En la vulnerabilidad, está tu fuerza (resiliencia)

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 6 febrero, 2015
Valeria Sabater · 6 febrero, 2015

 

“Soy vulnerable”, lo admito. Pero, ¿Y quién no? A todos nos hieren determinadas cosas. Hay aspectos en nuestro día a día que nos afectan y que en ocasiones, nos hacen ser un poco más frágiles. Nadie nace con una coraza inexpugnable. Ésa que impide que nos pasemos demasiado tiempo llorando cuando nos golpean fuerte.

De no temer a la soledad cuando veamos el vacío en nuestra mano. Los huecos en los rincones de una casa ya deshabitada donde antes, bailaban las risas. La tranquilidad. Nuestros temores son nuestros y nadie puede hacer nada por disimularlos, por esconderlos como viejas canicas en los bolsillos de un niño.

Todos recordamos ese fracaso que tal vez, cambió nuestras vidas. Ese camino que no pudimos cruzar porque nos defraudaron, o porque no fuimos lo bastante valientes. Hay quien esconde aún las cicatrices de una infancia difícil. O las traiciones de una familia que no estuvo cuando la necesitábamos. ¿Quién no ha sido vulnerable en alguna ocasión?

Todos nosotros. Pero como suele decirse, en la vulnerabilidad está también la fuerza. Esa que nos puede dar aliento y voluntad para levantarnos. Para recoger nuestras cenizas y escribir con ellas el libro de nuestra vida, habitado por nuevos aprendizajes. Esos que resolvimos primero con lágrimas.

Mi vulnerabilidad, mi fuerza

 

Vivimos en una sociedad donde sólo los más fuertes, son los más aptos. Se valora la razón por encima del sentimiento, se toman como referente aquellas personas capaces de esconder sus emociones para conseguir sus fines. En ocasiones, educamos incluso a nuestros hijos con la idea de que siempre es mejor que escondan sus lágrimas. Que guarden silencio y que atiendan, en lugar de expresar aquello que acontece en su interior.

Son muchos los niños que crecerán buscando rincones privados donde esconderse. Personas que llegarán a la madurez dominando muchos de sus sentimientos, intentando aparentar una falsa fuerza, una falsa firmeza. Mirar, asumir y callar, disimulando que nada les hace daño. Que son inexpugnables.

Pero nada de esto es real. Las personas que han sido educadas para esconder sus emociones, disponen de una grave carencia que a largo plazo, les traerá muchos problemas. Son incapaces de gestionar todo ese complejo mundo interior: el miedo, la ira, la rabia, la incertidumbre… ¿cómo hacerlo, si siempre les han dicho que deben aparentar que nada de eso les afecta?

Las consecuencias de no saber “asumir” nuestra vulnerabilidad, puede ocasionar varios problemas:

1. En el momento en que surja el factor miedo, temor o inseguridad, la persona tendrá sólo dos opciones: quedar paralizada sin poder reaccionar o huir de dicha situación.

2. El no asumir que todos somos frágiles en nuestro interior, hace que nosotros mismos nos construyamos una falsa coraza que tarde o temprano, acabará siendo derrumbada.

3. Es necesario asumir nuestra propia vulnerabilidad. Sé que hay cosas que me hacen daño, y como tales, las asumo, las entiendo e intentaré seguidamente, superarlas.

Vulnerabilidad y resiliencia

 

Todos, absolutamente todos disponemos de esa maravillosa capacidad para sobreponernos a la adversidad. A la dificultad. A la oscuridad y al miedo. La resiliencia es una semilla que todos albergamos en lo más hondo de nuestro ser, sólo hay que saber hacerla crecer cuando la necesitamos.

Para ello, es necesario que seamos conscientes de todos estos aspectos:

1. No eres tan fuerte como piensas. No puedes cargar sobre ti tantas dificultades como crees. No eres una súper-mujer, ni un súper-hombre. Todos tenemos nuestros límites y, si no eres consciente de ello, llegará un día en que acabarás cayendo. Protégete, pon límites, y sé consciente de hasta dónde puedes llegar. Siente tu vulnerabilidad y protégela.

2. Es posible que tú mismo seas ya muy consciente de tu vulnerabilidad. Pero cuidado, ser vulnerable no es un estado permanente. Es saber reconocer que podemos ser heridos, que hay cosas que nos hacen daño. Primero he de reconocerlo, para después poner medios y estrategias para ir siempre hacia delante. Para mantener la entereza y sobreponerme.

3. La vida en ocasiones, afila su lado más cruel y nos lleva por el camino menos fácil. La vida, como ya sabes, suele ocasionar a veces graves efectos secundarios. Pero si desarrollas tu resiliencia, lograrás proteger tu integridad y salir fortalecido. No es una simple frase sacada de un manual de autoayuda, en absoluto, es una realidad. Un hálito de esperanza que habrás de encontrar en tu interior y al cual agarrarte muy fuerte para salir de esa situación. Eres más valiente de lo que crees, porque aunque te parezca sorprendente, tu vulnerabilidad es también tu fuerza.