Trastornos psicosomáticos: cuando la mente hiere a nuestro cuerpo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 26 enero, 2018
Valeria Sabater · 26 enero, 2018

Los trastornos psicosomáticos son la prueba del impacto que la mente puede llegar a tener sobre nuestro cuerpo. Son estados donde se evidencia una serie de síntomas físicos reales relacionados con enfermedades invisibles, con afecciones que no existen orgánicamente, pero que son el resultado de conflictos mentales, de problemas no resueltos que nos devoran por dentro.

Leer que hay alumnos que debido a la ansiedad pueden llegar a perder la visión justo antes de un examen puede resultarnos poco creíble. Asimismo, si hablamos del caso de una mujer de 60 que ha perdido la movilidad de las piernas porque está convencida de que tiene un tumor en la columna, también nos puede parecer una historia exagerada y difícil de comprender.

“Tu cuerpo te está diciendo que algo no va bien dentro de ti y que no lo estás viendo”.

-Suzanne O’Sullivan-

Sin embargo las pruebas están ahí y estos casos suceden cada día, en todo el mundo y a cada momento. Por ello, algo que aprenden rápidamente los neurólogos o los psicólogos especializados en trastornos psicosomáticos es a dar espacio al relato que hacen los pacientes de lo que les sucede. Si dicen tener dolor, ese dolor probablemente sea real aunque no se vea reflejado en una resonancia magnética o en un análisis de sangre.

Dar credibilidad al sufrimiento de estos pacientes es esencial. Ocurre lo mismo con las personas que dicen tener pensamientos suicidas durante una depresión, lo mismo que experimenta una persona con esquizofrenia al declarar que tiene visiones y determinadas alucinaciones. Esa realidad existe, existe dentro de la mente de ese paciente y puede llegar a ser devastadora. Cuando nuestra mente toma el control, traumatizada o supeditada a un estado de ansiedad muy convulso, todo puede ser posible.

Mujer tocándose la espalda debido a el trastorno por excoriación

Trastornos psicosomáticos ¿de verdad está todo en mi cabeza?

Entendemos por trastorno psicosomático todo aquel cuadro de síntomas donde no se halla un correlato físico u orgánico, ahí donde todas las dolencias y limitaciones que sufre la persona se deben en exclusiva a sus procesos mentales. Ahora bien, pensemos lo que esto puede llegar a suponer… ¿de verdad está todo en mi cabeza?

La verdad es que a día de hoy los trastornos psicosomáticos siguen siendo un área de estudio llena de incógnitas para los expertos. Algo que sí se sabe es que todo ese espectro de trastornos físicos asociados con el estrés mental tiene un correlato cerebral: la hiperactividad de los impulsos nerviosos del cerebro al comunicarse con diversas áreas de nuestro cuerpo.

  • Algo que también puede verse es un exceso de adrenalina en sangre, además de unos parámetros biológicos alterados, como la aceleración del metabolismo de la glucosa o de los aminoácidos…
  • A su vez, también se ha podido demostrar que hay personas más susceptibles a la hora de sufrir trastornos psicosomáticos. Pacientes que viven con mucha ansiedad o que tuvieron una infancia traumática a causa de abusos, carencias afectivas, etc., también suelen ser más propensos a experimentar este tipo de trastorno.

Más allá de entender o no qué causa las enfermedades psicosomáticas, hay un hecho aún más importante. Pensemos en un médico que le explica a su paciente que eso que sufre no es real, que ese dolor en el pecho no es un infarto, que la pérdida de su voz no se debe a un problema de las cuerdas vocales ni su terrible migraña a un tumor. Está bien que le digamos a un paciente “qué es lo que no tiene”, pero… ¿cómo ayudarle a sanar eso “que sí tiene” y que se origina en su mente?

“Es algo que nos pasa a todos. Pero no podría decir por qué en ciertos individuos este mecanismo decide crear una patología. Lo que ocurre es que todos tenemos una forma diferente de lidiar con el estrés”.

-Suzanne O’Sullivan-

Lo que nuestra mente puede llegar a generar

Los trastornos psicosomáticos pueden afectar a cualquier órgano, sistema, tejido o estructura. Su impacto es inmenso, de ahí que no debamos minusvalorar el poder de nuestra psique. Asimismo, es necesario diferenciar los trastornos somatomorfos de los psicosomáticos. Mientras en los primeros nunca hay síntoma físico, en los segundos sí existe un daño visible en el organismo (por ejemplo, las úlceras).

  • Un ejemplo más clásico de los trastornos psicosomáticos son las dermopatías, como el eczema, urticaria, infecciones, acné…
  • La hipertensión, las taquicardias, la sensación de ahogo o los pinchazos en el corazón son otro síntoma.
  • Los trastornos del sistema digestivo son muy comunes, siendo el colon irritable y las úlceras las condiciones más habituales.
  • Los dolores de cabeza intensos, como las migrañas también son muy comunes.
  • Pérdidas de memoria.
  • Asma bronquial.
  • Dismenorrea, desórdenes menstruales…
  • Alopecia.
  • En casos muy extremos, hay personas que pueden experimentar ceguera temporal, falta de movilidad en alguna extremidad, desmayos, etc.

¿Cómo se tratan las enfermedades psicosomáticas?

Los trastornos psicosomáticos se abordan de dos modos diferentes. Por un lado, y como es evidente, hay que atender ese síntoma físico que presenta el paciente (úlcera, infecciones, eczemas…) Ahora bien, lo más importante en estos casos es afrontar el auténtico problema de base, a saber, su universo psicológico y esa tensión mental no resuelta que se somatiza con mayor o menor gravedad en su cuerpo.

Las técnicas que se utilizan para estos casos son múltiples y dependerán siempre de la realidad personal de cada caso. Asimismo, a veces resulta idóneo probar distintas terapias para ver cuál funciona mejor en el paciente, cual genera los resultados más positivos y esperados.

  • Las técnicas de relajación son siempre muy efectivas.
  • La terapia cognitivo-conductual es de gran ayuda para conseguir que los pacientes aprendan nuevas formas de sobrellevar sus problemas. Comprenderán sus realidades internas, aplicarán objetivos de vida realistas e identificarán qué patrones de pensamiento deben cambiar para tener un estilo de vida más positivo.
  • Asimismo, otro tipo de terapia que suele traer resultados positivos a la hora de abordar conflictos mentales y emocionales, así como trastornos de ansiedad es el psicoanálisis.
  • Las terapias de grupo como el psicodrama, creado en su día por Jacob Levy Moreno, es otra estrategia idónea, revulsiva y muy gratificante que se puede probar para observar si genera en la persona los resultados esperados.

Para concluir, señalar la importancia y el desafío que supone para muchos médicos tratar de ofrecer una solución para todas esas personas que a día de hoy sufren enfermedades psicosomáticas. Son realidades a veces muy duras que merecen nuestra atención y sensibilización.