El lenguaje del sarcasmo: agresiones verbales encubiertas

El lenguaje del sarcasmo: agresiones verbales encubiertas

Valeria Sabater 15, Abril 2017 en Psicología 13331 compartidos

A menudo, no falta quien defiende aquello de que las personas sarcásticas son más inteligentes, más ágiles y brillantes en el dominio de las palabras. Sin embargo, esa forma de ingenio a veces se carga de veneno, de una artillería de agresiones encubiertas y desprecios sutiles que desconciertan y destruyen autoestimas.

El sarcasmo como forma de comunicación tiene muchos adeptos y seguidores. Por ejemplo, lo podemos ver en varias series de televisión, ahí donde sus protagonistas muestran una mente privilegiada, excepcional y a instantes inspiradora, capaz de resolver infinidad de enigmas criminales y desafíos médicos. Sin embargo, estos personajes se caracterizan a la vez por un tipo de lenguaje mordaz, aderezado por ciertas dosis de desprecio hilvanadas por grandes dotes de sarcasmo.

Hemos de tenerlo claro, este tipo de lenguaje mordaz, satírico pero ingenioso es claramente perjudicial para la comunicación efectiva. En ocasiones, no solo hay un claro desprecio, muchas veces existe una clara incapacidad de establecer un diálogo neutral, un intercambio armónico de mensajes donde no se derive en la burla como forma de expresar poder o dominancia.

Por otro lado, hay un aspecto que no conviene descuidar. El sarcasmo es más común entre personas que mantienen una relación de confianza, como pueden ser los compañeros de trabajo, nuestros familiares o incluso nuestras parejas. Un hecho que intensifica aún más el efecto desgastante y afilado de esta dimensión.

Los “matones” intelectuales y su arma favorita: el sarcasmo

Hay un tipo de bullying para el cual existe una mayor indulgencia. Hablamos sin duda del sarcasmo, y ese tipo de agresiones tan comunes como permitidas que se dan ante todo en nuestro mundo adulto, en nuestros entornos laborales y en especial en esos espacios privados donde se encierran las dinámicas antes señaladas: las de pareja, familia e incluso de amistad.

Según el “Ranking Bully Types” del 2010, los matones intelectuales están especializados en la condescendencia. Son perfiles que camuflan sus inseguridades a través de grandes palabras y frases arrogantes. A su vez, disfrutan consiguiendo que los demás se sientan inferiores bajo la clara creencia de que ellos son más inteligentes, más hábiles y, por supuesto, brillantes.

Lo más negativo de todo ello es que muchas veces glorificamos estos comportamientos o incluso los interpretamos como bromas inocentes. Al principio, hay quien es incapaz de ver en ese acto una forma de intimidación o desprecio. Uno termina sonriendo el ingenio y el sutil juego de palabras admirándose por tal artimaña lingüística. Sin embargo, cuando el matón intelectual persiste cada día en su artillería verbal, la cosa no solo cambia, sino que tiene consecuencias serias.

La primera consecuencia es la vulneración del vínculo relacional con esa persona. Es un atentado hacia la autoestima del otro, es una agresión y un “matoneo” constante e implacable. El segundo aspecto, tan interesante como devastador a la vez, es descubrir que el artesano del sarcasmo rara vez es consciente de su comportamiento ni de sus actos intimidantes.

Estas personalidades suelen camuflar una clara insensibilidad interpersonal o social, un embotamiento emocional donde lo único que se busca a cada instante es imponer su destreza intelectual, su habilidad de palabra e ingenio, porque esas son las únicas herramientas de las que dispone el sarcástico para reafirmarse como persona.

Tres modos de hacer frente a las agresiones sarcásticas

Es muy posible que a todos nos cautive el sutil ingenio verbal de personajes como Sherlock Holmes. Sin embargo, más allá de una mente brillante y un cerebro maravillosamente dotado, debe existir también una persona cercana, empática y respetuosa. Porque de nada importa el ingenio de una frase si el mensaje que transmite es dañino.

Este tipo de dinámicas pueden verse muchas veces en esas cenas que se hacen con amigos. No suele faltar, por ejemplo, esa pareja (ya sea hombre o mujer) que deja caer un comentario sarcástico y ocurrente sobre el cónyuge que al instante provoca las risas de toda la mesa, excepto de la propia víctima. De algún modo, todos son cómplices de esa agresión encubierta, de ese desprecio camuflado ante el que debemos estar más atentos para poner límites. Para frenarlos. Te explicamos cómo.

Mujer con nubes alrededor agresiones

Cómo defenderse de la persona sarcástica

La primera recomendación es simple y básica: no asumiremos una actitud pasiva ante el sarcasmo. Tampoco se trata de reaccionar con rabia, iniciando una afrenta poco útil. No podemos olvidar que, generalmente, estamos ante una persona muy hábil con las palabras, pero pobre con las emociones, y es ahí donde tenemos nuestra ventaja. Por tanto, lo primero que haremos es expresar con tranquilidad “que no nos ha sentado bien el comentario”.

  • Exige literalidad. El sarcástico tiene un máster en las metáforas y en las más siniestras ironías. No las aceptes, exígele que sea literal. Las personas maduras transmiten valentía y claridad en la palabra, los inseguros se camuflan en los juegos de palabra.
  • La tercera recomendación es explicarle al “matón intelectual” los efectos de su comportamiento. Si es nuestro compañero de trabajo o un amigo, hay que dejarle claro que no nos hace sentir bien y que en caso de no mostrar más amabilidad o cercanía, optaremos por la distancia.

Por otro lado, si el artesano del sarcasmo es nuestra pareja, hablaremos del dolor que nos causa y de que ese atentado continuo hacia nuestra autoestima no es reflejo de un amor sincero, ni lógico, ni consciente ni maduro. Exige respeto, honestidad y afecto transmitido a través de ese alimento enriquecedor que es el lenguaje y la palabra.

Recuerda siempre que el sarcasmo y los agresores intelectuales no merecen ser alimentados con la admiración, sino cortados con la verdad de aquello que ocasionan sus actos.

Imagen principal cortesía de Nicoletta Ceccoli

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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