Manchas por estrés: cuando la piel reacciona a las emociones

01 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Manchas rojas en el rostro, el cuello, el tórax o el abdomen. ¿Te ha pasado alguna vez? El estrés y su vínculo con la piel es tan estrecho que son muy comunes este tipo de molestas manifestaciones. ¿Quieres saber por qué ocurre? Te lo explicamos a continuación.

¿Pueden aparecer manchas por estrés? Rojeces, sarpullidos, urticaria… Efectivamente, muchos estados psicológicos extremos se manifiesta de forma orgánica y también física. Es más, dentro de la dermatología se asume esta íntima relación; de hecho, es un fenómeno cada vez más común, tanto en adultos como en niños.

El intrincado vínculo entre la piel y el estrés cuenta con varias décadas de estudio detrás. La conexión “cerebro-piel” ha hecho que disciplinas como la psicología, la endocrinología, la neurobiología y la propia dermatología lleven años colaborando entre sí para comprender mucho mejor este fenómeno.

Asimismo, cabe señalar un hecho evidente: son condiciones muy molestas y hasta invalidantes. En ocasiones, una inflamación y enrojecimiento intenso de la piel en el rostro puede limitar la vida social de una persona. Las manchas, además, se acompañan de picores intensos, de abrasiones que producen dolor y que limitan bastante la normalidad del día a día.

Comprendamos un poco más este tema.

Hombre preocupado por sufrir manchas por estrés

Manchas por estrés: qué son, por qué aparecen y cómo tratarlas

Una gran parte de las personas que sufren estrés acaba manifestando alteraciones de la piel. La más comunes, por ejemplo, son sin duda los clásicos brotes de acné. Ahora bien, cabe matizar un aspecto: estas manifestaciones, como pueden ser sin duda las clásicas manchas por estrés, solo surgen cuando este estado psicológico se mantiene en el tiempo de manera intensa.

No podemos pasar por alto que la piel es el órgano más amplio del cuerpo y que además es muy sensible al estado anímico. La rosácea, la dermatitis, la psoriasis o el vitíligo son alteraciones bastante comunes y las más tratadas en las consultas de dermatología.

No obstante, profundicemos un poco en la aparición de las manchas.

¿Cómo saber si las manchas que me han salido son por estrés?

Las manchas por estrés salen de un día para otro. Surgen a modo de brote y, por tanto, lo primero que solemos pensar es que es la manifestación de alguna alergia. Asimismo, es muy fácil diferenciarlas de las manchas solares, puesto que estas últimas tienen un tono más marrón y se van formando con el tiempo, poco a poco.

Las manchas por estrés suelen manifestarse del siguiente modo:

  • Tienen un tono rojizo.
  • Son irregulares y surgen en núcleos.
  • Suelen aparecer en el cuello, tórax y abdomen. También en brazos y piernas.
  • Notaremos su aparición porque pican, escuecen y molestan con el roce de la ropa.

¿Por qué salen?

Los estados de estrés mantenidos en el tiempo y de elevada intensidad nos pasan factura. Lo hacen de muchas maneras, es cierto, pero el hecho de que aparezcan manchas súbitas en la piel es un fenómeno bastante habitual. Analicemos las causas de su aparición:

  • El estrés psicológico genera una respuesta inflamatorias de la piel, provocando la aparición de manchas e impidiendo incluso la cicatrización de heridas. Esto mismo es lo que revela un estudio realizado en la Universidad de Berlín por los doctores Robert Maioff y Yingh Shen.
  • Sabemos, además, que estos estados de estrés elevan la adrenalina en sangre y con ella el aumento de cortisol.
  • Esta hormona desequilibra el equilibrio interno de la piel y provoca la aparición de seborrea y bacterias.
  • En caso de pasar semanas o meses sin gestionar ese estado psicológico, empiezan a desencadenarse diversos procesos a causa del nivel desmedido de cortisol.
  • Sufrimos alteraciones hormonales, se acumulan toxinas y se inician procesos inflamatorios. La piel es el órgano más grande y también el más sensible a estas alteraciones hormonales. 
  • Sabemos, por ejemplo, que el vitíligo, aunque es una enfermedad autoinmune y suele tener un componente genético, puede agravarse con el estrés. Sucede cuando el propio sistema inmunitario ataca a las células de la piel que producen la melanina. De ahí, las clásicas manchas blancas.
  • La rosácea es otra alteración de la piel que puede surgir también con el estrés y como reacción a esa inflamación ocasionada por el exceso de cortisol.
Mujer con los ojos cerrados meditando para reducir las manchas por estrés

Machas por estrés: ¿cómo puedo tratarlas?

Las manchas por estrés pueden surgir en cualquier momento. Siempre que estemos pasando por una época en la que este estado psicológico sea una constante corremos el riesgo de padecer alguna alteración de la piel. ¿Qué podemos hacer por tanto en estas circunstancias? Veamos algunas claves.

  • Lo adecuado es acudir al médico y descartar otras patologías.
  • Por lo general, y para reducir tanto la inflamación como el picor, se suelen recetar antihistamínicos. 
  • Asimismo, hay algo evidente: si no manejamos el estrés, el nerviosismo seguirá presente, así como el picor, la molestia y el riesgo de que aparezcan más manchas por estrés.
  • Debemos romper el ciclo. Para ello, la terapia cognitivo-conductual es muy útil: con ella se trabajan los pensamientos y las ideas disfuncionales que intensifican el malestar.
  • Establecer unas rutinas en las que incluir tiempos de descanso, ocio y desconexión física y mental también es adecuado.
  • Practicar algún tipo de ejercicio moderado puede ser de gran ayuda.
  • Por otro lado, es importante cuidar la alimentación: reducir las grasas saturadas, la comida precocinada, las harinas blancas, el alcohol o las bebidas estimulantes como el café.

Para concluir, no descuidemos el impacto de las emociones, las preocupaciones y los estados psicológicos sobre la salud de la piel. Cuando el cuerpo habla es obligación nuestra entender el mensaje y darle una solución.

  • Chen Y., Maidof R., Lyga J. (2017) Brain-Skin Connection: Impact of Psychological Stress on Skin. In: Farage M., Miller K., Maibach H. (eds) Textbook of Aging Skin. Springer, Berlin, Heidelberg. https://doi.org/10.1007/978-3-662-47398-6_153