Efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista

Para un padre narcisista, tus necesidades no importan. Así, además de ser un terreno árido para una infancia feliz, la sombra de esas dinámicas manipuladoras y dominadoras dejan sus secuelas en la edad adulta.
Efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 01 octubre, 2021.

Última actualización: 01 octubre, 2021

Los efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista son relevantes. Nadie sale del todo indemne de esos años de convivencia con una personalidad tan lesiva a múltiples niveles. Manipulación, egocentrismo, obsesión por la obediencia y la perfección, completo desinterés por las necesidades de los hijos…

Hay quien dice que crecer con un padre o una madre narcisista es como estar sometido al líder de una secta. Son figuras con un gran poder para anular psicológicamente a los demás. Son hábiles para drenar emocionalmente a quienes estén a su alrededor. Se alzan como expertos en hacernos creer que nuestros sueños, aficiones y metas son del todo inútiles.

Decía el poeta T. S. Eliot que la mitad del daño que se hace en este mundo viene de esas personas que quieren ser importantes. Cuando esta dinámica la sufrimos en la infancia y la adolescencia por parte de nuestros progenitores es común seguir sufriendo su impacto más allá.

Para sobrevivir a un padre narcisista, un niño debería luchar en todo momento por no ajustarse a las expectativas que este le impone. No obstante, esto no es fácil en edades tempranas. 

Escena simbolizando el origen de los efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista

Estos son los efectos en la edad adulta de crecer con un padre narcisista

Con 8, 9 o 10 años, ya empezamos a imaginarnos una vida siendo adultos. Más allá de las fantasías propias e idealistas de la edad, es común imaginarnos de un modo muy concreto: siendo felices y dedicándonos a lo que más nos gusta. Sin embargo, al crecer con un padre narcisista, resulta muy difícil convertirnos en la persona que deseamos ser.

Hay un exceso de traumas emocionales no sanados y de áreas psicológicas desatendidas. El sometimiento mental al que uno queda supeditado se convierte en un obstáculo insalvable para edificar los cimientos de una buena autoestima, un pilar fundamental para la gestión emocional. Esas carencias actúan como lastres para el correcto desarrollo psicosocial y la autoconfianza, elementos básicos para conquistar sueños y anhelos.

Asimismo, según un estudio de la Universidad de Bahauddin Zakariya, es muy común que el perfil narcisista aparezca en el padre. Esto crea núcleos familiares en los que la mujer junto a los hijos quedan anclados a esa figura dominadora que monopoliza toda atención y necesidad. Los primeros tienen como única responsabilidad contentar y atender a ese padre narcisista.

Ahora bien,  ¿qué efecto pueden tener estas vivencias en la edad adulta? Lo analizamos.

Vives dominado por emociones paralizantes

¿Qué son las emociones paralizantes? Son aquellas que no te dejan ser tú mismo, que limitan tu capacidad de decisión, autocuidado y que apagan tu potencial. Así, uno de los efectos de crecer con un padre narcisista es convivir con la indecisión e inseguridad constante. Te cuesta resolver problemas, decidir por ti mismo, atender tus necesidades…

Al mismo tiempo, persiste un corrosivo sentimiento de culpa. Culpa por no haber reaccionado antes ante cada cosa sufrida en la infancia y adolescencia, culpa por no poder ser como deseamos de verdad.

No importa que ya no convivamos con la figura narcisista. Su presencia sigue alojándose en nuestra mente y aún arrastramos sus secuelas: baja autoestima, indecisión, visión negativa de nosotros mismos…

Los efectos gaslighting (luz de gas) o el abuso que te anuló por completo

Crecer con un padre narcisista supone sufrir el peso del gaslighting casi cada día. Es decir, ese progenitor se las ingenió bien para hacernos creer que éramos falible en casi cualquier cosa. Nos convenció de que teníamos poco que ofrecer al mundo y que cada uno de nuestros sueños y aficiones eran poco más que una tontería.

Criticó a nuestros amigos e infravaloró cada mérito logrado. Cada golpe dado a la autoestima sigue presente y todavía seguimos dudando de nuestro potencial. Esto puede hacer que acabemos sufriendo lo que se conoce como síndrome del impostor.

Personalidad ecoísta, lo que yo necesite no importa

La personalidad ecoísta prefiere existir, pero sin que se note demasiado. Sabe muy bien lo que es vivir con alguien egoísta y, por ello, busca ser todo lo contrario, hasta derivar en lo patológico. Es decir, descuidando por completo sus necesidades, dejando a un lado sus opiniones y deseos para volcarse en la atención exclusiva de los demás.

Uno de los efectos de crecer con un padre narcisista es convertirse en un adulto que prefiere vivir en la sombra de los demás. No quieren ser una carga. No quieren molestar, preocupar a nadie… De hecho, cuando se les pregunta por sus preferencias, gustos o deseos son incapaces de responder.

El apego inseguro ambivalente

El apego inseguro ambivalente está impregnado de miedos y necesidades. La persona que creció con un padre narcisista ansía ser amado, sin embargo, teme ser herido nuevamente y, por ello, desconfía. Esto crea una serie de dinámicas contradictorias en materia afectiva que abocan al fracaso en las relaciones.

Cuando hemos sido criados por un narcisista resulta muy difícil establecer relaciones afectivas seguras, felices y estables. Nos cuesta confiar, pero al mismo tiempo necesitamos desesperadamente ser amados.

Hombre experimentando los efectos crecer con un padre narcisista

La ira somatizada, el dolor que ansía emerger

En efecto, otro factor recurrente entre quienes han tenido que crecer con un padre narcisista es la somatización. Todo el cúmulo de emociones de valencia negativa sufridas en el pasado y no manejadas siguen ahí, en especial la ira. Esa emoción experimentada ante cada desaire, manipulación, menosprecio y abuso psicológico deja marca. Algo así se traduce a menudo en múltiples malestares físicos.

Para concluir, son muchas las consecuencias y secuelas que pueden quedarse en nosotros como resultado de estas vivencias. Ahora bien, más allá de lo sufrido, lo más importante es tratar todas esas realidades. La terapia psicológica nos puede permitir superar esas heridas internas y dar forma a un presente y futuro mucho mejor.

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