Aprende a neutralizar tu ira

30 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
La ira cumple una función al igual que todas las emociones. Solo hemos de aprender a relacionarnos con ella de una forma saludable.

La ira es una emoción básica: común a todos los seres humanos y necesaria para la supervivencia. Sin embargo, al igual que ocurre con el resto de las emociones, es necesario saber comprenderla y manejarla. Cuando esto no sucede, nuestro estado interno y nuestra expresión externa pueden ser desagradables y perjudiciales. Aprende a neutralizar tu ira con los consejos que te ofrecemos en este artículo.

Las emociones forman parte intrínseca de nuestra existencia, nos ayudan a relacionarnos con los otros y con nosotros mismos. Es normal y está bien tener emociones, pero no lo está que ellas te tengan a ti. Estas han de estar siempre a nuestro servicio, como una brújula que nos indique el camino a seguir, pero nunca han de ser quienes lleven el timón.

Emociones funcionales y disfuncionales

Todas las emociones (incluso las negativas) tienen una función importante. Nos lanzan un mensaje sobre lo que está ocurriendo y nos guían para actuar al respecto. La ira, en particular, nos alerta de que nuestros límites se han sobrepasado y nos empuja a defender nuestros derechos. Por tanto, el malestar que sentimos cuando alguien nos agrede, nos humilla o nos trata sin respeto es necesario. Es lo que nos impulsa a mantener nuestra integridad física y psíquica.

No obstante, las acciones que pongamos en marcha ante este malestar son claves. Eres responsable de lo que haces, no de lo que sientes. Por tanto, tienes derecho a experimentar ira y a sentir enfado, pero también tienes la obligación de hacerte cargo de tus actos.

La ira es funcional cuando nuestra reacción es proporcionada y nos encamina a solucionar el conflicto de forma asertiva. Sin embargo, si reaccionamos de forma desmesurada, descontrolada y dañina, la irá se habrá vuelto disfuncional.

Hombre con ira gritando

Aprende a neutralizar tu ira

Haz uso de tu libertad de elección

No siempre tenemos control sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero siempre contamos con una libertad que nadie puede arrebatarnos: la de decidir cómo interpretar la situación. En realidad, lo que genera nuestros sentimientos no son los acontecimientos en sí mismos, sino la interpretación que de ellos realizamos. Por tanto, ten siempre presente que hay diversas maneras de enfocar una misma realidad; que cada una de ellas conlleva unas emociones y unos actos, y que sólo tú decides cuál elegir.

Por ejemplo: has quedado con un amigo para cenar y a última hora cancela la cita porque está cansado. Ante este suceso puedes reaccionar pensando que no te respeta, que es un egoísta y que lo hace para fastidiarte. De este modo es más que probable que se produzca en ti una escalada de ira que te lleve a sentirte verdaderamente mal y a estallar verbalmente contra tu amigo.

Por otro lado, puedes pensar que realmente se encuentra cansado por toda una semana de trabajo y que podéis posponer la cena para otro día. Así tus emociones y reacciones serán mucho más positivas. Esto no quiere decir que no puedas expresarle a tu amigo tu decepción (especialmente si es algo que hace con frecuencia). Pero desde esta posición lo harás de un modo más calmado y productivo.

Hombre meditando para neutralizar la ira

Toma distancia para neutralizar tu ira

El otro paso fundamental es ser capaz de actuar, en lugar de reaccionar. Cuando actúas lo haces deliberadamente, desde la reflexión; cuando reaccionas únicamente estás siendo llevado por tu ira. Por ello es imprescindible esperar un tiempo antes de responder ante algo que nos enfada. Trata de colocarte en la posición de un observador externo: no te lo tomes personal e intenta comprender qué mueve a la otra persona a actuar así. Muchas veces la conducta de alguien habla más de sí mismo que de ti.

Tener paz es más sano que tener razón

Si bien hay ocasiones en las que es necesario defender nuestro punto de vista, existen otras muchas en las que nos enzarzamos en discusiones sin sentido que no nos aportan nada. Por tanto, suelta el control. No necesitas convencer a otros de nada; ocúpate de ti, de pensar, sentir y actuar en coherencia y de estar conforme con tus acciones. Cada uno es responsable de sí mismo y no es tu tarea educar a nadie a costa de tu salud. Ámate y respétate lo suficiente para no desperdiciar tu energía. 

  • Caballo, V. E. (1983). Asertividad: definiciones y dimensiones. Estudios de psicología4(13), 51-62.
  • Branden, N., & Wolfson, L. (1989). Cómo mejorar su autoestima. Paidós.