La comunicación perversa

La comunicación perversa

Gema Sánchez Cuevas 16 Marzo, 2013 en Psicología 73 compartidos

Un depredador o vampiro emocional, establece su dominio a partir de procesos de apariencia comunicativa, bajo los que se encuentran tan solo mensajes que llevan al aislamiento y la imposibilidad de intercambio, en lugar de la unión. La comunicación les sirve para utilizar al otro, sumergiéndolos en un mar de incertidumbre y confusiones. La comunicación del depredador o vampiro emocional, también podemos nombrarla como comunicación perversa, y es aquella en la que se arroja un manto de confusión sobre las informaciones reales para lograr que la víctima se vuelva impotente. ¿Cómo es la comunicación perversa?

Rechaza la comunicación directa

Son personas que cuando se las pregunta algo de manera directa, esquivan la comunicación. Al no hablar, imponen en su realidad una imagen de grandeza y sabiduría. En esta realidad la comunicación verbal resulta escasa, aunque de vez en cuando, expresen su necesidad de hablar como parte fundamental de las relaciones, tan solo llaman la atención a través de pequeños toques desestabilizadores. Son personas que no nombran nada, pero lo insinúan todo. Así la víctima intenta comprender qué sucede, o qué le habrá hecho, pero como no se habla claramente, cualquier cosa puede ser lo reprochado. Con el rechazo del diálogo, lo que ocurre es que se agrava el conflicto. A la persona que es víctima, se le niega por completo el derecho a ser oída, porque al agresor en realidad, no le interesa su versión de los hechos. Como observamos son actitudes muy frívolas y egoístas.

El mensaje que mandan con el rechazo del diálogo, es que el otro no le interesa, o que no existe, como si anularan su parte emocional hacia el otro. Tan solo se puede interpretar, realizar hipótesis, ya que cuando hay una respuesta, ésta es ambigua e indiferente.

Deforma el lenguaje

En general, la persona que adopta una comunicación perversa, se comunica con el agredido a través de un tono frío, sin tonalidad afectiva, que inquieta y produce temor. Las personas agredidas o víctimas de un depredador o vampiro emocional, son capaces de reconocer de forma inmediata esa tonalidad fría que implica miedo, poniéndolo a uno en una situación de alerta constante. Al comienzo, no suele alzar la voz, pero pone en acción un montón de estrategias desestabilizadoras hacia el otro, que lo irritan. El agresor suele verbalizar que si alza la voz es porque le hablan mal, y no le respetan, siendo esta situación totalmente al contrario. Pero ya sabemos, que esto es parte de su naturaleza, la contradicción. Además, el perverso suele no hablar, provocando en el otro la posición del que pregunta y repite de manera constante las cosas. Y después, esquiva cualquier reproche diciendo que “Nunca he dicho eso”.

La persona que establece una comunicación perversa puede mantener varios discursos a la vez contradictorios. En otras ocasiones, utilizan un lenguaje técnico y abstracto, obligando al otro a considerar cosas que no entiende, fortaleciendo así su imagen de autoridad, además de utilizar frases inacabadas. A veces puede dar la impresión de saber, aunque no esté diciendo nada. Al agresor lo que le importa es más la forma que el contenido del discurso, desorientando al otro, colocándole justo en el centro de su diana, lanzándole dardos constantemente, es capaz de adivinar y nombrar las intenciones y pensamientos del otro, dando entender a la víctima que la conoce mejor que ella misma.

Mentira

Este tipo de personas no mienten directamente, sino que utilizan los silencios y las insinuaciones para crear un malentendido que posteriormente explotará en su propio beneficio. Su estrategia es el decir sin decir, encontrando siempre la manera de tener la razón. Les da igual que algo sea verdad o mentira, sino la importancia la encuentran en que lo verdadero es lo que dicen en el presente. Además, suelen decir que su víctima es la que miente, haciendo uso de algún suceso pasado para justificarlo.

Uso del sarcasmo, burla, deprecio, descalificación

La utilización de la burla, el desprecio, el sarcasmo o la descalificación, en realidad nacen casi siempre de la envidia. A través de la descalificación, intentan privar a alguien de sus cualidades, repitiéndole constantemente que no vale para nada. El uso de la paradoja también es habitual, con el objetivo de desquiciar a la víctima, perdiendo esta toda su identidad. Son capaces de bloquear la comunicación de forma rápida y cortante, agotando a la víctima en la búsqueda de soluciones, todas inadecuadas para el agresor.

Autoridad

El ejercicio del poder, lo realizan mediante la palabra, afirmando la posesión de la verdad, y de tener un estatus más alto que su víctima en todos los niveles (cultural, económico, social…). El agresor “sabe” que tiene la razón y que está en posesión de la verdad, no admitiendo una opinión diferente a la suya propia. Opinar diferente es un desafío, un puente directo hacia un conflicto. Como vemos, la comunicación es un medio que utiliza el perverso, depredador o vampiro emocional, para desestabilizar a la víctima, sumergiéndola en las profundidades subterráneas de la sumisión. Un resorte más que ata a la víctima en el proceso de paralización.

Imagen cortesía de SashaW

Gema Sánchez Cuevas

Psicóloga, docente, editora y redactora.Mi pasión es la psicología, mi motor la curiosidad y mi arma la escritura. Todos tenemos recursos para el cambio, ¿comenzamos a buscarlos?

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