Agradezco tu escasez, porque de ella nació mi abundancia...

Agradezco tu escasez, porque de ella nació mi abundancia…

Valeria Sabater 6 Agosto, 2017 en Emociones 0 compartidos
mujer siguiendo mariposas de la abundancia

Fui como un insecto atrapado en ámbar. En mi corazón reinaba la sequía, la carencia y el vacío emocional. Me alimentaste con mendrugos, con un amor de telarañas, con una casa sin muebles donde las plantas no se regaban. Sin embargo, al final agradezco tu escasez porque huí de ella para reencontrarme con mi abundancia, con mis nutrientes, mis fortalezas, con mi plenitud…

Desde un punto de vista emocional y hasta espiritual, podemos definir la abundancia como un estado de gracia que nos recuerda que tenemos todo -o al menos la mayoría- aquello que queremos y necesitamos. Es como vibrar en esa frecuencia idónea donde las emociones sintonizan con los pensamientos, con la realización personal y con cada área que conforma nuestra existencia.

Por el contrario, la pobreza o la escasez es un estado del Ser tristemente común donde se genera resistencia, donde carecemos de esa apertura mental y emocional donde poder generar cambios positivos y enriquecedores. Asimismo, las personas “pobres”, además de no disponer de esa armonía interna donde sentirse plenas y satisfechas, suelen tener la sutil habilidad de proyectar su pobreza emocional a quienes les envuelven.

Es muy posible que alguno de nosotros lo hayamos experimentado alguna vez. Convivir en un escenario donde habita un figura de poder con estas características (ya sea nuestra pareja, un familiar o incluso el directivo de nuestra empresa), genera un clima de carencias y escasez absoluta. Casi sin darnos cuenta, quedamos atrapados en el ámbar, en esa resina tóxica y falta de nutrientes hasta el punto de dejar ir nuestra principal vitamina: la dignidad…

pájaros en flores azules

La dinámica de la carencia, un estado muy común

Si nos preguntamos ahora cuál es el principal camino o la estrategia clave para vivir en la abundancia, la respuesta no puede ser más sencilla: la generosidad emocional. Ahora bien, más allá de lo que podamos creer nada es tan complicado de poner en práctica, nada tiene más matices y oscuros pasadizos que el concepto de “generosidad”.

¿La razón? Estamos acostumbrados a pensar solo en nuestras carencias y cuando sentimos que “algo nos falta” es muy complicado poder “ofrecer”. Ahora bien, con generosidad emocional no nos referimos en exclusiva al acto de abrirnos a los demás para conectar con ellos, para reconfortar, aligerar penas o generar felicidad en un corazón ajeno. Hablamos también ser “generosos” con nosotros mismos.

Muchos hemos llegado a ese sustrato extraño, involutivo y poco sanador de nuestra conciencia donde no hacemos más que pensar en todo lo que no tenemos, en todo lo que nos falta (no me siento reconocido por los demás, no me siento amado como merezco, en mi trabajo no me valoran, cada vez me noto más solo/a e incomprendido/a…). Mientras intensificamos esos vacíos y recovecos polvorientos alimentamos también el germen de la frustración, el abatimiento y el rencor. Así, con todo ello lo que conseguimos en realidad es bloquear por completo la ley de la abundancia.

No debemos centrarnos en exclusiva en lo que nos falta, en lo que duele, en lo que no nos gusta… Seamos valientes y demos el paso para recordar lo que merecemos, porque es ahí donde se encuentra la auténtica abundancia.
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chica en campo de flores

La ley de la abundancia en las relaciones de pareja

Hay instantes en nuestras relaciones afectivas en que nos sentimos plenos, en que tal y como decía William Blake, vemos el universo en un gramo de arena, el cielo en una flor silvestre y el infinito en la palma de nuestra mano. Eso es sin duda la abundancia, es el equilibrio perfecto, la sintonía ideal donde tus emociones y las mías, tus proyectos y los míos, tus valores y los míos riman y conforman la poesía más bella, la nuestra.

Este estado ideal no es fácil de alcanzar, lo sabemos. Porque si hay algo que rompe la alianza de la abundancia en una pareja es el desequilibrio emocional y sobre todo la falta de generosidad, tanto con nosotros mismos como con nuestra pareja. Admitámoslo, en ocasiones nos lanzamos en brazos de la persona menos idónea, lo hacemos con el corazón hambriento y con una venda en los ojos ansiando ser amados, pero olvidando por completo amarnos a nosotros mismos.

Dejamos de ser generosos con el propio ser para alimentar al otro hasta caer en el círculo de la pobreza, en la celda de la escasez. Llegamos a creer que ser alimentados con mendrugos no es malo, algo es algo como diría aquel… Nos conformamos con tan poco que hasta olvidamos que una vez, lo quisimos todo. Olvidamos por encima de todo que amor es sinónimo de abundancia, que quien te quiere te enriquece y que quien “se quiere, se cuida”.

pareja en campo de flores

Recordemos por tanto que tenemos la responsabilidad y el privilegio de ser creadores de nuestra felicidad y que algo así, se consigue de dentro a fuera. Porque la abundancia no es más que una emoción que nos alienta a atendernos, a ser merecedores de la satisfacción, del equilibrio y de ese amor que, lejos doler, nos ayuda a crecer.

Todas las imágenes de este artículo pertenecen a Sonia Koch 

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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