Tipos de vergüenza y cómo nos afectan

4 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Andrés Navarro Romance
Hay varios tipos de vergüenza, teniendo en común las consecuencias fisiológicas y diferenciándose en cuanto al procesamiento cognitivo y las circunstancias que la producen. Así, en este artículo nos proponemos hablar de la vergüenza... sin vergüenza.

Recientemente, un aclamado psicoanalista norteamericano ha propuesto 4 tipos de vergüenza que considera fundamentales; partiendo de la base de que considera que, a día de hoy, las personas estamos más preparadas para hablar de aquello que nos avergüenza, expone cómo piensa que puede afectarnos cada una de estas variantes.

En su libro de reciente publicación, Burgo (2018) presenta cuatro paradigmas desde los que estudiar esta sensación. Sin embargo, antes de empezar con las diferencias, podemos decir que existe un cuadro detallado común en cuanto a las manifestaciones de la vergüenza:

  • Rubor facial, del cuello o en el pecho.
  • Conductas o pensamientos de huida y/o evitación.
  • Necesidad imperiosa de desaparecer o cambiar de lugar.
  • Dificultad para mantener la mirada con otra persona.
  • Confusión mental transitoria.
  • Etc.

Pero lo que los expertos en el estudio de este estado psicofísico de las personas piensan y comprenden acerca de la vergüenza tiende a diferir de la concepción que de ella tienen la mayoría de personas. 

Mujer tapándose la cara

Muchas personas tienen una concepción muy negativa de la vergüenza. Sin embargo, los encargados del estudio científico de los tipos de vergüenza la conciben como más variada en su naturaleza y con consecuencias más moderadas, menos desastrosas.

De uno u otro modo, la vergüenza es un aspecto de nuestra vida cotidiana relativamente frecuente y difícilmente evitable; ahora bien, ese grado de toxicidad que solemos atribuirle puede no ser, por norma, tal. De hecho, Burgo propone en su libro -basado en sus observaciones clínicas de más de 35 años- una sorprendente relación entre vergüenza y autoestima.

De esta manera, considera que los aprendizajes que pueden derivarse de la interacción con nuestros estados de vergüenza acarrearían un impacto psicológico más robusto que la inhibición que pudiese producir la emoción. El mensaje que este autor nos ofrece es optimista y desmitificante.

Pocas suelen ser las ocasiones en las que nos detenemos a escuchar y entablar un diálogo fructífero con nuestros estados de vergüenza. Por contra, lo que sí es frecuente es que los diferentes tipos de vergüenza a los que nos exponemos nos resulten tan aversivos que tendamos a enmascararlos bajo condiciones como:

  • Adicciones.
  • Perfeccionismo.
  • Pena por uno mismo.
  • Promiscuidad.
  • Narcisismo.
  • Etc.

“Al que está necesitado no le conviene ser vergonzoso».

-Homero-

Tipos de vergüenza y su influencia

Una de las razones por las que a día de hoy, tanto en la esfera investigadora como en la clínica, es más sencillo tocar el tema es porque, en general, la gente tiende a mostrarse menos asustada; la reticencia a hablar de aquello que nos avergüenza es, en la sociedad actual, algo menor.

La vergüenza impacta sobre infinidad de rasgos de personalidad y de mecanismos de defensa psicológica.

En un contexto social en el que se nos anima a mostrar nuestra verdadera imagen, querernos por lo que somos y vivir en armonía con nuestras cualidades y con los contenidos de nuestra mente, las personas están más preparadas para mirar hacia su interior y compartir lo que les despierta vergüenza. La psicología positiva, tan imperante hoy día, es un claro ejemplo de abogacía por la aceptación con optimismo de nuestros rasgos menos deseables.

Para Burgo, hacer frente a la vergüenza, en cualquiera de sus formas, es una ocupación diaria; un proceso psicológico que, como tantos otros, se despliega durante el quehacer diario. Por tanto, tratar con ella es formar parte de un fenómeno natural y aceptable.

La propuesta de este autor es que, generalmente hablando, se puede distinguir 4 tipos de vergüenza:

1. El amor no correspondido

Tan solo basta haber querido a alguien y enterarse de que ese amor no era correspondido, haber sido rechazado o abandonado por la persona a la que se amaba, para hacerse una precisa idea de lo avergonzante de la situación; en algunos casos, la vergüenza llega a humillación.

Se sabe que este tipo de vergüenza puede comenzar a experimentarse en los primeros años de vida; aquellos bebés que, repetidamente, no suelen provocar en sus madres las reacciones afectivas deseadas tras infinidad de llamadas de atención, experimentan algo muy similar a esta vergüenza por «unilateralidad amorosa».

En la práctica psicológica, se observa que las personas que han sido criadas de esta manera, con madres que no han tendido a lograr el suficiente nivel de empatía en el vínculo materno-filial, presentan una aflicción estructural que podría asimilarse a una vergüenza basal; esta habría condicionado de manera negativa el desarrollo normal del individuo.

“El mundo llama inmorales a los libros que le explican su propia vergüenza”.

-Oscar Wilde-

Mujer triste

2. Exposición indeseada

Este es más recurrente cuando, en una conversación informal, se habla de vergüenza. A ella están vinculados múltiples episodios cotidianos, más o menos comunes, como que te llamen la atención o menosprecien en público o que entren en una habitación y te descubran desnudo.

Generalmente, este tipo de vergüenza es -por su frecuencia y relativa falta de gravedad- transitoria y escasamente relevante para el bienestar psicológico del individuo; sin embargo, en función de la predisposición de la persona y de la intensidad de la emoción vivida, en ciertos casos podría adquirir la consideración o estar asociada a un trauma.

4. Incumplimiento de expectativas o decepción

Aquí cabría el tipo de vergüenza que surge cuando, tras intentar la consecución de un objetivo, se falla en el intento y con ello se derrumban las expectativas autoimpuestas o vertidas sobre nosotros por otras personas.

En cuanto a gravedad y potenciales repercusiones, es similar al anterior tipo. Algunos ejemplos cotidianos que podrían llamar a este sentimiento de vergüenza son:

  • No seguir con la proyección profesional esperada.
  • La erosión de una relación de amistad.
  • El fracaso de una relación sentimental.

5. La exclusión o marginación

A casi todos nos interesa en gran medida, por nuestra propia condición como seres sociales, encajar y desarrollar un sentimiento de pertenencia grupal. Este principio es aplicable a casi todos los dominios vitales de la persona: el trabajo, las relaciones románticas, las amistades, etc. Sin embargo, hay momentos en los que esta sensación de pertenencia puede verse amenazada…

En estos casos, una buena autoestima y la capacidad de realizar atribuciones correctas nos serviría de defensa contra la influencia negativa de este tipo de vergüenza -atribuciones del tipo «Mis amigos no me han invitado hoy a la barbacoa porque con todo lo que trabajo seguramente piensen que estoy muy ocupado y no me quieren molestar, por porque no quieran estar conmigo«-.

Chico sintiendo rechazo de sus compañeros

Conclusión

La vergüenza puede llegar a ser agotadora y exasperarte. Tanto que en algunos casos puede ser un elemento determinante de nuestro equilibrio emocional y de la constitución de nuestra personalidad. De hecho, algunos rasgos de personalidad considerados como desadaptativos, como puede ser el narcisismo o tendencias autodestructivas, se asocian típicamente con pobreza de mecanismos de confrontación de la vergüenza.

Decir ‘no’ a un hijo puede implicar una variedad muy leve de vergüenza, ya que tiende a interrumpir los impulsos exploratorios naturales del niño; pero este tipo de vergüenza ni suele durar mucho ni suele tener secuelas a largo plazo.

“Es más vergonzoso desconfiar de los amigos, que ser engañado por ellos».

François de La Rochefoucauld-

Por tanto, a no ser que estemos ante una persona cuya infancia haya estado plagada de abuso, abandono o trauma, los pequeños «reservorios» de vergüenza que haya podido ir acumulando no deberían implicar un efecto negativo permanente. Por ello, todo padre y madre debería estar tranquilo ante el hecho de ofrecer negativas a sus hijos de vez en cuando.

Sin embargo, aquellas personas a las que la vergüenza les ha impactado de manera severa, si se deciden por buscar asistencia psicológica -algo que recomendamos encarecidamente-, el terapeuta deberá hilar muy fino e ir descubriendo, muy poco a poco, las defensas personales de la persona después de haber obtenido su confianza.

Y es que construir vínculos de confianza requiere tiempo y esfuerzo, sobre todo para aquellos que albergan profundos sentimientos de vergüenza y humillación; para ellos, ser juzgados por los demás puede ser una gran preocupación, incluso si es el terapeuta de quien temen ser juzgados.

  • Burgo, J. (2018). Shame : Free yourself, find joy and build true self-esteem. Londres: Watkins Media.
  • Gilbert, P. (2002). Body Shame: Conceptualisation, research and treatment. Sussex: Brunner-Routledge.
  • Hutchinson, P. (2008). Shame and philosophy. Londres: Palgrave MacMillan.
  • Marina, A. (2017). Vergüenza, orgullo y humillación: contrapuntos emocionales en la experiencia de la migración laboral femenina. Estudios Sociológicos35(103), 65-89.