Juguemos a imaginar que no tenemos fecha límite

Adriana Díez · 14 enero, 2018

Vamos a jugar a que no tenemos fecha límite, a que todo lo que ahora ocurre puede que acabe o puede que no. Vamos a jugar a que lo damos todo sin importar lo que venga después. Cierra los ojos, concéntrate y conecta con el niño que tiene en tu interior. ¿Comenzamos?

Imaginemos que no hay un final, que estamos inmersos en lo infinito y que por ello, podemos mirar hacia el más lejano horizonte. Sin fecha límite, nuestros miedos se disipan, es más fácil lanzarnos y apostar por todo aquello que un día soñábamos. Solo vemos la luz de todo lo bueno que está por venir.

Vamos a imaginar también que somos capaces de dar lo mejor, pero no por miedo a que acabe sino porque realmente queremos y lo disfrutamos. En el trabajo, en nuestro tiempo libre, con nuestra familia, amigos y cuando estamos juntos los dos. Lancémonos a amar como si no hubiera un mañana, a cantar como si la canción fuese eterna y a bailar como si no hubiera un final ni fuéramos a envejecer.

Juguemos a imaginar que la fecha límite no está escrita, que no hay caducidad. Dejemos que el niño cree y el adulto haga, siendo parte los dos de una misma persona. Imaginemos sin límites, sin restricciones, sin pensar cuándo acabará, solo en cómo está pasando. Juguemos sin marcar el final.

Mujer sola mirando el horizonte con un pañuelo en la mano

La fecha límite se marca sola

No podemos comenzar algo temiendo su final, y aun sabiéndolo deberíamos arriesgarnos. Lo importante no es qué pasará sino cómo, pero la mayoría de las veces lo olvidamos. Arriesguémonos como si no hubiera fecha límite, porque el cómo de la historia puede cambiar el qué de lo que ocurre al final.

La vida da mil vueltas y cada día ocurren cosas maravillosas que cambian todos los planes que teníamos. No dejemos de intentar algo porque creamos conocer lo que va a ocurrir. Dejémonos invadir por la incertidumbre y arriesguémonos como si no supiéramos cómo fuera a terminar, como si la magia pudiera hacer que el camino dibuje nuevas rutas.

A veces, la fecha límite se marca sola, pero no olvidemos que cada decisión, independientemente del tamaña que tenga, fija un nuevo rumbo. Dibujemos nuevos comienzos y dejemos que las cosas ocurran, dejémonos llevar para disfrutar cada momento y así poder dar lo mejor de nosotros mismos. Porque el presente es lo único que tenemos entre las manos.

Pareja caminando por campo de flores

La caducidad es cosa de productos, no de vida

Caducamos cuando morimos por dentro, no cuando dejamos de respirar. Marcamos nuestra fecha límite cuando hacemos que cada día sea igual al anterior, cuando anticipamos todo lo que va a ocurrir y no nos dejamos sorprender. Caducamos cuando no sabemos apreciar los preciosos matices del día a día.

La magia del juego es esa, que sabemos cómo empieza y las reglas que tenemos, pero no podemos imaginar cómo va a acabar, porque todo ocurre durante la partida. Se puede remontar, se puede perder, se puede ganar, pero darse por vencido no es una de las mejores opciones. 

Por todo ello, te reto a que juguemos, a que empecemos algo que no sepamos cómo terminará y que si en algún momento lo sabemos, no nos dejamos llevar por ello. Te reto a que dibujes cada día algo nuevo, algo que no conozcas y que admires lo que va ocurriendo. Te reto a que te dejes fluir, a que cambies tus planes y empieces cada día sin saber cómo acabará.

Juguemos a pensar que no tenemos fecha límite, a querer como si cada día fuera mejor que el anterior, a disfrutar como si fuera la primera vez, a dar lo mejor de los dos…