Los motivos que nos llevan a querer a un animal con tanta intensidad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 17 septiembre, 2018
Raquel Aldana · 17 septiembre, 2018

Decía el célebre psiquiatra Sigmund Freud que los motivos que nos conducen a querer a un animal tanto y con tanta intensidad se comprenden si atendemos a que su amor es un afecto sin ambivalencia.

La relación que tenemos con ellos está liberada de los insoportables conflictos de la cultura. También acertaba Freud cuando decía que “los perros no tienen la personalidad dividida, la maldad del hombre civilizado ni la venganza del hombre contra la sociedad por las restricciones que ella impone”. 

No en vano Freud afirmaba, con certeza, que un perro tiene la belleza de una existencia completa en sí misma y que, a pesar de todas las divergencias en cuanto a desarrollo orgánico, existe el sentimiento de una afinidad íntima, de una solidaridad indiscutible.

“Mucho más agradables son las emociones simples y directas de un perro, al mover la cola de placer o ladrar expresando displacer. Nos recuerda a los héroes de la Historia, y será por eso que a muchos se los bautiza con el nombre de alguno de esos héroes”.

-Sigmund Freud-

Mano de humano con la de un perro haciendo un corazón

Es una estafa a la vida que un perro viva una media de 12 años

Se dice, con gran sentimiento, que es una estafa a la vida que un perro o un gato vivan una media de 12 años. Esto se dice por la intensidad del dolor de perder la posibilidad de seguir compartiendo la vida con un ser de cuatro patas.

Porque al querer a un animal todo el tiempo que pasamos en su compañía sabe a poco. Porque lo cierto es que a su lado, cuando nos paramos a contemplarlos con la mirada de la ternura y el amor, nos damos cuenta de que “el tiempo vuela”.

Esa sensación de tempus fugit la percibimos cuando, con cada caricia, sentimos su corazón revolotear dentro del nuestro. Sin embargo, el contraste aparece cuando, con cada saludo y con cada tiempo compartido, sentimos que ese amor es infinito.

Niña abrazando a su perro

Sus superpoderes, armas de bondad masiva

Pensamos, con ternura, que nuestros amados animales cuentan con infinidad de superpoderes que los hacen especiales y que nos colman de motivos que nos conducen a quererlos con tanta intensidad. Por eso, cuando hacemos una lista mental de todo lo que nos sorprende de ellos, no podemos dejar de sonreír.

Al querer a un animal nos resulta sorprendente y enternecedor su capacidad para predecir el futuro o para sentirnos cuando llegamos a casa, su poder de “ultramirada” a través de la que consiguen lo que se propongan, su empatía y su capacidad de sintonizar con nuestro estado emocional y proporcionarnos consuelo y energía…

Todas las personas que compartimos la vida con animales, expresamos con orgullo sus habilidades y su capacidad para expresar la adoración que sienten por nosotros.

Asimismo, lo cierto es que hay pocas cosas comparables al dolor que se siente al dejarlos solos en casa al irnos a trabajar. Sus ojos suplicantes nos llenan de pena pero su alegría a la vuelta nos inunda de felicidad.

Los animales son, sin duda, los mejores terapeutas para muchas personas. Su nobleza y su bondad no conocen límites. Por eso, hasta que no se ama a un animal, una parte del alma está dormida. Hay en nuestro alma una parte reservada para querer a un animal, para disfrutar de su amor incondicional y sus lecciones.

Porque cuando tienes un perro o un gato, la afirmación de “nunca nadie te va a querer más de lo que te quieras tú”, se hace irreal e insignificante. Porque los animales son los verdaderos maestros en esto del amor y porque cada segundo a su lado es un regalo de valor incalculable. Porque querer a un animal es una de las experiencias más maravillosas del mundo. Quien lo probó, lo sabe.