Las personas egoístas son incapaces de amarse - La Mente es Maravillosa

Las personas egoístas son incapaces de amarse

Rafa Aragón 7 enero, 2016 en Psicología 5497 compartidos
Mujer de espaldas observando el vuelo de un pájaro con una corona de flores en el pelo

Tenemos comúnmente la idea arraigada de que las personas egoístas son narcisistas. Con la creencia de que estas personas solo se preocupan por sí mismas, que se valoran y se aman por encima de todo. Sin embargo, la realidad es muy diferente, las personas egoístas no solo tienen dificultad para amar a los demás, sino a sí mismas también.

Entendemos que una persona egoísta es aquella que solo se interesa por sí misma. Carece de respeto y de interés por las necesidades de los demás, se relaciona con las personas principalmente por su utilidad, y por los beneficios que puede extraer de ellas.

Establecen por lo tanto relaciones instrumentales para cubrir sus necesidades, sin tener en cuenta el componente emocional de las personas. Puede suceder esto, a su vez, por temor a implicarse demasiado en las relaciones y salir dañadas. Así, realmente, lo que estarían haciendo es huir del amor.

La persona egoísta no obtiene satisfacción en dar, su preocupación se centra básicamente en lo que va a recibir a cambio. Puede dar la apariencia de que toda esta energía que centra para sí mismo es debida al amor que se tiene. No obstante, todas estas acciones implican una gran incapacidad para amarse.

“No ve más que a sí misma; juzga a todos según su utilidad; es básicamente incapaz de amar. ¿No prueba eso que la preocupación por los demás y por uno mismo son alternativas inevitables? Sería así si el egoísmo y el autoamor fueran idénticos. Pero tal suposición es precisamente la falacia que ha llevado a tantas conclusiones erróneas con respecto a nuestros problemas.”

-Erich Fromm-

Mujer con el pelo en forma de cabeza de lobo

Ser egoístas es lo opuesto al amor propio

Se tiende a confundir a menudo el amor propio con el hecho de ser egoístas. La persona que se ama a sí misma está lejos de parecerse a la persona egoísta. Ya que existen marcadas diferencias que denotan una preocupación real tanto hacia sí mismos como hacia las personas que les rodean.

Cuando indagamos en el propio conocimiento de nosotros mismos, nos iniciamos a su vez en comprender mejor a los demás. El propio conocimiento es la única forma de ser conscientes de todas nuestras limitaciones y de nuestra falta de aceptación; y de todos nuestros miedos subyacentes a nuestro comportamiento.

Amarnos para poder amar

Es conditio sine qua non amarse primero a uno mismo para poder así amar a los demás. Este hecho es fundamental y está muy alejado de lo que es el egoísmo. Atender y escuchar a nuestras propias necesidades, dándoles el valor que merecen; supone un respeto hacia sí mismo, imprescindible para aprender a quererse.

Tener en consideración nuestras emociones expresándolas y aceptándolas, nos convierte en personas más auténticas con facilidad para relacionarnos desde la intimidad y la confianza. Y no a través del miedo a que nos dañen, que solo desemboca en relaciones superficiales, donde vamos añadiendo capas que nos impiden ver nuestra capacidad de amar.

Mujer volando con una hoja de un árbol y un corazón en la mano

Nos engañamos creyendo que amamos

Al igual que la persona que es egoísta, es incapaz de amar, no lo es menos la persona que tiene una gran preocupación por los demás, y que se dedica por completo hacia quienes le rodean, desconectando de sí misma. De esta forma cree que siente tanto amor que es capaz de renunciar a sus necesidades.

Este ejemplo es fácil verlo en las madres sobreprotectoras y en las personas que se olvidan de sí mismas para prestar atención a los demás, y estar a su disposición para cuando lo necesiten. Son personas que se vuelcan en las necesidades ajenas haciéndolas como propias.

Esta forma de amar si bien puede confundirse con personas muy buenas, que están dispuestas a entregarse desinteresadamente, y aman al prójimo incluso más que así mismas. Es igual de engañosa que la del egoísta en la que se cree que se ama mucho así mismo. Ambas formas de amar son un autoengaño en el que se manifiesta una compensación exagerada por su incapacidad de amar.

Como podemos comprobar en los ejemplos de la personas egoístas y en la personas que se despreocupan de sí mismas, son dos formas en las que no existe el amor hacia sí mismos, por ende, no puede existir el amor hacia las demás personas.

Rafa Aragón

Psicólogo y sexólogo, apasionado por el mundo de la psicología, me entusiasma la divulgación y compartir todo lo que voy aprendiendo. Mediante la escritura intento plasmar mis inquietudes, transmitir y generar emociones

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