Niños buenos y bien educados, serán adultos con los mismos dones

Niños buenos y bien educados, serán adultos con los mismos dones
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Última actualización: 22 septiembre, 2019

Vivimos en un mundo en el que la guerra ha sobrevivido igual que la paz, en el que hay personas que no dudan en poner las vidas de otros al servicio de su propio beneficio, incluyendo la muerte de estas como un precio razonable por dicho beneficio. Un mundo del que participan los adultos, del que aprenden los niños.

Lo que diferencia a los niños y a los adultos es la inocencia, los dos hacen daño, pero los niños lo hacen sin conocer las consecuencias y sin aceptar el precio de sus actos. Sin embargo, con los adultos muchas veces no pasa lo mismo y sí que son conscientes del daño que va a causar su manera de actuar y, aún así, actúan.

La mayoría  de los niños nacen con una cierta predisposición al cuidado de los demás, especialmente al cuidado de su familia. Un tipo de bondad, con un mecanismo de ayuda continua y un altruismo que nadie les ha enseñado. Está en manos de sus cuidadores hacer que cuando pierdan parte de su inocencia, siendo este un proceso lógico y natural, dicha predisposición permanezca.

Claves para mantener la bondad en los niños

Tolerancia y paciencia (enseñar y tener)

Uno de las claves para hacer que los niños crezcan sin frustraciones es la paciencia, con la cual hacerles ver lo que han de hacer o lo que se espera de ellos en cada momento, para con ello generar un sentimiento en el niño de no imposición, sino de conversación adulta y madura. Hemos de ser tolerantes con ellos también en algunos momentos para que puedan sentir que tienen cierto control de las situaciones, sin dejar que se extralimiten.

niña dormida

Estas dos claves, la paciencia y la tolerancia, ha de ser interiorizada por ellos de tal modo que puedan mantenerlas como bandera en el contacto diario para con el resto de seres humanos. Una sociedad paciente y tolerante, es una sociedad comprensiva y respetuosa.

Gracias, por favor y lo siento

Se han de inculcar hasta el punto de arraigar en su ser tres expresiones que harán de ellos unas personas educadas y amables: gracias, por favor y lo siento.

Han de aprender a agradecer, transmitiéndoles que aquello que obtienen lo obtienen porque son dignos de ello, no por puro azar o fortuna. Así les enseñaremos que prácticamente todo se puede conseguir con esfuerzo y dedicación y que en ellos reside el valor por el que obtienen lo que reciben.

El cómo pedir las cosas, será lo que les haga diferenciarse entre una multitud maleducada, donde se prioriza la rapidez y la obligación de recibir lo que se demanda. Un simple “por favor” cambia por completo el sentido de lo que se pide.

Saber enmendar un error y saber asimilar que se ha cometido un fallo, sea cual sea el motivo, les hará aprender constantemente, por el simple hecho de asimilación. El hecho de pedir perdón les hará personas honradas y consecuentes de sus actos.

Apego como herramienta principal

Generar un apego saludable, es lo que marcará la diferencia entre un niño u otro. Se ha de generar un calidez familiar, fuente de consuelo y material de consistencia para un entorno seguro desde el que explorar el mundo y jugar sin miedo a nada, pues esa familia le habrá dotado de la seguridad de que siempre podrá contar con su familia.

Este apego se gestionará de forma más eficaz desde la observación atenta en la cual es fundamental conservar la calma: si el niño se cae y roza sus rodilla, el cuidador no puede entrar en pánico, ha de calmarle y restarle importancia, eso le tranquilizará y hará que en futuras ocasiones, casi ría al caerse en el parque.

madre con niña

Tenemos que ser conscientes de que el miedo no se aleja cuando les rodeamos de regalos sino cuando les trasladamos nuestra confianza en los demás, en el mundo. Si a los niños les trasmitimos que el mundo es un lugar lleno de peligros, no nos podemos extrañar de que en unos años estemos ante un adulto temeroso y dependiente emocionalmente, especialmente ante los obstáculos.

Esto puede observarse en diferentes experimentos del precursor de la teoría del apego: John Bowlby.

La educación de la bondad

Hay muchos estudios en los que podemos ver como los niños de manera natural tienden a ayudar, a compartir y, en definitiva, a ser socialmente saludables y bondadosos. Esto es posible de mantener en el tiempo, alejando la posibilidad de intoxicarse de las malas formas sociales que nos rodean.

Para conseguir que su inclinación natural permanezca, solo se ha de actuar con ellos como esperamos que sean en un futuro y con eso habremos echado el mejor abono para cultivar esa sensibilidad por los demás que no les dejará actuar con maldad.


Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.