Las 3 conversaciones de pareja más incómodas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 2 noviembre, 2017
Sara Clemente · 2 noviembre, 2017

Tarde o temprano, las tenemos que tener: ya sea porque una conversación sin importancia deriva en ese punto o porque es un tema que queremos aclarar de manera directa. Son las típicas conversaciones de pareja incómodas con las que, si no somos un poco hábiles, podemos abrir un precipicio en la relación. 

Incluso, en casos en los que las ideas son contrapuestas y ninguno da su brazo a torcer, pueden acabar con ella. Por tanto, no es cuestión de evitarlas, sino de que cada uno se pregunte a sí mismo qué es lo que quiere transmitir y lo sepa expresar de la manera más conveniente. ¿Cuáles son estas conversaciones de pareja tan incómodas? Y, ¿cómo tenemos que abordarlas para que no terminen de una forma que no queremos?

Los ex: el pasado siempre vuelve

“No entiendo qué viste en él/ella”. “¿Cómo pudiste estar con alguien así?” Estas son algunas de las frases a las que terminan recurriendo los novios cuando hablan de sus relaciones anteriores. Inocentes quizás, pero con un gran poder para abrir la caja de los truenos.

Por eso, para que estas conversaciones de pareja no se conviertan en un auténtico tormento y deriven en una discusión, es importante que quede claro el lugar que ocupa esa ex o ese ex en los esquemas de tu pareja. No es lo mismo que hayan estado casados durante años, que tengan o no hijos en común o que únicamente su noviazgo se haya extendido unos cuantos meses.

Pareja teniendo una conversación

Y la única manera de saberlo, es preguntando. Pero sin alterarte, desde la sinceridad, el respeto y buscando el entendimiento. Eso sí, sutilmente tienes que fijarte en tres aspectos clave de la respuesta que te dé tu pareja.

  • Cómo habla de ella: con rabia, dolor, indiferencia, desprecio… Esto te dará información acerca de los sentimientos que tiene actualmente hacia ella.
  • Si suele sacar a colación su nombre en vuestras conversaciones habituales: si cuenta experiencias o momentos anteriores con ella y si lo hace con naturalidad y sin darle mayor importancia que la que merece.
  • Si mantienen contacto y cuánto lo hacen: si hablan a menudo y por medio de qué vía lo hacen, si forma parte de su grupo de amigos, si ha borrado su número…

Eso sí, no olvides que, mientras estés manteniendo estas conversaciones de pareja siempre debes poner lo que pertenece al pasado en su dimensión. Por otro lado, no intentes interpretar las experiencias del otro a partir de las tuyas, seguramente en muchas de las circunstancias tú habrías actuado de diferente forma en muchos puntos. En caso de que aparezcan los celos, es bueno recordar que ahora está con una persona que le completa más. Y esa eres tú.

El futuro: la incertidumbre ahoga

¿Pensará que soy el hombre/mujer de su vida? ¿Tendrá la ilusión de casarse? ¿Querrá formar una familia? ¿Será un buen padre? ¿Se habrá despertado en él/ella el instinto maternal? Estas son algunas de las preguntas que nos hacemos cuando empezamos a plantearnos tener una relación seria con una persona. La persona.

Abordar estas cuestiones no es nada sencillo. Supone que nos tengamos que enfrentarnos a una realidad, que puede o encantarnos y enamorarnos más. También puede no gustarnos y decepcionarnos hasta el extremo.

Además, si es el otro el que propone estos interrogantes y tú no has tenido tiempo de madurarlo, en muchas ocasiones puedes paralizarte. Lo cierto es que a veces no contamos con herramientas para impedir que vuelvan a nosotros los demonios y miedos del pasado. Y antes de responder, preferiríamos sumergirnos en hielo. Pero, piénsalo así: cuanto antes sepas a qué atenerte, más poder tendrás sobre tu futuro. La incertidumbre no es una buena compañera de viaje.

Toda información es poder.

Si existen diferencias o discrepancias respecto a vuestro futuro, es bueno proponer y participar en un diálogo sobre ellas. Aunque parezca que tengáis puntos de vista totalmente opuestos. Por ejemplo, hijos sí e hijos no, en todos los temas se pueden llegar a alcanzar acuerdos.

Es mejor, a la hora de organizar el esquema de futuro, que empecéis por aquello en lo que pensáis de manera más parecida y, poco a poco, ir subiendo la dificultad e identificando en qué estáis dispuestos a ceder por la otra persona y qué no. Cuáles son vuestras concesiones y los puntos en los que queréis mantener una postura más firme. Además, tendréis que aprender a identificar cuáles son las concesiones que mejor compensan las que hace el otro, de manera que al final del acuerdo los dos estéis contentos con él.

Compartir es vivir

Home, sweet home… ¿O no? Si te acabas de ir a vivir con tu pareja, más pronto que tarde tendréis que darle la bienvenida a los gastos compartidos. O, mejor dicho, al todo compartido.

La convivencia es dura. No solo porque puede acabar desgastando la relación, debido a roces diarios, sino porque si ambos no ponéis de vuestra parte, cualquier tarea puede terminar siendo el origen de un enfrentamiento. Podéis ser lo más cariñosos, tiernos, atentos que queráis, pero si no ayudáis en las tareas del hogar… ¡Tenéis un problema!

Y la mayor complicación llega cuando tienes que decírselo. Cuando ya no puedes más y todo te saca de tus casillas. El momento de plantarse y decirle… “Tenemos que hablar”. ¿Cómo tienes que enfrentarte a esa conversación? Pues desde la naturalidad.

Puedes empezar haciendo una lista con todas las tareas domésticas semanales que tenéis que hacer (en caso de que ser este el problema). Las que proponga tu pareja serán las que él más valora o considera como indispensables, así que también te valdrá para conocerle mejor. Luego podéis repartíroslas en una proporción en la que los dos estéis conformes. Es bueno que en todo momento la iniciativa sea compartida y que el acuerdo alcanzado sea reconocido por los dos.

Pareja junta con desconfianza

No hay conversaciones de pareja incómodas que se resistan

Como podéis ver, la clave de todas estas conversaciones de pareja pasa por entender la situación y darle una solución pactada que sea satisfactoria para los dos. Pero esto no se consigue ni de la noche a la mañana ni se puede alcanzar si no se conoce a la persona con la que queréis compartir vuestra vida.

Una pareja con futuro es aquella que habla abiertamente de todas sus inquietudes, sueños, problemas o preocupaciones. Es la que no trata de evitarlos o escapa de ellos, es esa que aborda las diferencias sabiendo que hay terrenos que requieren de muchas habilidad para la expresión y la comprensión.

Una relación sana se basa en la confianza, en el respeto y en la lusión. Por eso, lo mejor es afrontar este tipo de conversaciones sensibles es no dejarnos estos tres ingredientes por el camino cuando toca sentarse y hablar. Solo así podréis alcanzar un punto en el que la pareja, y los dos de manera individual, os encontréis bien en la conviviencia: el hogar de la relación.