Decir no al sufrimiento inútil

Valeria Sabater · 25 julio, 2014

Si hay algo que todos sabemos identificar ya desde niños es el sufrimiento. El sufrimiento físico por un golpe, una herida, un accidente. Pero luego tenemos ese tipo de sufrimiento que no cura el agua oxigenada o dos días de reposo. Es el dolor emocional, surgido por una decepción, un desengaño, una pérdida… no importa la edad que tengamos, la vida suele embestirnos sin que lo planeemos y sin que podamos prevenirlo.

Nadie es inmune al sufrimiento, pero es esencial que sepamos gestionarlo y afrontarlo, porque en ocasiones, el sufrimiento puede llegar a volverse crónico y envolvernos con su costra dolorosa.

De hecho, son muchos los expertos que nos dicen que el sufrimiento, para muchas personas, puede llegar a ser adictivo, a ser aquello que alimenta sus vidas y el primer pensamiento con el cual amanecer cada día.

Dejar de sufrir, la mejor elección

¿Se puede elegir dejar de sufrir? Obviamente no. En ocasiones el sufrimiento forma parte de un proceso y de un duelo que hemos de atravesar, para superar. Para dejar ir. Porque el dejar de sufrir no se resuelve oprimiendo un simple interruptor con el cual volver a la serenidad y a ese equilibrio emocional. Pero es necesario controlarlo y verlo como parte de un proceso.

Niña sufriendo en el bosque

Cuando la vida nos trae sus decepciones, sus tragedias y sus desengaños, recibimos el impacto con toda su violencia y con todas sus consecuencias. Es inevitable experimentarlas y sentir su dolor durante un tiempo, su hematoma… pero solo durante un periodo limitado en el cual, atravesar esta introspección con nosotros mismos.

El sufrimiento está compuesto por varias capas, por así decirlo, capas de cebolla que hay que ir arrancando entre lágrimas y donde afrontar determinadas emociones que se organizan de manera natural por fases que superar: negación, cansancio, abatimiento, ira, rabia, autocrítica, culpa, resignación, racionalización, aceptación…

Para elegir dejar de sufrir debe existir una clara voluntad de superación. De dar un paso hacia un mañana más adecuado en el cual,  sentirnos mejor y obtener un aprendizaje emocional y personal de lo ocurrido.

Todos tenemos derecho a caer, desde luego, pero también a salir fortalecidos de lo ocurrido. Un desengaño amoroso, un fracaso profesional o personal… son dimensiones que nos rompen por dentro y que debemos sufrir en toda su realidad, e incluso llorar, pero es esencial también adquirir algún tipo de aprendizaje de lo sucedido para ser un poco más sabios, más fuertes y más aptos en este complejo laberinto que es la vida.

Un aspecto importante a tener en cuenta es que para “estar bien” es imprescindible que no caigamos en la negación. Nunca niegues lo ocurrido. Si has fracasado admite tu error, si tu relación personal no va bien, admítelo, reconócelo y evita más sufrimiento innecesario.

Mujer libre liberándose de sus cadenas

La negación es esa pared que hará del sufrimiento un estado eterno. Y un modo de darnos cuenta de la presencia de este muro, es que identifiques las dos partes que hay en ti. Todos nosotros disponemos de dos personas en nuestro interior: la que observa y la que experimenta.

El observador, es la clave de nuestra curación personal, es él quien nos ayudará a darnos cuenta de qué ocurre no solo a nuestro alrededor, sino también en nuestro interior. Él es quién leerá entre líneas y quien descubrirá los velos de los rostros.

Obsérvate, siéntete y pregúntate qué puedes hacer para sentirte mejor, para abandonar aquello que te hace daño e impidiéndote ser tú mismo. Busca tu armonía interna para tomar conciencia del sufrimiento emocional.

Esfuérzate por dejar a un lado el sufrimiento inútil, no padezcas por quién no lo merece ni hagas eternas situaciones que ya no tienen solución. Admitirlo, afrontarlo y asumirlo, serán los pasos esenciales para esa curación personal y emocional.