El corazón roto y el dolor físico

16 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Sentir un nudo en la garganta o tener el corazón roto son expresiones que generalmente empleamos en un sentido figurado. Sin embargo, el dolor emocional realmente puede presentar manifestaciones físicas.
 

Cuando atravesamos momentos de gran sufrimiento emocional podemos llegar a afirmar que nos duele el corazón. Esta frase, a mitad de camino entre lo poético y lo literal, nos sirve para expresar la magnitud del pesar que estamos experimentando. Y es que un corazón roto metafóricamente hablando trae aparejado muchas veces diversos padecimientos físicos.

La esfera física y la psíquica no se encuentran separadas. Por el contrario están completamente conectadas y casi invariablemente los problemas en una presentan también manifestaciones en la otra. Distintos estudios científicos nos llevan a concluir que el dolor emocional realmente puede sentirse en la carne. 

Tengo el corazón roto

Son muchas las situaciones vitales que pueden llevarnos a afirmar que tenemos roto el corazón. La muerte de un ser querido, una ruptura amorosa, la traición de un amigo, una decepción proveniente de alguien en quien confiábamos plenamente…

Cuando afirmamos tener el corazón roto estamos expresando que albergamos en nuestro interior una tristeza sobrecogedora, una nostalgia de gran magnitud, un dolor que nos paraliza. Con estas palabras tratamos de plasmar que el sufrimiento emocional que estamos atravesando es tan intenso que parece volverse tangible.

Así nos sentimos confusos, perdidos, vulnerables y devastados. Perdemos el interés por todo cuanto nos rodea y la energía parece abandonar nuestro cuerpo. El presente se torna insoportable y el futuro inimaginable. Comenzamos a sentirnos débiles, frágiles e incapaces de afrontar la adversidad que nos golpea.

 
Mujer con dolor físico y emocional

Un dolor que se siente a nivel físico

Sin embargo se ha constatado, a través de diversos estudios científicos, que la misma región cerebral que funciona como procesador del dolor físico es también la encargada de procesar el dolor emocional. De este modo, al igual que existen lesiones físicas que conducen a un dolor crónico, existen también heridas emocionales de las que mucha gente no logra recuperarse.

Las manifestaciones físicas del malestar emocional son diversas y por todos conocidas. ¿Quién no ha experimentado una aguda punzada en la garganta cuando la tristeza o la angustia eran intensas?. ¿Quién no ha sentido el tan nombrado nudo en el estómago ante una situación que le generaba ansiedad?

Los trastornos psicosomáticos nos acompañan desde que somos niños, poniendo de manifiesto a nivel orgánico la carga emocional que no somos capaces de manejar. Así muchos infantes experimentan frecuentes dolores de cabeza o problemas digestivos para los que no se encuentra una causa fisiológica, pues son originados por un malestar psicológico.

Ya de adultos también podemos padecer dolores musculares, cefaleas, acidez o indigestión, irritaciones en la piel y un sinfín de síntomas físicos debido a causas emocionales. Pero, sin duda, la manifestación más sorprendente de este fenómeno es el denominado síndrome del corazón roto.

 
Mujer con las manos en la cara sintiendo dolor emocional

El síndrome del corazón roto

Esta enfermedad llamada cardiomiopatía de takotsubo no rompe literalmente el corazón, pero si lo deforma. Cuando se atraviesa una situación de elevado estrés emocional en el organismo se produce una súbita liberación de grandes dosis de catecolaminas.

El aumento de esta sustancia hace que la frecuencia cardíaca se dispare generando un daño físico y real en corazón. Algo tangible y fácil de visualizar en las pruebas de diagnóstico. La persona que lo padece experimenta síntomas similares a los de un ataque cardíaco, como dolor en el pecho y dificultad para respirar.

Se trata de un padecimiento para el que existe tratamiento y que no genera secuelas permanentes. Aún así el fenómeno reviste la suficiente importancia como para invitarnos a pensar al respecto.

Desarrollar la resiliencia para evitar un corazón roto

Las vivencias estresantes que pueden dar lugar al síndrome del corazón roto son relativamente comunes. Muchas personas las atravesarán sin llegar a experimentar este síndrome. Del mismo modo, no todos tenemos la misma predisposición a manifestar síntomas somáticos cuando enfrentamos una adversidad emocional.

 

La diferencia radica en el nivel de resiliencia con el que contamos cada uno. Esto es, las capacidades y recursos personales de los que disponemos para hacer frente a situaciones negativas, inesperadas o estresantes. Las estrategias de afrontamiento que empleamos marcan una diferencia en cuanto al grado en que tales vivencias nos afectan.

Afortunadamente la resiliencia puede desarrollarse y siempre estamos a tiempo de adquirir nuevos recursos y estrategias más adecuadas. Trabaja en ti y en tu desarrollo personal para evitar que tu cuerpo tenga que gritar el dolor que no fuiste capaz de expresar.

 
  • Jiménez, S. R., & Valle, J. S. L. (2012). Cardiomiopatía de Takotsubo, el gran imitador del infarto agudo del miocardio. Revista CES Medicina26(1), 107-120.
  • Cyrulnik, B., Manciaux, M., Sánchez, E., Colmenares, M. E., Balegno, L., & Olaya, M. (2002). La resiliencia. Desvictimizar la víctima. Cali: Casa editorial Rafue. CEIC.