Amarse a uno mismo: el principio de una historia de amor eterna

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 23 junio, 2017
Rafa Aragón · 10 octubre, 2015

La aventura de nuestras vidas comienza por un amor incondicional hacia nosotros mismos. Puesto que somos la única persona con la que irremediablemente tendremos que convivir mientras vivamos. Amarse a sí mismo, pasa ante todo, por la aceptación de lo que somos; con nuestros errores y nuestros éxitos, nuestras luces y nuestras sombras.

Sabemos que amarse a sí mismo, no resulta sencillo, y que además hemos sido educados bajo exigencias y mandatos que debemos cumplir para obtener el reconocimiento social. Luchando por la admiración de los demás para llegar a sentirnos en conexión.

Con el tiempo experimentamos cómo depender del reconocimiento de los demás nos hace tremendamente infelices, nos genera una insatisfacción que no sabemos cómo abordar, ya que nuestro mundo gira en función al trato de otras personas.

Supone mucho esfuerzo comprender que nuestro valor personal va más allá del reconocimiento, más allá de si hacemos mal o bien las cosas, de si conseguimos generar los resultados esperados, de si estamos haciendo o no lo correcto. Nuestro valor reside en nosotros mismos, en mostrarnos tal y como somos y sentir que somos dignos de amor a pesar de todo.

Pareja abrazada sintiendo su amor

Soy digno de amor 

Todas las personas somos dignas de amor. Pretendemos muchas veces buscar el amor fuera de nosotros, puesto que nos han enseñado a que hay que ganarse el amor. Bajo las consignas de lo que hay que conseguir, lo que hay que hacer, y cómo hay que hacerlo.

Nuestro ser per se está impregnado de amor, aunque acostumbramos a vivir fuera de nosotros, y esto tiene graves consecuencias. Cada vez nos resulta más complicado escuchar nuestras necesidades básicas; como expresar nuestras emociones que han sido socializadas y reprimidas.

Nos preocupamos y distraemos por asuntos banales que no nos enriquecen ni nos aportan nada importante en nuestras vidas. Sufrimos debido a nuestras expectativas, nuestro insaciable deseo, y nuestra incapacidad para tomar decisiones; debido a todos los temores que hemos aprendido.

“¿Qué es el amor?  preguntó el discípulo.

La ausencia total de miedo, dijo el maestro.

¿Y qué es a lo que tenemos miedo?, volvió a preguntar el discípulo.

Al amor, respondió el maestro.”

-Anthony de Mello-

 

Amarse para poder amar

El primer paso para poder realmente amar con pureza, pasa por amarse a uno mismo; sentirse digno de amor. Sin juzgarnos, para poder comprendernos y respetarnos. Validando como nos sentimos, como nos encontramos y lo que necesitamos en cada circunstancia. Atendiéndonos y cuidándonos.

En muchas ocasiones, estamos desconectados de nuestro ser, no nos estamos atendiendo, y no queremos ver lo que nos hace falta. Entonces todas nuestras energías van a parar al cuidado de los demás. Ofreciendo la comprensión y atención que no estamos dispuestos a darnos a nosotros mismos. Perdemos así nuestro amor propio y llenamos de esa forma nuestro gran vacío.

Imprescindible es amarse para poder amar, y también, a su vez, es importante amarse para poder recibir el amor de otra persona; confiar en el amor que nos puedan ofrecer. No podremos estar receptivos a todo lo bello que las demás personas nos aportan, si no aprendemos a sentirnos dignos; si no comenzamos por amarnos a nosotros mismos.

“Solo después de encontrarme a mí mismo puedo ayudar a otros.
Y si he de ayudar, debo tener comprensión completa y, sobre todo, Infinito Amor.”

-Krishnamurti-

Dos hermanas abrazándose

 

Sí, estas palabras son para ti que dispones de todo el amor a tu alcance

Has aprendido que hay que ganarse el amor, que el amor tiene una serie de condiciones y que hay que hacer un gran esfuerzo para ser merecedora y digna de él. Es por esto por lo que desconfías de todo lo bello que te ofrecen, es por esto por lo que te puedes llegar a sentir sola.

Porque no te has visto, no has reconocido tu esencia, no has captado la luz que irradia tu sonrisa y tu mirada. Eres una persona maravillosa que se lo merece todo, digna de un amor infinito; merecedora de gratitud, sonrisas, alegría, armonía, bienestar; y todo lo hermoso que te rodea. Y sobre todo, eres merecedora y digna de ti, de todo el amor que albergas en tu interior.