El valor de iniciar el cambio

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 15 abril, 2019

Una tormenta terrible. El viento azota el océano y remueve sus olas convirtiéndolas en crestas amenazantes salpicadas de espuma de mar. Pero debemos ser fuertes, levantar nuestras velas y agarrar con fuerza el timón de nuestra pequeña embarcación para adaptarnos a esos movimientos. Si nos quedamos quietos presas del pánico, seguramente nos hundiremos… Debemos movernos para iniciar el cambio.

Lo sabemos, los cambios cuestan. Los cambios duelen, pero son necesarios para nuestra evolución como personas con el fin de encontrar no solo la felicidad, sino el sosiego y nuestra propia integridad. Resulta curioso por ejemplo que en la cultura oriental la palabra “cambio” se represente con dos ideogramas que a su vez ilustran dos términos: “peligro” y “oportunidad”. Realmente significativo.

No tienes que esperar a que comience la semana un lunes o a un primero de enero para iniciar el cambio. Esta es una excusa que te pones para no ponerte manos a la obra ahora mismo

La necesidad de afrontamiento

¿Por qué los cambios nos producen miedo o incertidumbre? Pongamos un ejemplo. Debes cambiar tu residencia para encontrar trabajo o, simplemente, uno mejor. El miedo a no saber si va a ser lo acertado y si el coste emocional y personal va a valer la pena, es sin duda el principal temor hacia ese paso determinante que habrá de cambiar nuestra vida.

Hombre derribando un obstáculo

Otro ejemplo. Llevas varios años de relación con una persona, y sientes que no eres feliz. Que no es tu lugar y que cada día que pasa te ves a ti mismo más oprimido/a. Pero sin embargo, temes dejar a dicha persona porque al mismo tiempo no sabes cómo enfrentarte a esa nueva vida en soledad, no sabes tampoco cómo se lo puede tomar tu pareja.

Todo cambio genera incertidumbre y temor, tenemos la sensación de que durante un momento, “vamos a perder el control de nuestra vida”. Y pocas cosas pueden llegar a ser más angustiantes…

Sin saber cómo, las personas caemos en una realidad donde “lo que nos es conocido nos tranquiliza porque sabemos cómo debemos actuar”. Es decir, estamos en una especie de zona de confort donde a pesar de no ser plenamente felices en esta burbuja, lo que se haya fuera parece amenazante. De esta forma, nos aferramos a esta comodidad aunque nos duela, porque es el terreno que conocemos y del que nos da miedo salir.

Todo cambio implica una gran dosis de valor personal. Nos obliga a adaptarnos a las nuevas condiciones del entorno, ahí donde hemos de invertir buena parte de nuestro esfuerzo emocional y físico,  a la vez que arriesgar nuestro bienestar y seguridad. La incertidumbre de los cambios, sin duda, nos paralizan, la duda, todo lo imprevisto. Sin embargo, si no damos el paso, nunca sabremos qué rumbo vamos a tomar. Quizá en los primeros pasos nos tiemblen las piernas, pero en los siguientes iremos ganando en confianza.

La valentía personal para iniciar el cambio

Para ser capaces de iniciar el cambio que tanto deseamos pero que no nos atrevemos a propiciar, necesitamos  en primer lugar ser realistas y conscientes de nuestra situación. ¿Cómo te sientes en estos momentos? ¿Crees que estás realizado/a personalmente? ¿Estás en una realidad que de verdad deseas, con las personas que deseas? Cuando te miras al espejo ¿puedes decirte a ti mismo/a que eres feliz?

Es verdad que pueden ser unas cuestiones muy determinantes, pero ahí está quizá la naturaleza de la cuestión a indagar, ahí estará tal vez la necesidad de cambio en algún aspecto de nuestra vida. Sea grande o pequeño. Si nos tuviéramos que evaluar del uno al diez, ¿cómo de felices somos con nuestra situación actual? ¿Y si algo cambiara? Es cierto que la felicidad depende en gran medida de cómo veamos la vida, pero no por ello debemos resignarnos a soportar situaciones que no nos benefician.

Hombre con incertidumbre

El cambio es parte de la vida y no un obstáculo insalvable que alguien pone a propósito en nuestro camino. Debemos ante todo dejar a un lado todas esas ideas negativas y posibles anticipaciones, que, seguramente, aún pondrán más espinas en nuestro sendero hacia el cambio. Porque todo miedo, es el filo de una tijera a punto de cortar nuestras alas. Y todos tenemos derecho a volar…

Iniciar el cambio puede darte un miedo atroz, debido a que dejarás de pisar

Lo principal es ir exponiéndonos poco a poco a determinadas situaciones. Situaciones donde podamos ir desarrollando estrategias de afrontamiento para salir hacia adelante, e ir aprendiendo al mismo tiempo. Porque si no nos arriesgamos no alcanzaremos nunca las aptitudes necesarias para ser valientes. Para arriesgar y tener el control de nuestras propias vidas.

Por ello es importante dar un paso para iniciar el nuevo camino, por mucho que nos cueste. Los cambios que implican un giro a nuestra vida no suelen ser fáciles, pero sí suelen ser fundamentales para nuestro bienestar. Así pues, en lugar de mirar nuestro dolor o miedo a corto plazo, mejor enfocarse a medio y largo plazo. ¿Cómo me podría beneficiar este cambio? Si nos vemos más felices, libres y plenos, sin duda, es un cambio que merece la pena.

Perder el miedo es apostar por la felicidad. Y seguro que también tú deseas alcanzarla.