atópica

La dermatitis atópica es una afección caracterizada por el enrojecimiento de la piel, hinchazón y picazón. En este caso, diversos estudios han demostrado que el estrés juega un rol fundamental en su aparición, por lo que una de las alternativas de tratamiento es la psicoterapia.

Incluso, se ha demostrado que algunas corrientes de psicoterapéuticas, como la cognitivo conductual, la psicoterapia dinámica breve y la biorretroalimentación, han sido efectivas para la remisión de los síntomas cutáneos.

Psoriasis

Por su parte, la psoriasis es afección cutánea que provoca enrojecimiento, escamas plateadas e irritación de la piel. Se ha demostrado que un alto porcentaje de las exacerbaciones o episodios de psoriasis guardan una estrecha relación con el estrés.

Además, el padecimiento de esta afección cutánea aumenta los niveles de estrés experimentados, por lo que se crea un círculo vicioso entre este estado emocional y la psoriasis. Por tanto, el acompañamiento psicológico se convierte en un recurso terapéutico importante, al momento de aliviar los síntomas de esta alteración.

Urticaria

Otro afección cutánea que ejemplifica la relación entre piel y emociones es la urticaria; cuyos síntomas incluyen la aparición de ronchas rojas o del color en la piel, causando comezón.

La mayoría de estos episodios no tienen una explicación aparente, por lo que algunos expertos sugieren que el estrés juega un rol fundamental en su aparición. Pues, gran parte estos pacientes se encuentra atravesando situaciones estresantes.

Hombre de espaldas

Hiperhidrosis

Se trata de una condición en donde los afectados experimentan sudoración excesiva y suele asociarse al ejercicio o aumento de la temperatura. Sin embargo, algunos estudios sugieren que también se pueden desencadenar por estrés estrés o ansiedad.

En estos casos, las personas tienden a desarrollar diferentes secuelas emocionales, como fobia social y baja autoestima. Por tanto, se crea un círculo vicioso que termina empeorando la condición, al igual que el caso de la psoriasis.

Además de las alteraciones nombradas, existen muchas otras que reflejan la relación entre la piel y las emociones. Por nombrar algunas tenemos:

  • El virus del herpes simple y virus de papiloma humano, el cual se puede reactivar por cambios emocionales.
  • Acné excoriée.
  • Dermatitis artefacta.
  • Alopecia areata.
  • Excoriaciones neuróticas.
  • Prurito psicógeno.

Piel y emociones: otras formas de relación

Más allá de las enfermedades y los trastornos cutáneos, existen otras formas en que se puede evidenciar la relación entre piel y emociones. Estos casos suelen ser respuestas momentáneas del organismo a estímulos externos, que además de generar una reacción emocional, aparece un cambio en nuestra piel.

Por ejemplo, cuando sentimos vergüenza, nuestro rostro tiende a ponerse rojo y esto se debe a la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que hace que fluya más sangre a través de ellos. En cambio, cuando tenemos miedo, los vasos sanguíneos se contraen, haciendo que nuestra piel adquiera un tono pálido.

Por su parte, otro ejemplo bastante común es la llamada “piel de gallina”, la cual suele aparecer cuando sentimos miedo o nos estremecemos.

Mujer de espaldas

Contacto físico y bienestar

Otra relación entre piel y emociones la observamos en la necesidad del contacto físico para desarrollarnos y vivir plenamente. Haciéndose muy evidente en la necesidad que presentan los bebés prematuros de establecer contacto piel con piel con su madre, con el fin de promover su sano desarrollo.

Asimismo, los abrazos, los besos y las caricias que podemos recibir de nuestros seres queridos son bálsamos para el alma en momentos difíciles. De esta forma, nuestra piel recibe estímulos que nos suben el ánimo o nos devuelven la alegría.

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