Personas que hablan y hablan y hablan ... de sí mismas

Personas que hablan y hablan y hablan … de sí mismas

Edith Sánchez 13 noviembre, 2014 en Psicología 1313 compartidos

Al principio te parecen de lo más simpáticos. Suelen ser sociables, buenos conversadores y con una personalidad atrayente. Sin embargo, con el paso del tiempo comienzas a sentir que esa persona es algo pesada: habla mucho y casi siempre de sí misma. Te cuenta una y otra vez las mismas historias. Es alguien que se siente autorizado a hablar de cualquier tema, aunque no lo conozca. Y nadie lo calla.

Después de que hablas con esa persona sientes que has perdido el tiempo. Finalmente, nunca conversaron, sino que fuiste una especie de sparring en un largo monólogo. Por eso es probable que cuando vuelvas a encontrarte con esa persona inventes alguna excusa para que no haya lugar a alguna charla.

El egocentrismo

Una persona que habla mucho de sí misma no ha establecido un límite claro entre él mismo y su entorno. Su personalidad narcisista le impide suponer que no es el centro del mundo. Por eso encuentra normal que todas las conversaciones giren en torno a él o ella.

En realidad, no se les pasa por la cabeza que sus peroratas puedan aburrir a otros. Y si se lo dicen directamente, asumirán que el problema está en el otro, no en ellos mismos.

Esa excesiva necesidad de atención sobre ellos nace en realidad de sus inseguridades no conscientes. Sienten gratificación si logran que otros les escuchen todo el tiempo; lo perciben como una prueba de su propio valor. No consiguen entrar en sintonía con los deseos de los demás, sino que todo el tiempo giran en torno a sus propias necesidades.

Quien habla sin parar, obviamente, tiene una gran necesidad de ser escuchado. Aunque no esté diciendo nada. Hablar con otros lo distrae del diálogo interior que cada uno de nosotros sostiene consigo mismo. Esta persona no quiere escucharse, sino que lo escuchen. No quiere darle valor a sus ideas o sus palabras, sino eludir un encuentro interior. Se mira a sí mismo a través de los demás.

El contenido de la “conversación”

Hay quienes siempre hablan de sí mismos para hacer un inventario de sufrimientos. Ni te piden ayuda, ni aceptan tus consejos. Suponen que tú debes simplemente actuar de forma considerada con ellos. Otros hacen lo contrario: te presentan una cadena de historias para probarte cuán maravillosos son. Te hablan de sus miles de hazañas cotidianas, esperando siempre algún hurra de tu parte.

Hay quien te habla de sus problemas para pedirte orientación. Es como si fueras su terapeuta privado, y gratis. Son personas que jamás te preguntan cómo estás o si tú también tienes dificultades. Dan por hecho que sus problemas son más graves y que es tu obligación escucharlos y aconsejarlos.

En todos estos casos no hay una conversación genuina. Se trata más bien de un mecanismo de manipulación a través de la palabra. Entras con ellos en un juego extraño, en el que a veces te puedes llegar a sentir comprometido a seguir ahí. Obligado a escucharlos, a elogiarlos o a compadecerlos. Pero tu lazo con esas personas no es auténtico, siempre opera bajo la sombra de esa sensación que te dice “algo no anda bien”.

Es bueno que en algún momento le expreses directamente y de forma amable, lo positiva que es una conversación cuando hay posibilidad tanto de hablar como de escuchar. También es bueno que le invites a hablar de nuevos temas.

Aunque no es imposible tratar a este tipo de personas, ya que en muchas ocasiones vuelven a ser los simpáticos que conociste al comienzo, sí es necesario aprender a poner límites. Si sientes que te afecta, que te pone incómodo, te desata sentimientos de culpa o de vacío, mejor te alejas.

Imagen cortesía de Lst1984.

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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