Sobrevalorar la felicidad de los demás

Sobrevalorar la felicidad de los demás

Edith Sánchez 27 octubre, 2014 en Psicología 200 compartidos

Ocurre especialmente cuando te deprimes o estás triste por algo. De pronto, parece que todo el mundo, excepto tú, está perfectamente bien. Ves que los demás hacen gala de sus parejas, de sus hijos, de sus trabajos, su dinero, sus viajes, en fin, de todo. Mientras tanto, tú te sientes desdichado porque asumes que en verdad estás por debajo en la escala de la felicidad.

No es que propongas pensar así. Simplemente, la felicidad de los demás se cruza por delante y no hay manera de ignorarla. Además de que ya podrías haber tenido algunas razones para sentirte mal, ahora esa dicha ajena te da nuevos motivos para estar peor y no puedes evitarlo.

Las banalidades de la vida social

Lo que llamamos “vida social” es un ámbito muy engañoso. Corresponde a todos esos contactos ocasionales con personas con las que tenemos algún vínculo, pero que no necesariamente conocemos suficientemente.

Esa vida social está llena de rituales, gestos y protocolos que aceptamos más o menos conscientemente, como parte del engranaje de lo que significa compartir con otros. Se imponen conversaciones relativamente estereotipadas y se supone que disfrutas más de esos encuentros si eres carismático o puedes ser el centro de atención en algún sentido.

Este tipo de reuniones con otros no están diseñadas para exponer las frustraciones mutuas, ni las preguntas o las inseguridades. Todo lo contrario. Lo que se busca muchas veces es más bien hacer gala de los triunfos, actuar como seres perfectamente adaptados y agradar a los demás.

Por detrás del telón, los actos sociales pueden ser una verdadera jungla. Muchos se dedican secretamente a juzgar a los otros, a criticar su apariencia, su vestido, su automóvil, su estilo de hablar y cualquier cosa que se preste para ser objetada. También son momentos para los chismes: comentar los aspectos de la vida íntima de otros, que por una u otra razón se “filtran” entre los invitados.

Todos se saben observados y juzgados. Todos usan una máscara, mejor o peor diseñada. Las reuniones sociales no son exactamente espacios para la sinceridad y la autenticidad.

Las redes sociales tienen una lógica similar: todos son más bonitos, exitosos e interesantes por Facebook. Todos viajan, se divierten, se ríen y parecen complacidos con la vida. “¿Cómo lo logran?”, te preguntas en secreto.

La felicidad propia y ajena

Un viejo proverbio dice que “el pasto del vecino siempre es más verde”. La máxima se refiere a ese mecanismo del pensamiento por el que  los demás siempre son una suerte de amenaza para nosotros mismos, en mayor o menor medida. Al tiempo que el otro es mi prójimo, también es mi rival. Es inevitable: el ego y el narcicismo están en el núcleo de lo que somos.

Por eso, y especialmente si andamos tristones, tendemos a sobrevalorar la dicha de los demás. Si estamos pasando por alguno de esos momentos complejos de la vida que nos hacen sentir inseguros, vamos a ver en los demás una paz, o una felicidad, o un éxito tan acabados, que probablemente no corresponda a la realidad.

Todas las personas (todas, sin excepción) tenemos conflictos, vacíos, una sarta de errores que nos preceden, miedos y, en fin, todo lo que forma parte de la subjetividad humana. Es altamente probable que esas personas a quienes vemos tan felices también lleven su procesión por dentro. Y si genuinamente son dichosas, seguramente se debe a que han sabido sortear pruebas muy fuertes.

Lo que llamamos “felicidad” no se le da a nadie gratis. Y tampoco se da de manera completa. Lo que ocurre es que tendemos a darle más valor a aquello que no tenemos, que a todas esas maravillas que sí forman parte de nuestra vida. Ver, oír, pensar… Vivir nada más, ya es una ventaja. No es “ser como” ese otro, que parece tan dichoso, lo que nos va a hacer felices. Compararse con los demás siempre es una vía hacia el error.

Imagen cortesía de campuspartycolombia

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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