Si somos amados con nuestros errores, no los repetiremos

Si somos amados con nuestros errores, no los repetiremos

Cristina Roda Rivera 20 junio, 2015 en Emociones 28 compartidos

” La gente tiende a vivir más en lo negativo que en las cosas buenas. Así, la mente se vuelve obsesionada con cosas negativas, de las sentencias, la culpa y la ansiedad producida por pensamientos sobre el futuro, etc”

Eckhart Tolle

El mundo de sentirse culpable para ser buena persona

No sabemos en qué punto de la humanidad y bajo qué condiciones la culpabilidad se fraguó como un sentimiento válido para guiar nuestro comportamiento.

Lo que es evidente es que desde niños se nos avergüenza por los errores cometidos, por todo que excede de la norma; y ya de adultos tenemos la firme idea de que aunque evitemos la cárcel por lo que hemos hecho mal, siempre estaremos encarcelados en nuestra mente por las telarañas de la culpa y el remordimiento.

Incluso en el sistema penitenciario, muchas veces las medidas de sanación y rehabilitación brillan por su ausencia, lo que nos hace que nos preguntemos:

¿Sirve toda esta idea para mejorar a las personas y a la sociedad o para dañarlas aún más?

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Por todo ello, es necesario que a veces se nos enseñe otra forma de reprender un acto erróneo ante los demás.

No hace falta rebuscar en los libros más aclamados de filosofía o teología, una simple costumbre tribal nos puede ayudar a encontrar la respuesta.

Queremos que la conozcas y que reflexiones con su mensaje.

“La tribu y su miembro culpable”

Hay una tribu africana que tiene una costumbre muy bonita: cuando alguien hace algo perjudicial y equivocado ellos llevan a la persona al centro de la aldea, y toda la tribu se acerca y lo rodea. Durante dos días ellos le dicen a la persona todas las cosas buenas que él hizo.

La tribu cree que cada ser humano viene al mundo como un ser bueno. Cada uno de nosotros deseando seguridad, amor, paz, felicidad. Pero a veces, en la búsqueda de esas cosas las personas cometen errores. La comunidad percibe aquellos errores como un grito de auxilio.

Entonces ellos se reúnen para enderezarlo, para reconectarlo con su verdadera naturaleza, para recordarle quien él realmente es, hasta que se acuerde totalmente de la verdad de la cual él se había desconectado temporalmente. 

Sawabona Shikoba!

Cuando nos sintamos culpables, tenemos dos opciones : o vivir atormentados y en un estado de adormecimiento continuo, o despertar y observarnos, evaluar realmente la globalidad de nuestros actos y si tuvieron alguna vez la intención consciente de dañar a otros.

Los demás te agradecerán ese final del letargo, finalmente, a nadie le interesa mucho tus hechos pasados si tu presente con ellos es esplendoroso y lleno de buenas acciones.

La culpa no existe…solo es una creencia limitante que adquirimos por educación y que tanto lastima al ser humano.

” La culpa es de la vaca”

Para ilustrar mejor cómo una persona o grupo puede aferrase a una idea que siempre a formado parte de su vida y que conduce a la mediocridad e inmovilidad, podéis ver esta metáfora.

El mensaje que nos aporta es que si nos aferramos a una idea tóxica, como puede ser la culpa, esta nos llevará a la inmovilidad.
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Aceptamos nuestra mala suerte, nuestra mala gestión de una situación concreta y la cargamos a los hombros porque solo así pagaremos por ella.

Nosotros nos sentimos conformes pero infelices, no cambiamos nuestras circunstancias porque pensamos que lo pasado ha condicionado nuestra existencia.

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Los demás nos ven como indefensos y vulnerables, y por tanto, no causamos inspiración, solo pena.

Solo cuando seamos conscientes de que debemos romper las cadenas que la culpabilidad ha anclado en nuestro pasado, podremos actuar para tomar cartas en nuestro futuro.

Cristina Roda Rivera

Psicóloga,Especialista Máster en Psicología clínica y social.

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