La curva de la agresividad: todo lo que sube, acaba bajando

10 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
Recuerda tu peor enfado. Seguro que pensaste que no se te iba a pasar. Pero, ¿te diste cuenta de que, tras llegar al pico de agresividad u hostilidad, volviste a la calma? Este proceso es explicado por la curva de la agresividad.

¿Has presenciado alguna vez una pelea entre amigos en la que uno de ellos está cada vez más encendido y más agresivo? Si has tenido la oportunidad de separarles o lo has visto, quizá te hayas dado cuenta de que después de llegar a un pico de máxima hostilidad y agresividad, se empieza a relajar. Esto se conoce como la curva de la agresividad, y nos enseña que en psicología se replica una idea que aprendemos de pequeños sobre el mundo físico: bajo gravedad, todo lo que sube, tiende a bajar. Nadie esta eternamente cabreado, aunque existan los que pasan por este estado con frecuencia.

La agresividad es un estado emocional motivado por el odio. Puede ser un medio para conseguir algo, pero la realidad es que pocas veces resulta efectiva. Vamos a conocer cuáles son las fases y las conductas características de cada fase para aprender cómo y cuándo nuestra intervención puede resultar beneficiosa.

“La ira es una locura de corta duración”.

-Horacio-

Hombre enfadado

Antes de la curva, ¿qué entendemos por agresividad?

Podemos entender la agresividad humana como una conducta caracterizada por el uso de la fuerza con la intención de causar daño o perjuicio (físico o psicológico) a personas, animales o bienes. Es un estado emocional que suele acompañarse de sentimientos de odio.

La agresividad puede manifestarse de manera física o verbal (o de manera combinada). La agresividad física se refiere a un ataque a un organismo mediante armas o elementos corporales, con conductas motoras y acciones físicas, el cual implica daños corporales. Por otro lado, la agresividad verbal se refiere a una respuesta oral que resulta nociva para el otro, a través de insultos o comentarios de amenaza o rechazo. Ambos tipos de agresividad están muy relacionados entre sí.

Agresividad, hostilidad, ira: el continuo AHI

Aunque los términos agresividad, hostilidad e ira tienen algunas diferencias (que vamos a ver a continuación), autores como Spielberger, Krasner y Solomon propusieron el continuo agresividad-hostilidad- ira (AHI, AHA -por sus siglas en inglés- anger, hostility, aggression). En este confluyen emociones y afectos (ira), cogniciones y actitudes (hostilidad), y conductas y comportamiento manifiesto (conducta agresiva). La ira y la hostilidad pueden ser factores predisponentes para la agresividad.

La ira es una reacción de irritación, furia o cólera causada por el sentimiento de vulneración de nuestros derechos. Puede surgir también ante la imposibilidad de conseguir un determinado objetivo. Se considera que es una emoción “moral” porque puede surgir a través de la traición a la confianza, por falta de consideración de los otros, o por una acumulación de hechos injustos.

La hostilidad hace referencia a una actitud de resentimiento, que tiene como consecuencia respuestas verbales o motoras implícitas. Es un estado de humor negativo que se caracteriza por expresiones de ira o irritabilidad.

La curva de la agresividad

La curva de la agresividad, también llamada curva de la hostilidad (por la relación entre ambos términos), es una representación gráfica de como se producen la escalada y la desescalada de agresividad/hostilidad. Conocer estas fases permite saber cuándo y cómo actuar e intervenir para mejorar la situación (y cuándo y cómo “no entrar al trapo” para no empeorarla).

Conocer cómo se desarrollan estas fases en uno mismo es una forma de autoconocimiento, ya que nos permiten conocer cuándo es más que necesario poner los cinco sentidos en nuestro autocontrol, cuándo no tomar determinadas situaciones, o cuándo salir de un lugar que está siendo el desencadenante de nuestra hostilidad o agresividad.

“Quien domina su ira domina a su peor enemigo”.

-Confucio-

Fases de la curva de la agresividad

A continuación, explicamos brevemente qué ocurre y cómo se desarrollan estas fases:

  • Fase racional: la mayoría de nosotros solemos ser “razonables” durante bastante tiempo, es decir, mantenemos un estado emocional adecuado para discutir sin que se produzca una escalada. De hecho, con frecuencia, somos capaces de parar, terminando la conversación, cuando intuimos que esta se puede producir. Sin embargo, hay veces que no es así…
  • Fase de disparo o de salida: en esta fase se abre el almacén en el que se acumula la irritación. Esto supone el caldo de cultivo perfecto para que se dispare la agresividad. Si se le añade como ingrediente una conducta (física o verbal) por parte de la otra persona que interpretamos como una provocación, se produce el “disparo”. El resultado es una incapacidad para pensar de manera racional y una descarga de hostilidad que va en aumento.
  • Fase de enlentecimiento: no podemos estar “fuera de sí/de nosotros” eternamente, por lo que naturalmente la situación va a tener a estabilizarse y calmarse. Para esto es importante que la persona airada no perciba nuevas provocaciones, ya que esto podría producir una nueva escalada de la agresividad.
  • Fase de afrontamiento: a partir de este momento, la conducta de “la otra parte” puede marcar la diferencia entre que se produzca un nuevo disparo y que la situación termine de estabilizarse. Se trata de empatizar con la persona que ha sido “presa de la ira” pero, ojo, sin darle la razón en todo: todos sabemos que percibir que te “están dando la razón como a los tontos” sería motivo más que suficiente para dejarse dominar por la ira de nuevo.
  • Fase de enfriamiento: sentirse validado y reconocer los motivos de la ira ayudan a una persona a calmarse.
  • Fase de solución del problema: una vez ha pasado todo, la persona es capaz de volver a tomar el control de sus pensamientos y discutir de manera racional para intentar buscarle una solución al conflicto.

Entonces, ¿cómo y cuándo intervenir?

El momento óptimo para “meter palabra” e intentar ayudar es durante la fase de afrontamiento. Intervenir antes puede ser interpretado como una nueva provocación. Esto provocaría una nueva escalada de agresividad y habría que volver a esperar a que se produjera la desescalada.

Antes de la fase de afrontamiento evita intentar calmar o razonar con una persona que está “fuera de sí”. No intentes justificar tu conducta (aquella que ha causado la reacción agresiva en la otra persona) y mucho menos interrumpirle con argumentos a tu favor. Lo mejor que se puede hacer en estos casos es lo siguiente:

  • Asegurarnos de estar protegidos ante un posible ataque físico por parte de la otra persona. Estar atentos por si pudiera darse algún tipo de conducta autolesiva para avisar a profesionales.
  • Esperar hasta percibir que la reacción emocional está reduciéndose.
  • Escuchar sin juzgar, sin sentirte atacado y sin mostrar incredulidad o falta de atención. Debemos intentar mantener calma.
  • Controlar el contexto: alejarnos si somos la principal fuente de estrés o alejar a la persona de la situación o las personas que lo están siendo. Se puede invitar a la persona a sentarse si así lo desea (ya que estar sentado dificulta la expresión de agresividad y esto le ayudara a calmarse).
  • Mantener “a raya” nuestro propio estado emocional (no gritar ante los gritos, no responder a provocaciones con más provocaciones…).
  • Permitirle ventilación emocional, dejar que exprese cómo se siente evitando juzgar y dar consejos.
  • Una vez se consiga calmar, se puede empezar analizar las desventajas de actuar de la manera que lo ha hecho y los beneficios de hacerlo de otra manera. Ayudarle a entender, también los sentimientos de la otra parte, y empezar a proponer alternativas para solucionar el problema.

“Contra la ira, dilación”.

-Séneca-

Amigos enfadados hablando

Conocer la curva de la agresividad te puede sacar de muchos “marrones”

Los conflictos son intrínsecos al hecho de vivir en sociedad. No podemos evitar vernos envueltos en situaciones estresantes, ni siquiera podemos evitar siempre reaccionar de manera agresiva. Recordemos que, en según qué contextos, la agresividad y la ira son respuestas naturales y adaptativas, puesto que tienen como objetivo proteger nuestra vida.

La clave parece estar en saber identificar cuáles son las emociones que merecen dejar rienda suelta a nuestra agresividad (porque corremos un grave peligro, por ejemplo) y cuando nos compensa más controlarla.

Conocer la curva de la agresividad nos permite tomar medidas para evitar que las situaciones conflictivas vayan a más y que se produzcan daños colaterales derivados de tomar malas decisiones.  Conseguirlo requiere un ejercicio de autoobservación, en un momento en el que estamos “desatados”, todo un reto.

Este ejercicio resulta muy beneficioso también en los niños y les ayuda a ser conscientes de sus emociones. Sin embargo, los beneficios a largo plazo compensan con creces el esfuerzo sobrehumano de tener que controlarnos para conocernos en plena explosión de ira.

“En paz, la hostilidad de los hombres entre sí se muestra a través de creaciones, en vez de mostrarse a través de destrucciones, como sucede en la guerra”.

-Paul Valéry-

 

Spielberger, CD, Krasner, SS y Solomon, EP (1988). La experiencia, expresión y control de la ira. En Diferencias individuales, estrés y psicología de la salud (págs. 89-108). Springer, Nueva York, NY. Delgado, (1971). La violencia simbólica, instrumental y directa en el sistema educativo y en los centros escolares: propuestas de investigación-acción. Buss, (1961). Aspectos conceptuales de la agresión: definición y modelos explicativos