Dile adios al victimismo - La Mente es Maravillosa

Dile adios al victimismo

Alicia Escaño Hidalgo 7 mayo, 2016 en Psicología 4132 compartidos
Mujer cayendo al vacío

Decirle adiós de una vez por todas al victimismo es clave para lograr una vida apasionante y feliz. A nadie le gusta ser una víctima, pero lo cierto es que colocarnos en esta posición de manera ficticia ofrece ciertas ventajas a las que en ocasiones nos cuesta renunciar. Por ejemplo, parece que es una posición que nos legitima para pedir cuidados y atención, cuando de otra manera no podríamos reclamarlos.

La vida es muchas veces dura y difícil, tanto para nosotros mismos como para el resto del mundo. Todos en algún punto del camino vamos a sufrir adversidades. Unas más duras, otras más llevaderas, pero parece claro que los obstáculos también forman parte de este regalo que es vivir.

Lo más importante es tener claro que, como dijo el gran Buda, el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.
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Es decir, no tenemos la capacidad de elegir lo que nos va a tocar en la vida, como máximo, podemos tomar decisiones más o menos acertadas pero nada nos garantiza la liberación del dolor. Eso sí, siempre podremos elegir de qué manera preferimos enfrentarnos a los problemas.

Estar anclado en el victimismo

Todos hemos conocido a alguna persona que está continuamente quejándose de todo, asumiendo un papel de persona dañada o dolida, que suele culpar al mundo o a los demás pero que poco hace para salir de ese pozo negro en el que supuestamente está hundida, ¿te suena?

Mujer de espaldas

Son personas ancladas en el victimismo, es decir, en la tendencia a pensar que son desgraciadas, que son el objetivo favorito del infortunio y los demás son malos con él y quieren hacerle daño, cuando la realidad dice otra cosa distinta. Pueden estar creyéndolo realmente, debido a una distorsión perceptiva, o puede ser simplemente un ejercicio de simulación.

La persona anclada en el victimismo no logra salir de ese bache que está pasando, si no que aun penetra mucho más en él.
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Las personas de su alrededor intentan ayudarle en vano, lo que no hace más que reforzar su actitud pesimista y al final, acaban sufriendo todos, aunque la que sufre principalmente es la propia persona victimista porque en el fondo pocas veces deja de sentirse mal consigo misma. A menudo, cuanta con una autoestima baja y piensa que solo colocándose en el rol de víctima va a merecer cariño y atención.

¿Cómo reconocer a una persona victimista?

Quiere que los demás reconozcan su sufrimiento

Cuando su círculo intenta ayudarle, se siente atacado porque lo que busca es el refuerzo de su estado, es decir, que le brinden palabras y frases como “pobrecito”, “que mal te está tratando la vida” o “eres un desgraciado, qué mala suerte tienes”. Si se les intenta alentar para que tomen las riendas de su vida e intenten buscar soluciones, se ofenden y piensan que no queremos entenderles ni ponernos en su lugar.

Intentan culpar a los demás y a la vida

Hemos comentado anteriormente que, aunque es cierto que la vida trae muchos baches consigo, no es menos real que hay personas que se deprimen fácilmente y otras con adversidades mucho mayores que se mantienen en pie y siguen viviendo con normalidad.

Mujer señalando con el dedo a otra echándole la culpa

Culpar a los demás y al mundo no sirve de nada, esta actitud solo mantiene el problema o nos reafirma como víctimas sin recursos. Las personas victimistas no buscan soluciones para arreglar su adversidad, si no que protestan por lo injusta que es la vida y lo desgraciados que son ellos hasta el agotamiento propio y el de los demás.

Manipulan emocionalmente a otros:

Es una estrategia muy usada por estas personas, ya que mediante la táctica de provocar sentimientos de tristeza en los demás, es más fácil conseguir ciertos privilegios.

Algunas frases que se nos pueden venir a la cabeza a coalición de este punto pueden ser: “Te he criado desde pequeño y ahora tu te vas a vivir con tu pareja y me dejas sola”, “Si sacas buenas notas, mamá se curará”. De esta forma, la otra persona se siente responsable del estado emocional del otro y hará lo posible por complacerlo, aunque tenga que violar sus propios derechos y necesidades.

¿Qué hacemos con estas personas?

Sencillamente: no entrar en su juego. Si nos enredamos en los chantajes y lamentos de los que ejercen el victimismo, les estamos reforzando y no les ayudamos sino que les perjudicamos. El problema es que hacer esto es dificilísimo porque nuestra cultura nos ha enseñado desde pequeñitos que tenemos que sentir compasión por los que sufren y ayudar al otro, aunque nuestros propios intereses queden relegados a un segundo plano y esto realmente no tiene por qué ser así.

Mujer sintiéndose culpable

Cuando se trata de un familiar la cosa se complica mucho más… ¿Quién no ayudaría a su madre que afirma que está mal, deprimida, triste aunque no haga nada por salir de ahí?
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Cualquiera se rendiría a sus quejas y la arroparía, pero ciertamente, esa no es la solución porque estamos reforzando que ella no es capaz de salir de ahí y que la solución es quejarse y no hacer nada. Es difícil, pero si sabemos identificar correctamente una actitud victimista, hemos de intentar no ceder y ayudarles de manera que no reforcemos su actitud.

Le diremos que estamos ahí para buscar solución al problema, pero no al que nos plantean sino al que nosotros vemos. Para hacer todo lo posible para que salga de esa posición, pero no para escuchar quejas ni para contagiarnos de negatividad. De otro forma, la persona “vistimista” no empezará a tomar conciencia de que sus estrategias no surten efecto y que debería plantearse cambiar.

Alicia Escaño Hidalgo

La psicología me enseñó que ser feliz es una decisión.

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