Aceptar no es agitar una bandera y darte por vencido

La aceptación es una de las etapas de muchos procesos personales y laborales. Conozcamos un poco más de esta.
Aceptar no es agitar una bandera y darte por vencido
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Última actualización: 26 septiembre, 2023

Cuando aceptas una situación que se ha torcido y que no se ha desarrollado tal y como habías previsto no significa darte por vencido. En muchas ocasiones, puedes sentir que bajas la cabeza y que te abandonas a esas circunstancias que no te gustan, ante las que no puedes hacer nada. Sin embargo, lejos de lo que crees, en muchas ocasiones también estás lejos de someterte.

El hecho de que veas la aceptación de esta manera no es más que una creencia que tienes que volver a replantearte. Pues, como muchas otras, puede hacerte caer en errores que te impidan afrontar las circunstancias de la manera más adecuada. Hoy te ayudaremos a echar abajo esta creencia para que puedas ver la aceptación con otros ojos y olvides eso de darte por vencido.

Decir “sí” a la vida, tal como es, tal y como viene, no significa que te des por vencido.

La aceptación radical

El concepto de aceptación radical lo desarrolló Marsha M. Linehan, pero lo dio a conocer Tara Brach, ambas psicólogas. Un concepto que tiene sus raíces en la filosofía budista y que nos insta a abandonar todas las expectativas, fruto de creencias, que nos llevan a sufrir en vano.

Por ello, tenemos que rendirnos y dejar de resistirnos a lo que es imposible cambiar (o a lo que es posible cambiar: un cambio que se inicia con la propia aceptación del problema y no con su negación). Pero, no confundamos rendición con victimismo. No aceptemos esta relación como lógica, de manera que dicha aceptación nos lleve a refugiarnos en las quejas.

La aceptación radical tiene que con apreciar lo que sucede desde una perspectiva diferente, en la que todo está sucediendo de una manera determinada que no podemos cambiar, pero ante la que sí tenemos la capacidad para decidir nuestra reacción.

figuras con niños interiores pensando que no es bueno darte por vencido

Imagina que te quedas sin trabajo. Tienes algunos ahorros y además vas a cobrar el paro. Sin embargo, te niegas a aceptar la realidad. Estás furioso y triste al mismo tiempo por esta situación. Te han echado de una patada de tu zona de confort y ahora te encuentras perdido y falto de esperanzas.

Aceptar esta situación sin quejarte, sin deprimirte y como una oportunidad no parece ser la tendencia natural, al menos para muchos. Tampoco está bien visto: los demás podrían pensar que “ah, no le importaba tanto el trabajo”, “con esa actitud es normal que lo echasen”… Diferentes frases que no hacen más que motivar la queja y la actitud victimista, facilitando que terminemos siendo barcos a la deriva.

En la sociedad en la que vivimos se premia el “estar mal”. Si le preguntas a alguien “¿cómo estás?” y te contesta que “muy bien” o “mejor que nunca”, tal vez la consideres un “flipado”.

Por lo tanto, ¿qué harías si la aceptases radicalmente? Te despiden, sientes todas esas emociones, te permites expresarlas y entonces te detienes. Te paras para ver la situación y decir “vale, estoy es lo que ha sucedido, no puedo cambiarlo, ¿cómo gestiono esta situación?”. Hay múltiples maneras para no darte por vencido.

Puedes aprovechar para hacer cursos y aprender nuevos conocimientos que te servirán en un futuro, puedes buscar otro nuevo trabajo y tomar esta oportunidad como una experiencia para crecer en el ámbito laboral… Puedes emprender mil y una acciones en vez de quedarte sentado y darte por vencido, lamentándote.

Las circunstancias son las que son, pero tú puedes decidir qué camino tomar. Te han dado las cartas con las que jugar, ahora eres tú el que se las tiene que ingeniar para ganar la partida.

Negarse a aceptar la realidad es agotador

Si cambiar de estrategia o tomarte una pausa antes de seguir insistiendo te parece negativo, más lo es la negación de la realidad (salvo como estrategia de defensa ante un impacto emocional muy fuerte. Ej. La pérdida de un ser querido).

Esta es una actitud que realmente agota, que es dañina y que hace que tropieces una y otra vez con la misma piedra: con tozudez y sin la más mínima intención de aprender. Es cierto que la realidad a veces duele y mucho.

Sin embargo, negarte a aceptarla o darte por vencido solo trasformará tu dolor en sufrimiento. Tus quejas no serán oídas, todos esos “por qué a mí” no tendrán respuesta. Las cosas suceden porque sí, no tiene que haber ningún motivo aparente. Pero, tú tienes la última palabra, el poder de decidir hacia dónde dirigirte.

No eres una víctima, a menos que así desees creerlo. En este caso, alimentarás a los pensamientos rumiantes y rumiados y te sumergirás en un bucle repleto de negatividad. Hablamos de un túnel con dos salidas indeseables: la depresión y la ansiedad. Quizás pienses que tienes mérito porque has elegido la opción más complicada, pero recuerda que el sendero que más esfuerzo nos reclama no tiene por qué ser el mejor para nosotros.

“La aceptación de lo que ha sucedido es el primer paso para superar las consecuencias de cualquier desgracia”

-William James-

Así que empieza a aceptar las situaciones como el punto de partida para cambiarlas. Tomándolas como oportunidades para decidir un nuevo camino y para aprender de todas ellas. Escapar nunca dará resultado y negarte a asumir lo que ocurre mucho menos. Aceptarlas, en cambio, lejos de condenarte, solo es el primer paso para vencer.


Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.