Conoce tus necesidades, sigue tu ritmo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 16 junio, 2015
Valeria Sabater · 25 febrero, 2015

¿Eres muy exigente contigo mismo? ¿Eres de esas personas que suelen ofrecer a los demás mucho más de lo que en realidad puedes dar? En ocasiones, tiramos demasiado de nosotros mismos, arrancándonos casi sin darnos cuenta parte de nuestro ser, parte de nuestra integridad.

Piensa por ejemplo en esas relaciones de pareja en que uno de los miembros renuncia a muchas de sus aspiraciones en beneficio del otro, que antepone incluso sus necesidades pensando que así, construye mejor esa felicidad afectiva. Pero poco a poco, y sin que nos demos cuenta, llegará la frustración y posiblemente, la caída.

Son muchos los ejemplos que podemos dar sobre esta realidad tan frecuente, padres que lo esperan todo de sus hijos y les marcan un ritmo demasiado rápido, demasiado exigente, sin conocer las auténticas necesidades del niño.

Cada uno de nosotros tenemos una pauta interna que nos marca aquello que en un momento dado, necesitamos.

No tenemos por qué beber si no tenemos sed. No tenemos por qué ofrecer algo que no sentimos, ni hacer algo que no queremos. Debemos ser conscientes de nuestras necesidades, escuchar nuestro ritmo vital.

Hablemos hoy sobre ello.

¿Por qué en ocasiones no podemos conectar con nuestras necesidades?

 

Puede que te sorprenda, pero no siempre es fácil conocer cuáles son nuestras auténticas necesidades en cada momento de nuestras vidas. En ocasiones no queremos verlas, aplicamos incluso mecanismos de defensa inconscientes para no reconocerlas.

Admitir que quizá sea mejor dejar ese trabajo o a esa persona, atrevernos a dar ese paso que fortalecerá nuestro carácter y nos permitirá ser más felices… Nunca es fácil.

¿Quieres saber qué nos impide normalmente ver nuestras auténticas necesidades?

-Proyección: En muchas ocasiones, responsabilizamos a otros de nuestros problemas, evitando así cargar sobre nosotros mismos la realidad del problema. Si yo tengo un problema de autoestima o inseguridad, me mostraré dominante con mi pareja para que no me abandone. Si tengo un problema en el trabajo, responsabilizo a mis compañeros porque son unos incompetentes. Es un error a tener en cuenta.

-Introyección: Soy consciente de que tengo una necesidad concreta, pero me esfuerzo en camuflarla y en focalizar todas mis energías en esconder ese vacío, ese hueco. Todo mi comportamiento es una máscara, todas mis emociones están en mi interior bien “camufladas”.

-Deflexión: En este caso mostraríamos un comportamiento curioso a la vez que frecuente. Cuando necesito y sé que debo hacer algo, lo evito y me escapo haciendo lo contrario para intentar “quitarle importancia”. Sé por ejemplo que debo hablar con mi jefe para pedirle un aumento, sin embargo, le pregunto cómo le han ido las vacaciones.

-Confluencia: Este sería un comportamiento algo más preocupante. Ante un problema o una necesidad, me adhiero aún más a mi enemigo o a mi problema. Soy consciente de que ya no soy feliz con mi pareja, sin embargo, accedo a hacer esa escapada de fin de semana. Actúo pasivamente y me anclo aún más a aquello que debo resolver.

 

Escucha tus necesidades, sigue tu ritmo y actúa

 

Tal y como habrás percibido en los mecanismos anteriormente citados, bajo estos comportamientos se esconde la falta de decisión y el miedo. Nunca es fácil reconocer nuestras necesidades, porque al verlas, descubrimos que para satisfacerlas, debemos hacer grandes cambios. Y no es algo sencillo.

Veamos cuál seria el proceso más saludable para reconocer y afrontar una necesidad:

1. Sentir la sensación. Yo sé que me ocurre algo, que tengo un vacío y que no soy verdaderamente feliz. Tomo conciencia de ello porque lo siento en mi corazón, porque afecta a mi equilibrio emocional.

2. Poner nombre a esa necesidad. ¿Estoy insatisfecho? ¿Necesito un cambio? ¿He de decirle la verdad de lo que siento a esta persona? Intenta definir con  palabras concretas cuáles son tus necesidades.

3. Reúne tu energía, tu determinación. Toma conciencia de la necesidad de actuar.

4. Acción. Es la parte más compleja, ahí donde debes ser más valiente y pensar en ti, únicamente en tu persona y en tu obligación de satisfacer aquello que necesitas. Actuar así no es ser egoísta, es ser íntegro y consciente de lo que tu ser interno demanda y necesita.

5. Entro en contacto con mi necesidad. En el momento en que pongas en voz alta tu demanda, notarás como tu necesidad y tú formáis una sola entidad, hay un intercambio con tu entorno y te sientes liberado/a. Después, vendrá lo que tenga que venir, pero seguramente, será algo bueno y te ayudará a sentirte mucho mejor.

¡Inténtalo!