¿Por qué a veces nos sentimos más libres al hablar con extraños?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 9 mayo, 2018
Fátima Servián Franco · 9 mayo, 2018

A veces, hablar con extraños puede hacernos sentir mucho más libres que las conversaciones con nuestros familiares o amigos de toda la vida. La razón podría estar en que un extraño nos ve como somos, libre de idealizaciones y autoengaños, no como quiere creer que somos, y eso es algo muy liberador para relacionarnos y poder expresarnos.

El investigador canadiense John Helliwell afirma que no hay situación que genere más gratificación que hablar con extraños, ya que aumenta los niveles de felicidad. Conversar con desconocidos nos hace sentir mejor con nosotros mismos, al considerar esta acción como una muestra de humildad y bondad.

Desde nuestra niñez hemos escuchado la frase “no hables con extraños”, y tiene cierto sentido hasta que tenemos una determinada edad. Este consejo nos los daban principalmente con el objetivo de prevenir algunos peligros. Sin embargo, de acuerdo a un estudio publicado en la Journal of the Mental Environment, entablar conversación con un desconocido produce una sensación parecida al bienestar.

Dos desconocidas hablando

Otro estudio publicado en Psychological Science señala que los niños, a partir de los tres años, podrían distinguir por su cuenta si las personas que se les acercan son de fiar o si deben alejarse de ellas, y a los siete años ya podrían hacerlo con la misma precisión que los adultos.

Como vemos, interactuar con desconocidos tiene beneficiosos efectos psicológicos, diferentes a los que obtenemos al hablar con las personas que pertenecen a nuestro círculo social. Profundicemos.

“La justicia estriba en la imparcialidad, y solo pueden ser imparciales los extraños”.

-George Bernard Shaw-

Hablar con extraños nos hace más productivos

Sheen S. Levine, profesor de la Singapore Management University, señala que aquello que proporciona frecuentemente a las empresas su ventaja competitiva no es solo su acumulación de conocimientos, sino el uso de vínculos performativos. Esto es, comunicaciones espontáneas entre colegas que no se conocen en absoluto en las que se transfieren conocimientos clave sin que nadie espere nada a cambio.

Para Elizabeth Dunn, psicóloga de la Universidad de British Columbia, conversar con extraños aumenta nuestro bienestar subjetivo y esto repercute directamente sobre nuestra productividad. Hablar con extraños y que nos escuchen, contribuye al fortalecimiento de nuestra identidad. Nos hace sentir que podemos aportar algo, que somos tenidos en cuenta y valorados. 

“Todas las cosas serán producidas en superior cantidad y calidad, y con mayor facilidad, cuando cada hombre trabaje en una sola ocupación, de acuerdo con sus dones naturales, y en el momento adecuado, sin inmiscuirse en nada más”.

-Platón-

Preferimos hablar con extraños porque no esperan nada de nosotros

Probablemente, puede ser que a veces prefiramos hablar con un extraño porque este nos ve como somos, no como quiere creer que somos. Hablar con personas con las que tenemos una relación personal influye de forma positiva, si esta es sana, en nuestro estado de ánimo, aunque para controlar el enfado y/o los disgustos hablar con desconocidos parece ser más efectivo.

La mayoría de nosotros actuamos de dos formas cuando estamos de mal humor. Con las personas de nuestro círculo más íntimo, descargamos nuestro enfado porque sabemos que podemos hacerlo y también donde se encuentra el límite; en cambio, cuando interactuamos con algún desconocido en la calle, solemos mostrarnos más amables y educados.

Dos desconocidos hablando con sus perros

Según un artículo de CBS News, titulado Talking to strangers can boost your happiness level, Elizabeth Dunn, profesora de psicología de la University of British Columbia (Canadá), llevó a cabo un experimento para constatar este hecho. Encontró que cuando la gente interactuaba con desconocidos se comportaban de forma mucho más agradable que con aquellos con los que tenían confianza, lo que contribuía a mejorar o aumentar su estado de ánimo. Y además, les ayudaba a sentirse parte de la comunidad.

Así, conversar con extraños actúa a modo de interruptor emocional. Nos facilita tomar la distancia emocional suficiente para regular cómo nos sentimos y observar la situación desde otra perspectiva.

Como vemos, hablar con desconocidos es beneficioso para nuestra salud psicológica. No solo nos proporciona arraigo social, nos hace sentir mejor y valiosos, sino que también es una buena oportunidad para mejorar nuestras habilidades sociales, conectar con los demás y sentirnos parte de la comunidad.

“Amigos son aquellos extraños seres que nos preguntan como estamos y se esperan a oír la contestación”.

-Edd Cunningham-