Las 9 mejores frases de Alan Watts para reflexionar

Gema Sánchez Cuevas · 18 septiembre, 2018

Las frases de Alan Watts son una invitación a la reflexión más profunda, esa en la que todo y nada ejercen como la combinación perfecta para descubrir aquello que es imposible atrapar con las palabras. Se trata de sentencias capaces de sacudir nuestra concepción del mundo, la vida y las relaciones para llevarnos hasta el abismo fecundo del propio ser.

Alan Watts (1915 – 1973) fue un un filósofo, escritor y conferenciante británico conocido por su interpretación de la filosofía oriental, además de por su interés en difundirla y acercarla al mundo occidental. Fue un hombre de lucidez provocadora, a la que combinaba de manera sencilla -y a la vez mágica- con la ironía y el sentido del humor. El objetivo: estimular la reflexión sobre la existencia, generando interrogantes capaces de romper esquemas y deconstruir realidades.

Watts escribió más de 25 libros y un gran número de artículos sobre temas relacionados con la identidad, la búsqueda de la felicidad, la conciencia, el zen, la naturaleza de la realidad y el amor en su sentido más amplio y profundo. Algunas de sus obras más conocidas son La sabiduría de la inseguridad (1951) , El camino del zen (1957) y El camino del Tao (1975), entre otras.

En este artículo os dejamos una pequeña selección de las mejores frases de Alan Watts que son todo un reto para aquellos que les encante navegar por el océano de la existencia y un regalo del que disfrutar para sentirnos más vivos.

Las frases de Alan Watts son un tesoro al que recurrir si queremos cuestionarnos y llegar a conocer la verdad. Un valioso legado en el que profundizar para retirar esos velos que nos impiden ver con claridad y alcanzar el bienestar.

Alan Watts

La trampa del pensamiento

“Una persona que piensa todo el tiempo, no tiene más en qué pensar que en los pensamientos mismos, de esta manera pierde el contacto con la realidad y está destinado a vivir en un mundo de ilusiones”.

Podemos ser dueños o esclavos de nuestros pensamientos, de nosotros depende. Porque, aunque el pensamiento no sea malo por sí mismo, puede volverse peligroso cuando nos aferramos a él y nos perdemos en los círculos viciosos de las creencias.

Ser infalibles, perfectos, alimentar una única concepción del mundo, y por lo tanto de verdad, creer férreamente que los demás no pueden fallarnos, y si lo hacen expulsarlos de nuestro lado, son solo algunas de las formas más comunes de alejarnos de la realidad y alimentar nuestro propio sufrimiento.

El pensamiento es una herramienta muy poderosa que hay que saber dominar, utilizar con moderación y podar cuando despliegue sus artimañas para confundirnos e inducirnos al autoengaño. Para Alan Watts no hay mejor forma de gestionarlo que rendirnos a la evidencia del presente, a la conexión profunda con lo que estamos siendo y sintiendo ahora.

Los límites de las palabras

“Las palabras no pueden expresar más que un pequeño fragmento del conocimiento humano, porque lo que podemos decir y pensar es siempre inmensamente menor de lo que experimentamos”.

El lenguaje es un instrumento social, una herramienta inventada por el hombre capaz de generar realidades que faciliten el entendimiento -y lo dificulten también, en función del caso-. Su riqueza nos permite una gran precisión, pero que tiene sus límites. Porque a veces, las palabras ya sean habladas o escritas no son suficientes para darle una resolución aceptable a lo que sentimos, de manera que los demás lo puedan ver.

El problema es quedarnos en el reduccionismo del lenguaje y dar por sentado que no podemos ir más allá. Sería algo así como permanecer miopes al mundo de lo sensible, de la experiencia y esto tan solo es vivir a medias o incluso, mucho menos. De ahí que Alan Watts mostrase su preocupación por este tema.

El secreto del camino

“El significado y el objetivo de danzar es la danza. Igual que la música, se realiza plenamente en cada momento de su curso. No se toca una sonata para llegar al acorde final, y si el significado de las cosas estuviera simplemente en los finales, los compositores solo escribirían últimos movimientos”.

Esta es una de las frases de Alan Watts que pude generar sabrosos frutos si la sembramos en nuestra memoria. El disfrute del camino es mucho más enriquecedor que la consecución de cualquier éxito u objetivo. La experiencia de cada instante, la conexión con el presente es lo que nos proporciona la conciencia de la existencia real.

Algunos y algunas tenemos la mala costumbre de obsesionarnos con los finales, de saborear la cima sin tener en cuenta el recorrido. Este mal hábito no deja de ser un juicio injusto: con la ignorancia del sendero que nos ha llevado a la meta, también queda opacado el esfuerzo que hemos realizado.

Pies de una mujer mientras camina

La importancia del presente

“Si mi conciencia del futuro y del pasado me hace menos consciente del presente, debo empezar a preguntarme si estoy viviendo de veras en el mundo real”.

El presente es un tema recurrente en la historia como despreciado en la misma. Por esta razón no deberíamos dejarlo pasar de largo. Cuando un tema se repite tanto y es mencionado por personalidades con ideologías tan dispares, no deberíamos ignorarlo, todo lo contrario. De algún modo significa que es una de nuestras asignaturas pendientes.

Vivimos perdidos en el laberinto que une el pasado y el futuro sin tener conciencia de que somos poseedores de la llave que nos abre la puerta de salida: el presente. En general, hacemos bien eso de relatarnos historias pobladas de miedos, preocupaciones y culpas. Deambulamos cabizbajos y agotados en lo que un día fue y en lo que otro será. Sin embargo, solo cuando logremos estar presentes, seremos capaces de experimentar nuestra existencia más real.

El gran valor del desapego

“El desapego significa no sentir ningún remordimiento por el pasado ni miedo por el futuro; dejar que la vida siga su curso sin intentar interferir en su movimiento y cambio, sin intentar prolongar las cosas placenteras ni provocar la desaparición de las desagradables. Actuar de este modo es moverse al ritmo de la vida, estar en perfecta armonía con su música cambiante, a esto se llama iluminación”.

Aferrarnos a las cosas, situaciones y personas es levantar muros que impiden el arte de fluir con la vida a cambio del sufrimiento. Alimentar las ideas de pertenencia, de control y poder nos aleja de nuestra esencia más genuina para ubicarnos en el universo terrenal de lo material y en la dualidad del placer-displacer.

Sin duda esta es una de las frases de Alan Watts en la que podemos ver reflejado su conocimiento sobre la filosofía oriental. Debemos olvidar esa idea de que algo o alguien nos pertenece porque de lo contrario nos convertiremos en víctimas del miedo a la pérdida y esto tan solo nos llevará a sumergirnos en una espiral de sufrimiento.

El arte de saber renunciar es la clave para desligarnos de las trampas de las expectativas y el deseo. Y una vez conseguido, será mucho más fácil conectar con un estado de plenitud y armonía.

El valor de la impermanencia

“Cuando más tiende una cosa a ser permanente, más tiende a carecer de vida”.

Otra de las frases de Alan Watts que merece la pena grabarse a fuego en la mente. La impermanencia o anicca es la ley de la temporalidad, esa que afirma que nada permanece porque todo está en constante cambioA pesar de que hoy nos parezca igual que ayer, existen diferencias, pero no solo a nuestro alrededor, sino también en nuestro interior.

Aceptar la impermanencia, integrarla como parte de nuestra filosofía de vida, es el primer paso para liberarnos de los engaños del deseo, el ego, la ignorancia y la pasión desenfrenada por las experiencias sensitivas. Estas dos frases de Alan Watts nos lo recuerdan.

“La mayoría de las actividades humanas está diseñada para hacer permanentes las experiencias y alegrías que solo son adorables porque están cambiando”.

Ondas en el agua

La incoherencia de la seguridad

“Es inútil decir que no deberíamos querer la seguridad. Hemos de descubrir que no existe la seguridad, que buscarla es doloroso y que cuando imaginamos haberla encontrado, no nos gusta. Lo principal es comprender que no hay ninguna seguridad”.

Detestamos la incertidumbre y todo lo que ella conlleva, como no tener control. El problema es que no sabemos -o ignoramos a ratos- que no hay nada seguro a nuestro alrededor, de manera que hay mucho de ilusión en todo cuanto creemos. De hecho, en cuanto comenzamos a creer en la seguridad creamos la posibilidad de sufrir por algo, de entregarnos a la telaraña de las necesidades y los miedos.

Algunas de las frases de Alan Watts de su obra La sabiduría de la seguridad nos hacen reflexionar sobre este tema. Por ejemplo, en una de ellas expresa “si para disfrutar de un presente agradable debemos tener la seguridad de un futuro feliz, estamos “pidiendo la luna””. ¿Por qué? Porque, como ya hemos dicho anteriormente, en buena medida carecemos de certeza, lo que nos abre la puerta para gozar de incertidumbre. Así, es inevitable que sintamos dolor, que nos decepcionemos y que en ocasiones, naveguemos por mares enfurecidos de sufrimiento.

Creer protegernos tras el escudo de la seguridad no es más que un espejismo, una alucinación que nos sirve a corto plazo pero que a la larga tiene sus consecuencias. De hecho, cuanta más seguridad busquemos, más sufriremos. Porque nada es estático, todo tiende al dinamismo, al movimiento, al cambio y por ello, a la probabilidad de no permanecer.

El concepto de interdependencia

“Cada persona es una manifestación única del todo, ya que cada rama es una extensión particular del árbol”.

Esta es una de las frases de Alan Watts más conectada con la filosofía budista y con uno de sus conceptos fundamentales: la interdependencia. Según el budismo, todo elemento nace ya dependiendo de otro, es decir, las cosas existen dependiendo una de otras por causas y condiciones que están en constante flujo, interactuando entre sí. Y por lo tanto, estarían vacías por sí mismas. Desde esta perspectiva, el hecho de que las cosas existan de alguna manera y podamos interactuar con ellas conlleva que carezcan de una existencia inherente.

Quizás sea un concepto complejo de comprender en un primer momento, ya que de algún modo marca el movimiento y la interacción como condición fundamental para la conciencia de la existencia. Así, cuando nos sumergimos en la dualidad, cuando nuestra mente crea la separación de entidades y se sumerge a su vez en la identidad personal, entonces se vuelve posible el sufrimiento. 

Como vemos, las frases de Alan Watts son un valioso legado para reflexionar y despertar conciencias. Se trata de sentencias que invitan a ampliar nuestro espectro visual y mental para ir más allá. Una colección de pequeñas píldoras de sabiduría que tener siempre presentes en nuestro camino de evolución personal.

Por último, os dejamos parte de una de las conferencias más famosas de Alan Watts sobre el espectro del amor que seguro no os dejará indiferentes: