Cortisol, la hormona del estrés - La Mente es Maravillosa

Cortisol, la hormona del estrés

Fátima Servián Franco 7 mayo, 2017 en Psicología 0 compartidos
Fórmula química del cortisol

El cortisol es una hormona que actúa como neurotransmisor en nuestro cerebro. Considerada por la comunidad científica como la hormona del estrés, nuestro cuerpo la produce ante situaciones de tensión para ayudarnos a enfrentarlas. La liberación de esta hormona está controlada por el hipotálamo, en respuesta a situaciones estresoras y a un nivel bajo de glucocorticoides en la sangre.

El estrés es una emoción/estado emocional que genera tensión física. Puede provenir de cualquier situación o pensamiento que nos haga sentir frustrados, furiosos o nerviosos. En pequeñas dosis el estrés puede ser positivo, como cuando nos ayuda a evitar un peligro o a cumplir con nuestros propósitos. Sin embargo, cuando el estrés pasa de ser una emoción puntual a una emoción recurrente o a un estado emocional, puede dañar nuestra salud.

Mediante nuestra forma de pensar, creer, y sentir podemos condicionar nuestros niveles de cortisol. La evidencia científica, demuestra que al modificar nuestros pensamientos en cierta manera estamos modificando la actividad bioquímica de las células nuestro cerebro.

La falta de sentido del humor, estar irritados constantemente o tener sentimientos de ira persistentes son posibles indicadores de elevados niveles de cortisol. Al igual que la presencia permanente de cansancio sin haber realizado un esfuerzo que lo justifique y la falta de apetito o gula desmesurada.

Fórmula química del cortisol

Dependiendo de nuestro carácter y de cómo nos tomemos la vida, generaremos cortisol o serotonina.
Compartir

Cortisol, la hormona del estrés y del insomnio

Las situaciones que interpretamos como estresantes aumentan nuestros niveles de cortisol, pudiendo perjudicar la calidad y la duración de nuestro sueño. El cortisol, pese a lo mal que lo hemos pintado, tiene que tener un nivel basal durante el día para mantenernos despiertos y activos, reduciéndose durante la noche. 

Los niveles de cortisol también son variables dentro de la propia jornada: hay personas que son más activas por la mañana y otras a las que hasta después de comer no cogen un ritmo con facilidad. No obstante, lo normal es que vaya reduciéndose gradualmente a medida que transcurre el día, alcanzando niveles mínimos cuando llega la hora de conciliar el sueño. Sin embargo, si los niveles de cortisol no disminuyen por la noche, debido a que la respuesta de estrés se mantiene activa, lo normal es que encontremos dificultades para conciliar el sueño.

El cortisol juega un papel importante en nuestra salud y bienestar, elevando sus niveles con cada problema que identificamos como una amenaza. Cuando nuestros niveles de cortisol son óptimos, nos sentimos mentalmente fuertes, claros y motivados. Si por el contrario, son bajos, tendemos a sentirnos confundidos, apáticos y fatigados.

Hombre con las manos en la cabeza por estrés

Regular el estrés es importante y en muchos casos no es sencillo. En un cuerpo sano, la respuesta al estrés aparece para luego permitir que la respuesta de relajación asuma el control. Si nuestra respuesta al estrés se activa con demasiada frecuencia, es más difícil de apagar y por lo tanto es más probable el desequilibrio. Por otro lado, cuando el estrés se mantiene, y la ansiada relajación no llega, enfermamos.

El estrés produce muchas enfermedades

El estrés es la vía por la que el cuerpo trata de solucionar un problema, pero cuando la situación se hace recurrente, este puede provocar enfermedades como la diabetes, depresión, resistencia a la insulina, hipertensión y otras enfermedades autoinmunes. La respuesta de nuestro cuerpo al estrés tiene una naturaleza protectora y adaptativa. Por el contrario, la respuesta al estrés crónico produce un desequilibrio bioquímico que, a su vez, debilita nuestro sistema inmunológico frente a determinados virus o alteraciones.

Las investigaciones han demostrado que el estrés recurrente o muy intenso es uno de los factores que contribuyen al desarrollo de somatizaciones, como consecuencia de la falta de capacidad adaptativa a los cambios. Son muchas las enfermedades psicosomáticas producidas por el estrés o desencadenadas o agravadas por el mismo.

Mujer agarrándose el cuello por estrés

Cuando el estrés agudo es continuo, en nuestro cuerpo se puede llegar a producir úlceras en diferentes partes de nuestro sistema digestivo, así como problemas cardiovasculares. Incluso en personas con factores de riesgo altos puede provocar ataques al corazón o infartos. Todas estas enfermedades suelen avanzar de manera silenciosa, somatizándose de diversas maneras y en diferentes áreas del cuerpo de acuerdo a determinadas características de la persona afectada.

El apoyo social reduce los niveles de cortisol

El apoyo social y la oxitocina interactúan en nuestro cuerpo suprimiendo las respuestas subjetivas que nos produce el estrés psicosocial. Así, el apoyo que proporcionan familiares y amigos es uno de los factores más poderosos de protección contra enfermedades relacionadas con el estrés, como las que hemos enumerado antes.

Un estudio de psicología biológica de la Universidad de Friburgo, en Alemania, dirigido por  Markus Heinrichs, demostró por vez primera que, en los humanos, la hormona oxitocina juega un papel clave tanto en el control del estrés como en el efecto reductor del estrés. La oxitocina además tiene un papel relevante en nuestro comportamiento social (factor modulador del estrés).

Amigas hablando

Es complicado controlar nuestro nivel de cortisol en sangre, pero existen determinados factores más fáciles de controlar directamente y que nos pueden ayudar. Hablamos de contar con una buena red de soporte social (personas con las que sientes que puedes contar y realmente puedes contar) o de reducir el consumo de determinadas sustancias, como el alcohol o el tabaco, que de manera indirecta incrementan nuestros niveles de cortisol

También ayuda a regular los niveles de esta hormona una dieta nutricional amplía, debido a que una disminución en la ingesta calórica puede aumentar los niveles de cortisol. Además, incluir en nuestra rutina ejercicios de relajación y meditación reduce el riesgo de experimentar estrés crónico, así lo ha concluido un estudio de la Universidad Estatal de Ohio.

Según este estudio, la simple diferencia entre los que meditan y los que no lo hacen, es que para una “mente meditativa” el pensamiento ocurre, es testigo, mientras que para una mente que no medita, el pensamiento se produce, y es el jefe.

Bibliografía:

Aguilar Cordero, M. J., Sánchez López, A. M., Mur Villar, N., García García, I., López, R., Ortegón Piñero, A., & Cortés Castell, E. (2014). Cortisol salival como indicador de estrés fisiológico en niños y adultos: revisión sistemática. Nutrición hospitalaria, 29(5), 960-968.

De La Banda, G. G., ángeles Martínez-Abascal, M., Riesco, M., & Pérez, G. (2004). La respuesta de cortisol ante un examen y su relación con otros acontecimientos estresantes y con algunas características de personalidad. Psicothema, 16(2), 294-298.

Dickerson, SS, y Kemeny, ME (2004). Factores de estrés agudo y respuestas de cortisol: una integración teórica y la síntesis de la investigación de laboratorio. Psychological Bulletin130 (3), 355.

Heinrichs, M., Baumgartner, T., Kirschbaum, C., y Ehlert, U. (2003). El apoyo social y la oxitocina interactúan para suprimir el cortisol y subjetivos respuestas al estrés psicosocial. Biological Psychiatry , 54 (12), 1389-1398.

Romero, C. E. C. Estrés y cortisol.

S Moscoso, M. (2009). De la mente a la célula: Impacto del estrés en psiconeuroinmunoendocrinología. Liberabit, 15(2), 143-152.

Valdés, M., & De Flores, T. (1985). Psicobiología del estrés. Barcelona: Martínez Roca.

Fátima Servián Franco

Psicóloga General Sanitaria. Profesora colaboradora en la Universidad Internacional de Valencia y directora del centro de Psicología, Renacer.

Ver perfil »
Te puede gustar