Mi hijo es therian: 7 preguntas para acompañarlo y entenderlo mejor

Cuando tu hijo o hija dice “soy therian“, es natural que surjan dudas o inquietud. En redes sociales circulan videos de jóvenes que, con máscaras o accesorios de animales, imitan comportamientos animales frente a la cámara. Sin embargo, antes de reaccionar, conviene situar la conversación: en muchos casos, esta identificación forma parte del proceso de exploración personal propio de la adolescencia.
Las personas que se describen como therians hablan de una conexión psicológica o simbólica con un animal específico —su theriotype— que integran en su manera de entenderse a sí mismas. Más que debatir la etiqueta, el foco está en comprender qué representa para tu hijo y cómo influye en su bienestar. Desde ahí, es posible abrir un diálogo sereno y respetuoso.
1. ¿Qué significa para ti ser therian?
Evita asumir que sabes lo que quiere decir. Para algunos jóvenes, es una forma de describir rasgos de personalidad; para otros, una conexión emocional intensa con un animal específico; para otros, una comunidad donde se sienten comprendidos. Puedes preguntar: “¿Qué parte de ti sientes que eso expresa?”o “¿Qué cambia cuando lo dices en voz alta?”.
El objetivo es entender su vivencia. Escuchar sin corregir ni minimizar es el primer paso para que se sienta seguro hablando contigo.
2. ¿Cuándo empezaste a sentirte así?
Esta pregunta ayuda a situar la experiencia en el tiempo. ¿Coincidió con un cambio importante? ¿Con nuevas amistades o mayor presencia en redes? No se trata de buscar causas simplistas, sino de comprender el contexto. Las identidades en la adolescencia suelen evolucionar, y conocer el momento de inicio permite ver si forma parte de un proceso más amplio de búsqueda personal.
3. ¿Qué te aporta esta forma de identificarte?
Aquí exploras la función psicológica. ¿Le da sensación de pertenencia? ¿Le ayuda a explicar emociones que antes no sabía nombrar? ¿Le permite sentirse menos solo? A veces, detrás de una etiqueta hay una necesidad legítima de conexión o expresión. Reconocer lo que le aporta no significa validarlo todo, sino comprender qué está cubriendo esa identidad.
4. ¿Hay algo de esto que te genere incomodidad o dificultades?
No toda experiencia identitaria es totalmente positiva. Puede haber burlas, críticas o tensión interna. Preguntar abre la puerta a que comparta conflictos sin sentir que debe defenderse. También te permite evaluar si hay señales de acoso, aislamiento o angustia que necesiten atención.
5. ¿Cómo influyen tus amistades y las redes en esto?
Interesarte por su entorno no significa vigilar, sino entender el contexto. Puedes preguntar qué tipo de contenido consume, con quién interactúa y cómo se siente después. ¿Sale más conectado o más aislado? ¿Tiene otros espacios fuera de esa comunidad? El equilibrio entre diferentes vínculos es una señal importante de bienestar.
6. ¿Cómo te estás sintiendo en general?
Más allá de la etiqueta, observa si duerme bien, mantiene sus responsabilidades escolares y si sigue disfrutando actividades que antes le gustaban. El indicador central no es la identidad en sí, sino cómo está impactando en su vida cotidiana. Si su funcionamiento se mantiene estable, es probable que estemos ante una fase exploratoria sin mayor riesgo.
7. ¿Qué necesitas de mí en este momento?
Esta pregunta devuelve agencia y fortalece el vínculo. Tal vez necesite discreción, respeto frente a otros familiares o simplemente que no lo ridiculicen. Acompañar no significa estar de acuerdo con todo, sino ofrecer una base segura desde la cual pueda pensar y crecer.
Y aquí va el punto clave: si observas sufrimiento intenso, aislamiento progresivo, abandono de actividades, autolesiones o cualquier señal de riesgo, la conversación familiar no sustituye el apoyo profesional. Pedir ayuda no es exagerar, es cuidar.
En la mayoría de los casos, lo que más protege no es reaccionar rápido, sino preguntar. Una conversación abierta y sostenida en el tiempo suele ser más poderosa que cualquier etiqueta.
Cuando tu hijo o hija dice “soy therian“, es natural que surjan dudas o inquietud. En redes sociales circulan videos de jóvenes que, con máscaras o accesorios de animales, imitan comportamientos animales frente a la cámara. Sin embargo, antes de reaccionar, conviene situar la conversación: en muchos casos, esta identificación forma parte del proceso de exploración personal propio de la adolescencia.
Las personas que se describen como therians hablan de una conexión psicológica o simbólica con un animal específico —su theriotype— que integran en su manera de entenderse a sí mismas. Más que debatir la etiqueta, el foco está en comprender qué representa para tu hijo y cómo influye en su bienestar. Desde ahí, es posible abrir un diálogo sereno y respetuoso.
1. ¿Qué significa para ti ser therian?
Evita asumir que sabes lo que quiere decir. Para algunos jóvenes, es una forma de describir rasgos de personalidad; para otros, una conexión emocional intensa con un animal específico; para otros, una comunidad donde se sienten comprendidos. Puedes preguntar: “¿Qué parte de ti sientes que eso expresa?”o “¿Qué cambia cuando lo dices en voz alta?”.
El objetivo es entender su vivencia. Escuchar sin corregir ni minimizar es el primer paso para que se sienta seguro hablando contigo.
2. ¿Cuándo empezaste a sentirte así?
Esta pregunta ayuda a situar la experiencia en el tiempo. ¿Coincidió con un cambio importante? ¿Con nuevas amistades o mayor presencia en redes? No se trata de buscar causas simplistas, sino de comprender el contexto. Las identidades en la adolescencia suelen evolucionar, y conocer el momento de inicio permite ver si forma parte de un proceso más amplio de búsqueda personal.
3. ¿Qué te aporta esta forma de identificarte?
Aquí exploras la función psicológica. ¿Le da sensación de pertenencia? ¿Le ayuda a explicar emociones que antes no sabía nombrar? ¿Le permite sentirse menos solo? A veces, detrás de una etiqueta hay una necesidad legítima de conexión o expresión. Reconocer lo que le aporta no significa validarlo todo, sino comprender qué está cubriendo esa identidad.
4. ¿Hay algo de esto que te genere incomodidad o dificultades?
No toda experiencia identitaria es totalmente positiva. Puede haber burlas, críticas o tensión interna. Preguntar abre la puerta a que comparta conflictos sin sentir que debe defenderse. También te permite evaluar si hay señales de acoso, aislamiento o angustia que necesiten atención.
5. ¿Cómo influyen tus amistades y las redes en esto?
Interesarte por su entorno no significa vigilar, sino entender el contexto. Puedes preguntar qué tipo de contenido consume, con quién interactúa y cómo se siente después. ¿Sale más conectado o más aislado? ¿Tiene otros espacios fuera de esa comunidad? El equilibrio entre diferentes vínculos es una señal importante de bienestar.
6. ¿Cómo te estás sintiendo en general?
Más allá de la etiqueta, observa si duerme bien, mantiene sus responsabilidades escolares y si sigue disfrutando actividades que antes le gustaban. El indicador central no es la identidad en sí, sino cómo está impactando en su vida cotidiana. Si su funcionamiento se mantiene estable, es probable que estemos ante una fase exploratoria sin mayor riesgo.
7. ¿Qué necesitas de mí en este momento?
Esta pregunta devuelve agencia y fortalece el vínculo. Tal vez necesite discreción, respeto frente a otros familiares o simplemente que no lo ridiculicen. Acompañar no significa estar de acuerdo con todo, sino ofrecer una base segura desde la cual pueda pensar y crecer.
Y aquí va el punto clave: si observas sufrimiento intenso, aislamiento progresivo, abandono de actividades, autolesiones o cualquier señal de riesgo, la conversación familiar no sustituye el apoyo profesional. Pedir ayuda no es exagerar, es cuidar.
En la mayoría de los casos, lo que más protege no es reaccionar rápido, sino preguntar. Una conversación abierta y sostenida en el tiempo suele ser más poderosa que cualquier etiqueta.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







