Querida chica del bañador verde, la carta viral que ha revolucionado las redes

Querida chica del bañador verde, la carta que está conmoviendo las redes

Raquel Aldana 8 julio, 2016 en Actualidad y psicología 7646 compartidos
Querida chica del bañador verde

Querida chica del bañador verde es la carta viral que da cuenta de que no importa cómo seamos. Da igual si nos caracterizamos por ser ingeniosas, creativas, inteligentes, cultas, cariñosas, perseverantes o trabajadoras. Es más importante resultar guapa, atractiva y moderna.

Por eso nos escondemos. Por eso escondemos nuestras marcas de vida, nuestras estrías, nuestros kilos de más y nuestros kilos de menos. Por eso manejamos con disimulo nuestra camiseta y buscamos vernos más “guapas” y photoshopear nuestra realidad.

Esto lo ha reflejado a la perfección Jessica Gómez en su carta “Querida chica del bañador verde”, texto que os acercamos en este espacio para invitaros a reflexionar y ser vuestra voz interior sana y la de vuestros hijos.

ama tu cuerpo

La carta viral: Querida chica del bañador verde

Querida chica del bañador verde:

Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.

Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación ‘transcendental’ y la música de vuestro equipo me invaden el aire.

¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.

Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.

Te he visto ser la última en quitarte la ropa. Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.

Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos
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Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.

Mujer sonriendo

Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.

Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta
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No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria’s Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.

Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde… Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.

Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos –o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás, elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.

chica llorando

Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.

Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.

Me gustaría poder decirte que ese cuerpo del que pareces avergonzarte es bello sólo por ser joven. ¡Qué coño! Es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces.
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Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.

Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.

Niña jugando en la playa

Querida chica del bañador verde me gustaría poder decirte que –créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.

Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?

Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.

A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde…

Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.

Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.

Porque así es como todos merecemos ser queridos.

Y así es como todos deberíamos querer querida chica del bañador verde.

gif globo

Hay vida más allá del espejo y de las cremas anticelulíticas

Nuestro bienestar se ve comprometido cuando huímos de mirarnos, de explorarnos y de reconocernos en nuestro propio cuerpo, en nuestra figura de mujer. No somos lo que una crema anticelulítica hace sobre nosotras, somos nosotras amando y conociendo cada rincón de nuestro cuerpo, comprendiendo la razón por la que ahí hay celulitis o nuestros ovarios están dándonos guerra.

No estamos a salvo con nosotras mismas si cada vez que nos miramos al espejo nos regañamos por la grasa de los muslos, por esos pelos que sobresalen, por nuestra falta de curvas, por la celulitis o por nuestras arrugasTenemos que crear un espacio interno seguro para nuestro cuerpo, en vez de castigarlo y humillarlo.

Somos mucho más de lo que creemos que somos. Nuestro interior encierra en sí mismo mucho más de lo que nuestro intelecto puede llegar a comprender
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Raquel Aldana

La psicología no es solo mi profesión, es mi vida y mi pasión. Creo que comprender nuestras emociones nos ayuda a girar con el mundo y estoy convencida de que los pequeños detalles son los que marcan la diferencia.

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