La amistades también caducan

Las amistades también caducan

Raquel Aldana 10 Marzo, 2015 en Emociones 25 compartidos

No, no siempre es fácil. Dejar ir a alguien requiere coraje. Porque dejar ir a alguien es desprenderte de una parte de ti, una parte que quizás no volverá jamás… Y peor aún, hay personas que llegan tan adentro de tu ser que cuando se marchan ya no vuelves a ser igual…

No todas las amistades son para siempre, algunas también caducan. Ni siquiera el amor se libra de la fecha de consumo preferente. Y es que no nos equivoquemos, no hay nada permanente, las relaciones no son eternas y tenemos que saber dejarlas ir.

Puesto que nos suele costar cerrar etapas y despedirnos, este hecho se convierte en una gran fuente de sufrimiento para nosotros. Ni siquiera el paso de los años nos hace inmunes a las despedidas, sobre todo cuando sabemos que ya no hay marcha atrás.

Pasado cierto tiempo, pocos de los amigos cercanos mantienen la misma posición de confianza y menos la mitad de nuestros amigos permanecerán a nuestro lado pasados 7 años. En realidad, es normal que esto suceda. Las relaciones pueden enfriarse por no compartir sentimientos, porque se ha producido un conflicto que ha desencadenado una separación anunciada e inevitable o, simplemente, porque cada vida toma un rumbo diferente.

Cuando esto pasa lo realmente difícil no es dejar ir a las personas, sino dejar que se lleven esa la parte de ti que siempre les acompañaba. Eso es lo más duro de afrontar, incluso en los momentos en los que esa relación parece causarte más daño y tortura que alegría y ganas de vivir.

Lo importante es dejar marchar en el momento adecuado, en el mismo instante en el que sabes que ya no hay garantías de mejora y que no podéis seguir aportándoos nada bueno. Ese será vuestro momento.

No dejéis que vuestros recuerdos se conviertan en reproches, ahí es cuando rompéis todo lo que os pudo unir y dejáis de ayudaros en el camino de la vida. Dejar marchar es la mejor demostración de amor propio que podéis haceros.

A veces hay amistades que en realidad no deberían de llamarse de tal forma, lo cual tiene una explicación. Dicen que los amigos son la familia que escogemos pero, aunque suene crudo, tenemos que conformarnos con lo que podemos quedarnos. No disponemos ni del tiempo ni de la información necesaria para encontrar a nuestro acompañante ideal, por lo que es lógico que en ocasiones nos equivoquemos.

También puede pasarnos que, aunque depositemos toda nuestra confianza y lo demos todo por alguien, nos engañen. Pueden ser esas fechorías las que nos alejen y es normal, nadie quiere alguien tóxico en su vida en el que ya no puede confiar.

De cualquier modo, las relaciones son etapas y, como etapas, son cambiantes. Si aceptas las reglas del juego podrás avanzar, si no lo haces te estancarás. Aunque tengas cariño a una persona es posible que ya no exista, al menos no tal y como la conocías. Al igual que te pasa a ti, los demás cambian y evolucionan, no somos los mismos de un año para otro.

Son estos los indicios que te hacen sentir que algo está caducado. Te podrá pasar como con el yogurt que está caducado en tu nevera, puedes tener la opción de consumirlo unos días más pero en algún momento tendrás que plantearte el tirarlo y comprar un nuevo yogurt.

Esto no es culpa de nadie, las amistades caducan y ya está, hay que saber aceptarlo. Aunque te pongas una venda en los ojos seguirás notando que el sabor del yogurt no es el adecuado. Si ignoras esto y sigues comiéndolo, enfermarás. El precio a pagar es muy alto.

Los recuerdos son bonitos mientras se queden en el pasado y no vivamos de ellos, mientras no nos obliguen a mantener unas costumbres que ya no queremos y nos hagan vivir en una reciprocidad constante e indeseada.

Las relaciones se transforman sí o sí. Es probable que ya no tengáis los mismos valores, aspiraciones o proyectos que hace unos años. Es normal que duela y que cueste deshacerse de algo que forma parte de ti pero, al igual que tú, tus relaciones cambian. Para bien o para mal, solo es cuestión de aceptarlo.

Imagen cortesía de Larissa Kulik

Raquel Aldana

La psicología no es solo mi profesión, es mi vida y mi pasión. Creo que comprender nuestras emociones nos ayuda a girar con el mundo y estoy convencida de que los pequeños detalles son los que marcan la diferencia.

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