¿Qué nos dice la ciencia que hacen las personas inteligentes? - La Mente es Maravillosa

¿Qué nos dice la ciencia que hacen las personas inteligentes?

Sergio De Dios González 19 Abril, 2017 en Psicología 0 compartidos

En psicología hablar de inteligencia es entrar en una especie de agujero negro en el que las sombras se confunden con los objetos. Cuando buscamos una definición, hay cierto consenso a la hora de afirmar que algunas personas reciben el adjetivo de inteligentes porque son buenas resolviendo problemas, pero también los son proponiéndolos o buscando perspectivas novedosas. Además, la psicología actual se inclina más por diferentes tipos de inteligencia que por hablar de un tipo de inteligencia global y excluyente.

Gracias a esta nueva concepción podemos decir que Einstein fue una persona inteligente, pero que Mozart o Cervantes también lo fueron. Además, lo podemos afirmar sin la necesidad de pasar ningún test, entendiendo que sus logros, obras y descubrimientos son la mejor prueba de su capacidad. Finamente, podemos decir que la inteligencia se nutre de otras capacidades que la hacen brillar, como son el trabajo, la memoria o la creatividad.

También entendemos que la inteligencia tiene un fuerte componente genético. En este caso es el ADN el que va a delimitar muchas de las cartas con las que vamos a jugar la partida de la vida, pero no todas. Vamos a poder coger algunas más del ambiente, especialmente en nuestros primeros años de vida cuando nuestra plasticidad cerebral es enorme y la arquitectura de nuestro cerebro todavía está sentando sus bases, especialmente en lo que se refiere a nuestro comportamiento social.

El estudio de la inteligencia nació en dos contextos curiosos en los que había interés por cuantificar y delimitar diferencias individuales en este proceso psicológico. Estos dos contextos fueron el ejercito (relevante es el trabajo de R. Yerkes en el ejercito norteamericano en la Primera Guerra Mundial) y el sistema educativo (relevante es el trabajo de A. Binet en la re-estructuración del sistema educativo francés) y en los dos casos la intención de estudiar la inteligencia era la de separar a alas personas inteligentes de las que no lo eran. Por lo tanto, el fin último era crear un instrumento fiable capaz de medir esta capacidad: una tarea en la que todavía seguimos inmersos en la actualidad.

Tener un orden propio

Las personas inteligentes parecen compartir con las personas creativas su amor por el desorden aparente. Este rasgo que puede crear muchos problemas de convivencia es consecuente si pensamos que son capaces de dar soluciones diferentes. Así, muchas veces una solución genial proviene de ordenar los elementos de una manera particular, de una forma distinta a lo que lo hacemos el resto. Como muestra podemos ver el orden que imperaba en el escritorio de Einstein, por ejemplo.

Curioso fue el estudio realizado por Kathleen Vohs y su colaboradores. Seleccionaron a un grupo de voluntarios y los dividieron de manera aleatoria en dos grupos. Uno de los dos grupos fue a parar a una oficina con escritorios desordenados, el otro fue aparar a una oficina con escritorios impolutos. Estando en las dos oficinas, a los dos grupos se les pidió que hicieran una lluvia de ideas para resolver varios problemas. El resultado fue que las personas de la oficina desordenada dieron más y mejores ideas que las personas de la oficina ordenada.

Tener tantos amigos como dedos en la mano

Parece ser que las personas inteligentes no son grandes coleccionistas de amigos. El tiempo que dedican a las relaciones sociales suele ser más para disfrutar de las que ya tienen que para establecer relaciones nuevas.

Es más, los estudios nos dicen que dentro del grupo de personas más inteligentes, existe una asociación negativa entre el número de amigos y la satisfacción o el bienestar general percibido. Esto es curioso, porque si analizamos la asociación teniendo en cuenta a la población con todo tipo de puntuaciones en inteligencia encontramos que la asociación es justo la contraria: a mayor cantidad de amigos, más satisfacción percibida.

Hay una teoría evolutiva para explicar este fenómeno y su relato es sencillo: las personas inteligentes no necesitarían un apoyo en tantos ámbitos como el resto de personas. Así, estar acompañados podría ser para ellos muchas veces más un estorbo que una ayuda.

Amplitud de vocabulario: la fluidez con las palabrotas

Ir por la vida regalando insultos no parece, a priori, la mejor de las estrategias. Salvo que nuestra intención sea construirnos una imagen deteriorada o hacernos con una buena colección de personas a las que les caigamos mal. Por otro lado, en internet e incluso en la prensa escrita no faltan los articulistas que no renuncian a la utilización del lenguaje malsonante. Ahora bien, ¿las personas que dicen más palabrotas son más inteligentes? NO, no queremos decir esto. El sentido de lo que os queremos contar es distinto.

Lo que sí parece es que la cantidad de palabrotas distintas que somos capaces de decir está asociado con la inteligencia. Así lo comprobaron en 2009 los psicólogos Kristin y Timothy Jay. En este estudio se les pidió a los participantes que intentaran decir el mayor número de palabrotas posibles. Los resultados revelaron que quienes fueron capaces de completar un listado más largo con este tipo de palabras también lo hicieron con listados de vocabularios en otras áreas.

En este sentido, no podemos resistirnos a compartir este vídeo. Por supuesto, tómese el contenido en un único sentido expositivo y anecdótico.

Hay otros aspectos que parecen identificar a las personas inteligentes, como levantarse tarde, defender una política de izquierdas o demostrar una marcada sensibilidad con el medio ambiente. Además parece que las personas realmente inteligentes, tal y como le pasaba a Sherlock Holmes, son una población de riesgo para las adicciones como una manera de complementar la falta de estimulación que en algunos casos pueden percibir del exterior.

Sergio De Dios González

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