La neurociencia del dolor emocional: anatomía del sufrimiento invisible

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
1 agosto, 2019
Sufrir una decepción, una traición o vivir una ruptura no deja marca en la piel, lo que no quita para que el dolor emocional pueda ser inmenso. La neurociencia nos revela que ese padecimiento tiene un correlato neuronal muy parecido al de una quemadura o al de una herida física.

La neurociencia del dolor emocional nos dice que ese sufrimiento que tan a menudo nos atenaza y que permanece oculto e ignorado en un primer vistazo tiene el mismo impacto en el cerebro que el dolor físico. No obstante, eso sí, experiencias como la angustia por la pérdida de un ser querido o el impacto del estrés acumulado en el trabajo tardan más en sanar que un hueso roto.

Pocos temas son tan controvertidos como la comprensión del dolor en lo que a lo psicológico se refiere. Somos esa sociedad acostumbrada a dar veracidad solo a aquello que ven nuestros ojos; de ahí, que realidades como el dolor crónico, el lupus o la fibromialgia entren, a menudo, en esa categoría social conocida como enfermedades crónicas socialmente invisibles.

Ahora bien, tampoco podemos dejar de lado el sufrimiento vinculado a los trastornos mentales o incluso a esos impactos emocionales que de vez en cuando nos acerca la suerte.

La persona con depresión también siente dolor, al igual que el paciente con trastorno bipolar o quien acaba de ser despedido de su trabajo. Todas esas situaciones desembocan en una serie de emociones intensas, adversas y altamente dolorosas.

El dolor emocional no se toca, no se ve, no se oye, lo sabemos, pero todo ello es real. Hay una impronta neurológica que lo demuestra y cada vez conocemos más datos sobre el tema.

«Quien sabe de dolor, todo lo sabe».

-Dante Alighieri-

Cerebro iluminado simbolizando la neurociencia del dolor emocional

La neurociencia del dolor emocional: cuando del cerebro sufre

Hay dolores para los que un analgésico no sirve. Asimismo, hay heridas que uno no puede localizar en su cuerpo, pero sabe que están ahí, en algún lugar, sangrando de forma invisible y recortando el impulso vital.

Ante estos desafíos, la neurociencia del dolor emocional se alza como ese nuevo ámbito donde intentar dar respuesta a todas esas cuestiones que muchos nos habremos hecho alguna vez.

La ínsula y corteza cingulada inferior

Toda experiencia, toda percepción e incluso pensamiento acaba siendo filtrado y procesado por una pequeña estructura cerebral: la ínsula. Es ella quien da a cada uno de estos procesos una impronta emocional, con el fin de que podamos aprender dándoles una atribución agradable o desagradable.

  • Ahora bien, en ocasiones, cuando la intensidad emocional es muy elevada, se une a la corteza cingulada inferior para generar una sensación de dolor muy concreta. Esa experiencia, tal y como nos señalan en un estudio llevado a cabo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Wake Forest (Estados Unidos), es la misma que se produciría ante una herida física.
  • Autores de este trabajo, como el doctor Christopher Starr, nos señalan también algo interesante. Gran parte de nuestro dolor físico también genera un dolor emocional. Pongamos un ejemplo: cuando nos golpeamos el dedo de un pie descalzo contra una puerta, también sentimos cierta frustración y hasta rabia. No dudamos en decirnos aquello de ¡Pero cómo puedo ser tan torpe!

Los rechazos duelen como quemaduras

Cuando hablamos de rechazos no nos referimos solo a ser abandonados por la pareja o rechazados por la persona que nos gusta. Dimensiones, como el bullying, son un claro ejemplo de cómo una persona es separada, aislada y atacada por un grupo social. recordemos que nuestro cerebro es un órgano que necesita del contacto social y de esa conexión significativa con semejantes.

  • Así, el hecho de experimentar un rechazo social genera a nivel neural un grave impacto. La neurociencia del dolor emocional nos señala que el sufrimiento en estos casos es inmenso. Tanto es así, que estudios como el llevado en la Universidad de Michigan por el doctor David T. Hsu, nos señala que el cerebro reacciona del mismo modo que si existiera una quemadura física.
  • Es más, se ha observado incluso que el cerebro genera una respuesta analgésica, liberando incluso un gran número de opioides para aliviar ese dolor.

El rechazo social, por tanto, da forma a un sufrimiento multidimensional. La persona no solo se siente herida emocionalmente, además del dolor psicológico experimentará cansancio, problemas de concentración, alteraciones del sueño e incluso entumecimiento muscular. Es algo sin duda muy llamativo.

Hombre triste simbolizando la neurociencia del dolor emocional

Si el cerebro sufre, sufre todo el cuerpo

Hay un hecho que la neurociencia del dolor emocional nos señala. El cerebro es un órgano altamente sofisticado, conectado de forma masiva con todo nuestro cuerpo. Sus conexiones viajan desde el tronco encefálico y la médula espinal hasta cada casi cualquier parte de nuestro organismo.

  • Asimismo, los sistemas circulatorio y linfático son quienes transmiten las hormonas que libera el cerebro. ¿Qué significa esto? Implica básicamente que las emociones, como respuestas químicas que son, no se quedan en los espacios cerebrales. Lo traspasan y llegan también a muchas partes de nuestro organismo.
  • De este modo, es muy difícil que nuestro cuerpo sea inmune al dolor emocional; su impronta siempre llega, siempre se nota y siempre generará en nosotros algún cambio.

Para concluir, queda claro que aspectos como sufrir estrés continuado en el trabajo no es lo mismo que rompernos una pierna. Sin embargo, hay un hecho evidente que no podemos descuidar: mientras la fractura de un hueso termina sanando, no ocurre lo mismo, por ejemplo, con los trastornos de estrés o ansiedad. Estos últimos pueden arrastrarse durante años minando toda valía, toda identidad y por supuesto, nuestra salud.

El dolor emocional requiere curas, atención y tratamiento. Si se descuida, empeora; el paso del tiempo por sí mismo no cauteriza heridas, lo hacemos nosotros aplicando estrategias y enfoques psicológicos. Por tanto, no dudemos en solicitar ayuda cuando así lo necesitemos.

  • Price, D. D. (2000, June 9). Psychological and neural mechanisms of the affective dimension of pain. Science. https://doi.org/10.1126/science.288.5472.1769