¿A qué edad somos más felices?

Si pudieras elegir una edad para vivir el resto de tu vida, ¿cuál sería? ¿A qué momento volverías sin pestañear y vivirías de nuevo? Para contestar, tomemos de referencia un estudio reciente que señala la edad en la que la mayoría de personas “congelarían” su tiempo.
¿A qué edad somos más felices?
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 02 junio, 2021.

Escrito por Estefania Grijota Duran, 02 junio, 2021

Última actualización: 02 junio, 2021

La felicidad, en su semántica, es un término ambiguo y subjetivo, ya que los motivos de esta dicha difieren mucho de unas personas a otras. No obstante, y lo primero de todo, si queremos experimentar de verdad lo que significa ser felices y sentir plenitud en nuestras vidas, quizás debamos entender qué es la felicidad.

La felicidad es un estado electrizante y maravilloso que nos embriaga y nos colma de una profunda satisfacción interna, esa que puede producirte el hecho de conocer a una persona maravillosa o el hecho de conseguir el sueño de una casa en el campo. Dicen que no existe ese estado para toda la vida, sino que más bien se trata de estados efímeros de dicha o felicidad, o más bien momentos de equilibrio en los que la calma y la serenidad ya son en sí estados felices para una persona.

“Tendemos a olvidar que la felicidad no viene como resultado de obtener algo que no tenemos, sino más bien de reconocer y apreciar lo que tenemos”.

-Frederick Keonig-

Mujer feliz

El cómo de la felicidad

Sea como fuere, la felicidad es un estado propio del ser humano que ha sido muy estudiado desde las ramas de la psicología, la teología, la filosofía, pero también muy analizado por parte de politólogos y economistas.

Sin embargo, y desde el punto de vista de la psicología positiva, la felicidad se trata de un estado de bienestar que abarca vivir una buena vida, de goce y disfrute, una vida con un sentido de significado y propósito, acompañada de una profunda satisfacción.

Sonja Lyubomirsky, en su libro The How of Happiness, (El cómo de la felicidad), habla de ella como una experiencia de alegría, satisfacción o bienestar positivo, combinada con la sensación de que la vida de uno es buena, significativa y valiosa.

Y es que, alcanzar la felicidad es en cierto modo un estado de búsqueda hacia aquello que nos da placer y nos proporciona ese ansiado bienestar, de ahí que sea un término bastante subjetivo y distinto para cada uno de nosotros. 

“Una mesa, una silla, un bol de frutas y un violín. ¿Qué más necesita uno para ser feliz?”.

Albert Einstein

Felicidad y pensamientos positivos

El hecho de mantener o promover nuestros pensamientos positivos es una forma de ayudarnos, y mucho, a sentirnos más felices. Happiness a quick immersion es una publicación reciente del economista Benjamin Radcliff y el polotólogo Amitava Krishna Dutt, quienes hablan precisamente de eso, de si el dinero compra la felicidad.

Así, sus teorías se basan en tres pilares fundamentales: el equilibrio entre nuestras emociones transitorias, tanto las positivas -como la alegría-, y las negativas -como la ansiedad-, nuestros autojuicios cognitivos sobre la vida en un sentido general a largo plazo y la posibilidad de encontrar un sentido a nuestra vida.

Por otro lado, en un estudio reciente, realizado por la profesora de Psicología Clare Mehta, en el Emmanuel College, se analizaron durante más de cuatro años experiencias de hombres y mujeres con edades entre los 30 a los 40 años.

Después del análisis de los resultados, se identificó la edad de los 36 años como la más feliz. Mientras que muchos idealizaban la juventud pensando en la ausencia de responsabilidades y tareas tediosas, otros prefirieron esa edad en la que ocurren acontecimientos que pueden marcarte de por vida, como es casarte, tener hijos, comprar una casa, divorciarte, dar un giro profesional o elegir no tener hijos. 

Hombre feliz en el césped

Ser felices en el camino y en estado de lucha

Del estudio se desprende la idea de “disfrutar del camino antes que de la meta”. Tal y como cuenta la autora del estudio: “Me di cuenta de que los adultos eran más felices cuando estaban ya algo asentados, pero aún luchando, y de los 30 a los 40 es una etapa mucho más gratificante de lo que podríamos pensar”, dice. 

Los participantes en esos años se sentían más abrumados por los desafíos a los que tenían que enfrentarse, pero a la vez más satisfechos, es decir, todo aquello que les producía un estrés positivo también les reportaba alegrías y una mayor felicidad.

Compaginar el trabajo, crecer en él, cuidar a los demás, ya sean hijos o familiares más mayores son responsabilidades difíciles, pero en muchas ocasiones también una valiosa fuente de emociones positivas.

Cambios en su carrera profesional, desafíos, retos, planteamientos de objetivos cumplidos o sin cumplir a medio, corto o largo plazo, las relaciones y las habilidades generales para enfrentar la vida por la que luchan y trabajan desde los 20 años, es en sí la vida, momentos por los que estas personas aseguraron que tenían una mayor confianza en sus posibilidades.

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