La depresión no tratada tiene efectos neurodegenerativos

6 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
La depresión que no recibe tratamiento o que no responde a él acaba impactando en nuestro cerebro. Aparece la inflamación, los problemas de memoria, de concentración, la ofuscación e incluso cambios en el tamaño de diversas áreas cerebrales.

La depresión no tratada, la que se cronifica y nos acompaña durante años como esa sombra cenicienta que todo lo opaca, acaba dejando marca en nuestro cerebro. Estudios recientes nos señalan que la alteración que genera esta condición psicológica influyen en estructuras como la corteza prefrontal, afectando a nuestra capacidad para tomar decisiones, resolver problemas, reflexionar, etc.

Neuroinflamación, menor aporte de oxígeno que llega al cerebro, cambios en la producción de neurotransmisores… Los procesos que acompañan a diferentes trastornos, como la depresión mayor, pueden ir reduciendo la funcionalidad de muchas de nuestras estructuras cerebrales, hasta dar forma a un proceso neurodegenerativo.

Ahora bien, estos cambios empezarán a ser evidentes en caso de que un paciente arrastre consigo ese problema psicológico entre 9 y 12 meses.

Ahora bien, sabiendo esto, las preguntas en las que podemos pensar son las siguientes: ¿por qué no tratamos nuestras depresiones? ¿Qué hace que una persona no solicite ayuda profesional para tratar su sufrimiento? Cabe señalar que no hay una única respuesta a estas cuestiones. En realidad, en ocasiones no llegamos a delimitar con exactitud la complejidad de este trastorno del estado de ánimo.

Hay quien piensa que nunca va a mejorar. Su propia enfermedad actúa como escudo y les imposibilita la oportunidad de pedir ayuda. Otras personas son resistentes al tratamiento. Asimismo, están también los que mantienen ideas equivocadas sobre la terapia psicológica, quienes no confían o incluso los que no se atreven a asumir que tienen un problema.

Por otro lado, tampoco podemos pasar por alto a los que carecen de recursos y también del apoyo social para solicitar apoyo. Convivir con un trastorno psicológico no tratado es algo tristemente común, y los efectos de esta realidad son a menudo inmensos.

«No quiero estar libre de peligros, solo quiero valor para afrontarlos».

-Marcel Proust-

Hombre triste pensando en el suicidio

La depresión no tratada, ¿qué consecuencias tiene?

Gran parte de nosotros conocemos qué es una depresión. Bien porque la sufrimos en el pasado o en la actualidad, bien porque alguien cercano ha transitado por ese universo tan desgastante a todos los niveles. Conocemos sus efectos anímicos, la implicación física e incluso la social. Ahora bien, lo que puede que gran parte de la población no sepa es el efecto que tiene en nuestro cerebro.

En un interesante estudio llevado a cabo por el doctor Victor H. Perry, profesor de neuropatología en la Universidad de Southampton, Reino Unido nos habla de este hecho tan llamativo a la vez que importante. Se ha demostrado que las personas con depresión mayor tienen un riesgo más elevado de arrastrar esta condición a lo largo de mucho tiempo. Las recaídas son frecuentes, de forma que podemos tener a pacientes que llevan décadas lidiando con este tipo de realidad tan severa.

La depresión no tratada o la que tiene un efecto persistente tiene un efecto neurodegenerativo. Veamos más datos a continuación.

Diversas regiones cerebrales reducen su tamaño

En un estudio llevado a cabo por la doctora Dilara Yüksel, de la Universidad de Estambul, pudo demostrarse la alteración que genera la depresión mayor a nivel cerebral a lo largo de 3 años en caso de no tratarse (o de no reaccionar al tratamiento). La consecuencia más llamativa es la reducción en el tamaño de diversas estructuras como las siguientes:

  • La corteza frontal.
  • El tálamo cerebral.
  • El hipocampo.
  • La amígdala.

Estas áreas se vinculan directamente con nuestra memoria, con el procesamiento de nuestras emociones y con las funciones ejecutivas (resolución de problemas, atención, planificación, capacidad de respuesta al entorno, etc.).

La proteína C reactiva y la inflamación

La depresión no tratada tiene a su vez un efecto biológico: se eleva la neuroinflamación. El doctor Jeff Meyer, del Centro para la de Salud Mental de la Universidad Toronto, en Canadá realizó un trabajo de investigación con 80 participantes a lo largo de 10 años. La mitad de ellos sufrían un trastorno depresivo mayor, pero nunca habían recibido tratamiento. El objetivo era conocer qué efecto tenía esto sobre el cerebro.

  • Algo que pudo ver fue una mayor acumulación de la proteína C reactiva en las áreas cerebrales antes nombradas: corteza frontal, hipocampo, amígdala…
  • Este tipo de proteína lo que genera es un efecto inflamatorio, algo que abre sin duda la posibilidad de probar otro tipo de tratamientos farmacológicos para este tipo de casos tan concretos.

Reducción del oxígeno que llega al cerebro

Este dato es sin duda llamativo. Trabajos con el realizado por el equipo del doctor Tomohiko Shibata en la Universidad de Tokio, nos demuestran que los trastornos del estado de ánimo, como es el caso de la depresión no tratada, se traduce en una leve hipoxia. Es decir, una condición psicológica como la depresión mayor mantenida en el tiempo se traduce una menor oxigenación cerebral.

Algo así genera mayor cansancio, turbación, problemas de concentración, migrañas… El efecto es evidente y de ahí que se estén utilizando ya cámaras de oxígeno hiperbárico para aliviar la sintomatología.

Hombre pensando en el trabajo

Para concluir, tal y como podemos ver la depresión mayor puede tener sin duda un efecto altamente dañino para nuestra salud cerebral. El propio impacto de la enfermedad termina alterando la funcionalidad de nuestro cerebro y ello, hace sin duda que el malestar se agrave y se añadan problemas cognitivos y una mayor resistencia incluso a los tratamientos.

Ahora bien, en los últimos años están apareciendo nuevas técnicas. Se ha visto por ejemplo, que la estimulación magnética transcraneal (no electroconvulsiva) mejora de manera notable el bienestar de estos pacientes. Así, los pulsos magnéticos dirigidos hacia esas áreas problemáticas mejora la bioquímica y la conectividad. Según los expertos es como ‘resetear’ el cerebro. Estaremos pendientes por tanto de estos nuevos y esperanzadores avances.

  • Dilara Yüksel, Jennifer. Engelen, Verena. Schuster (2018) Longitudinal brain volume changes in major depressive disorder Journal of Neural Transmission. 67 (4), 357–364. DOI https://link.springer.com/article/10.1007%2Fs00702-018-1919-8
  • Perry, Victor (2018) Microglia and major depression. Nature Reviews Neuroscience, vol. 17, número 8 (2016) pp. 497-511 DOI:https://doi.org/10.1016/S2215-0366(18)30087-7
  • Shibata, T., Yamagata, H., Uchida, S., Otsuki, K., Hobara, T., Higuchi, F., … Watanabe, Y. (2013). The alteration of hypoxia inducible factor-1 (HIF-1) and its target genes in mood disorder patients. Progress in Neuro-Psychopharmacology and Biological Psychiatry43, 222–229. https://doi.org/10.1016/j.pnpbp.2013.01.003