Tengo miedo a enamorarme otra vez ¿qué puedo hacer?

04 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Cuando te han roto el corazón tantas veces optas por cerrar sus puertas con cerrojo. No sentir para no sufrir. El miedo a enamorarse tras un fracaso es bastante común. ¿Qué deberíamos hacer en estas circunstancias?

“Tengo miedo a enamorarme otra vez, a pasar por el mismo sufrimiento, a caer en esa trampa en la que darlo todo para al final quedarse sin nada… ¿Es que el amor siempre tiene que doler o soy yo que tengo mala suerte?”. Son muchos los que se hacen estas mismas preguntas y temen, a su vez, establecer una nueva relación de pareja tras experimentar más de un fracaso, más de una dolorosa decepción.

Hay quien lleva tatuado en el corazón una o varias historias tristes de amor mal resueltas, de las que dejan huella y emociones contrapuestas. Las malas vivencias que no se procesan adecuadamente frenan el presente y nos hacen ver el futuro con temor. Esto se da con frecuencia en el campo de las relaciones afectivas. Las rupturas traumáticas nos encapsulan, nos revisten de una capa de dolor silencioso que oxida el ánimo, la confianza…

Aquello de no sentir para no sufrir es una fórmula que muchos intentan aplicarse. Siempre será mejor poner un cerrojo en el corazón que dejarlo abierto para que cualquiera entre y lo deje todo revuelto, destrozado. ¿Qué podemos hacer en estas circunstancias? ¿Cómo manejar ese miedo en concreto? Lo analizamos.

Chico triste pensando en que tengo miedo a enamorarme otra vez

Tengo miedo a enamorarme otra vez: estrategias de actuación y reflexión

No hay mayor anhelo que amar y ser amados. El ser humano esta orientado genéticamente a la vinculación, a esa conexión emocional con la que construir relaciones, ya sean de amistad o afectivas. Podríamos decir que quien lo evita, quien se dice aquello de “tengo miedo a enamorarme otra vez” es poco más que una rara avis.

Sin embargo, los filofóbicos, es decir, los que temen al amor, abundan cada vez más. No son una extraña excepción a la norma. Son personas con una desconcertante necesidad de retirarse, de apartarse cuando se les acerca una posible pareja, alguien a quien podrían amar. Alzan muros y lo esquivan porque temen sentirse vulnerables, porque les aterra que se abran nuevamente las heridas que otros les dejaron.

¿Es esto un problema? ¿Sufro quizá algún tipo de trastorno si es esta mi realidad ahora mismo? La filofobia o la simple reticencia a no involucrarnos en una nueva relación tras haber tenido una o varias fallidas entra dentro de lo normal. No obstante, hay que tomar conciencia de algo: tal vez, estemos vetando la oportunidad de ser felices de nuevo.

Puede incluso, que estemos distorsionando algunos aspectos sobre lo que es realmente el amor. Reflexionemos por tanto sobre algunos aspectos.

El miedo al amor está hecho en realidad de muchos otros temores: nómbralos

“Tengo miedo a enamorarme otra vez”. Cuando nos decimos esto, no siempre somos conscientes de que sentimos muchos más miedos sumados al propio hecho de iniciar una nueva relación. Nombrar e identificar cada pensamiento, inquietud, temor y sensación nos ayudará a sentirnos mejor.

Este sería un ejemplo. “Temo que engañen nuevamente. Me da miedo que vuelvan a jugar con mi autoestima. Me aterra sentirme vulnerable, preocuparme por si me estarán mintiendo, por sí me querrán verdaderamente…”.

Todos esos miedos son aspectos que debemos revistar y trabajar. Si tiene algo positivo el haber pasado por varias relaciones es el aprendizaje, el poder dar forma a una versión de nosotros mismos más segura, madura y consciente tras haber pasado por varias experiencias.

Si temes que otros abran heridas del pasado, es que aún no se han cerrado como deberían

Si te da miedo a que un nuevo amor abra tus cicatrices de pasado, es que esas heridas no están sanadas. Si el recuerdo aún te duele, si en ti hay rincones que aún escuecen y que te retrotraen al ayer, es que aún tienes una cuenta pendiente contigo mismo. No es conveniente hacer como si nada, lanzarnos al día a día como si esas lesiones internas no existieran.

Lo que no está sanado no solo nos impedirá amar y que nos amen como merecemos. Lo que duele infecta casi cualquier aspecto de la vida, nos vuelve temerosos, alzamos muros de desconfianza y la frustración satura casi cada sueño, plan o perspectiva.

Tiempo para amarnos a nosotros mismos, sin prisas

Si tengo miedo a enamorarme otra vez es porque hubo alguien que no nos amó como deberíamos. Es una realidad evidente. Es un hecho que conviene asumir y afrontar de manera adecuada. ¿De qué manera? Recomponiendo esos fragmentos de un amor nocivo, de ese malquerer que astilló nuestra autoestima.

Tras estas vivencias solo queda una opción posible y recomendable: darnos tiempo para amarnos a nosotros mismos como merecemos. Regalarnos nuevas ilusiones, apreciar lo que somos, darnos lo que necesitamos y proyectar nuevos planes son formas idóneas de ir reparando la dignidad y el autoconcepto.

Las agujas del tiempo no cosen los pedazos de un corazón roto. Lo que repara la marca del sufrimiento es nuestra actitud, nuestra disposición a superar lo vivido.

Mujer que se aleja evidenciando que tengo miedo a enamorarme otra vez

Tengo miedo a enamorarme otra vez pero no voy a autosabotearme

Puedes decirte aquello de “tengo miedo a enamorarme otra vez” y que lo sientas así, es comprensible y respetable. Ahora bien, todo miedo es aceptable siempre y cuando no actúe limitando tu vida. Lo más acertado en estas circunstancias, es darnos el tiempo que sea necesario para procesar lo vivido, solicitando ayuda experta si así lo deseamos.

No obstante, tampoco es bueno sabotearnos a nosotros mismos vetando la oportunidad de ser felices de nuevo. Porque hay un hecho que debemos tener presente. El amor auténtico no hiere, enriquece. La persona que ama de manera saludable te hará sentir fuerte y segura, no vulnerable. 

El afecto auténtico te dará raíces y seguridades, no incertezas y vacíos por donde se escapan las ganas, los sueños, los compromisos. Démonos tiempo para sanar y volver amar. No merece la pena poner un candado al corazón cuando, en realidad, hay amores que valen la alegría.