Los secretos del autocontrol

Los secretos del autocontrol

Edith Sánchez 7 Enero, 2014 en Psicología 0 compartidos

El asunto del autocontrol es más complicado de lo que puede parecer a primera vista. A veces se dice que es un tema asociado con la buena educación o con la fuerza de voluntad. No es raro que te sorprendas enviándote severos mandatos para no hacer algo que visceralmente deseas llevar a cabo, por ejemplo responder agresivamente ante una injuria, o comerte un delicioso chocolate en plena dieta.

Lo malo es que muchas veces terminas sucumbiendo ante la tentación que querías dominar. Es entonces cuando puedes caer en las redes de la culpa. Quizás inviertas buena parte de tu energía en justificar esa pequeña traición a tus propósitos.

“No podía quedarme callado”, dices cuando respondiste como dinamita después de que te sentiste ofendido. “Solo fue por hoy, pero ya nunca más”, aseguras si rompiste la promesa de no beber o mantener un régimen alimenticio. Puede que pienses que no tienes suficiente voluntad y entonces te sientes peor.

Lo cierto es que el autocontrol es una condición que supone el desarrollo de mecanismos muy sofisticados en el cerebro. También implica contar con una reserva de energía suficiente como para sortear el conflicto que se desata cuando quieres hacer algo y debes optar por contenerte.

Desde el punto de vista físico, hay una serie de procesos que se activan en el cerebro para hacer posible el autocontrol. Investigadores de la Universidad de Iowa establecieron que en el momento de decidir cómo actuar entran en juego dos zonas cerebrales.

Una de ellas es como una alerta que te indica la necesidad de dar una respuesta ante determinado estímulo. En fracción de segundos aparecen distintas alternativas de acción. La otra tiene una función de evaluación. Te permite decidir cuál de las reacciones es la que más te conviene, de acuerdo con las circunstancias.

Lo interesante es que los expertos pudieron establecer que esa segunda zona no siempre está operando al cien por ciento. Después de varios experimentos comprobaron que cuando una persona está fatigada, esta región cerebral tiene mucha menor actividad y, por lo tanto, el autocontrol disminuye sustancialmente.

El cansancio puede derivarse de una jornada laboral o escolar extenuante. Pero también tiene su origen en una actividad intelectual o emocional muy elevada. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando tienes entre ceja y ceja algún problema que ocupa tu mente y te angustia o te mantiene cavilando constantemente.

Lo que ocurre, entonces, es que lo que llamamos “voluntad” no está disponible para su uso. Por eso, aunque sabes que es mejor ser tolerante y no reaccionar con agresividad ante un estímulo de ofensa o ataque, te dejas llevar por tus impulsos y casas alguna pelea en la que no estabas interesado. O te tomas una copa que no debías beber, o te rindes al llamado de una hamburguesa que no debías comer.

Lo más recomendable es darle a tu cuerpo suficiente descanso, especialmente antes de enfrentar realidades que resulten tensionantes para ti. Nada mejor que tomar una siesta, o jugar un rato, o escuchar música relajante un par de horas antes de entrar en una reunión de trabajo difícil, o cualquier otra situación que pueda ser conflictiva.

El descanso no solo es físico. Recuerda que si tienes un problema sin resolver es seguro que estás empleando gran parte de tu energía mental en darle vueltas y vueltas en tu cabeza. Ese gasto, muchas veces inconsciente, te resta posibilidades para actuar de una forma mejor controlada.

En el caso de los niños y los jóvenes la corteza cerebral no ha alcanzado un desarrollo pleno. Por eso no tienen a su disposición todos los recursos anatómicos de un adulto para mantener el autocontrol. Es bueno que no olvides esto a la hora de exigirles conductas que probablemente no están en capacidad de sostener.

Así que si notas que tienes problemas con el autocontrol, o percibes que algo así le ocurre a una persona cercana, lo aconsejable es revisar si está operando un factor de fatiga. Recuerda que los buenos patrones de descanso tienen un efecto decisivo en tu vida y por eso debes cuidarlos, tanto como cuidas tus hábitos de trabajo.

Foto cortesía de NalaRaZ

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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