Prohibido sentarse a esperar a que la vida suceda

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 19 julio, 2016
Valeria Sabater · 19 julio, 2016

Si hay algo que las personas aprendemos tarde o temprano es que no sirve de nada esperar a que las cosas sucedan por sí mismas. Para ser feliz hay que tomar decisiones y solo cuando somos capaces de promover ese mágico cambio en nuestro interior, lo que está a nuestro alrededor también queda impregnado por dicho movimiento armónico.

Uno de los escritores más notables de la historia de la literatura fue sin duda Anton Chejov. Esa pluma afinadísimia, crítica y hábil en el mundo emocional y psicológico, nos recordaba a través de sus cuentos que las personas vulgares son aquellas que esperan siempre lo bueno y lo malo del exterior, mientras que las sabias, son las que lo esperan todo de sí mismas.

Cuando dejas de esperar la vida cambia. Es algo que he aprendido con el tiempo, porque no basta solo con desear, porque un deseo lanzado al aire en una noche estrellada no cambia nada, en cambio, una decisión lo cambia todo.

Por otro lado, también sabemos que las personas estamos obligadas muchas veces a tener que esperar. Lo hace el adolescente ansiando ser mayor de edad, lo hace el adulto aspirando a conseguir un buen trabajo y, a su vez, lo hacemos cada día cuando esperamos la llegada del metro que nos llevará a casa. Siempre esperamos algo.

Ahora bien, el arte de esperar sin desesperar implica también que durante ese tiempo no está de más que vayamos plantando “semillas”. Pequeñas acciones, enfoques de pensamiento e iniciativas que por sí mismas, también generen su propio movimiento. Vale la pena intentarlo, te proponemos reflexionar sobre ello.

mujer sentada en flores

Cuando esperar parece la única opción

A muchos, nos han educado en esa cultura de la ilusión y la recompensa, ahí donde creer que en la vida, como en los cuentos, siempre hay un final feliz. Nos explicaron que hay que tolerar la frustración antes de recibir un refuerzo positivo, y nos dijeron también, casi entre susurros, que a la gente buena siempre le pasa cosas buenas.

No obstante, y a medida que fuimos engullendo un bocado de realidad tras otro y cayendo en esas “trampas para osos” de nuestros senderos vitales, muchos llegaron a la conclusión de que las personas no tiene ningún control sobre esto llamado vida. Pensamos que es mejor esperar, quedarnos quietos y echar raíces en nuestras zonas de confort mientras instalamos nuestras miradas en las ventanas de la vida, aguardando a que la suerte llame a nuestras puertas.

Ahora bien, si a las personas buenas les pasan cosas buenas… ¿Por qué nosotros vivimos solo cosas decepcionantes?, ¿somos la excepción de la regla? La vida no funciona de este modo.

Esperar no debería ser nunca la única opción a los problemas y vacíos de nuestra existencia. Es momento de dejar a un lado lo que sentimos para pensar en lo que necesitamos de verdad. El mundo no es de color de rosa, lo sabemos, pero en realidad, tampoco es negro ni hostil. La realidad es del color con el que tú quieras verla.

gif mujer

Cuando dejas de esperar la vida cambia

Las personas solemos culpar a nuestro entorno y a las personas que habitan en él de nuestra infelicidad, de haber cortado las alas de nuestro crecimiento y oportunidades. Con este esquema de pensamiento lo que hacemos en realidad es abonar nuestra mente con la tierra del malestar para plantar en ella las semillas del sufrimiento.

Sabemos que ya lo has escuchado y leído más de una vez: lo que piensas influye en tus comportamientos y emociones, pero sin embargo, a pesar de saberlo, no siempre conseguimos poner riendas a ese caballo desbocado que es el miedo.

Si dejo de culpabilizar a mi pareja de mi infelicidad y la dejo me quedaré solo/a y eso es algo que me produce mucho temor”. “Prefiero esperar a que me salgan nuevas ofertas laborales en mi pueblo antes que cambiar de ciudad, porque ese paso me produce mucha inseguridad”.

Casi sin saber cómo nuestras mentes se convierten en auténticas lavadoras donde dan vueltas los discursos aterradores y esa angustia que deriva en un tipo de victimismo en el cual, nos limitamos solo ver lo que no funciona en lugar de atender lo que va bien. No es lo adecuado. Hay que dar un giro en nuestros estilos cognitivos y comprender además, que la vida no espera, no se para y tampoco avisa. De hecho, nos la estamos perdiendo.

mujer caminando rodeada de animales

Estrategias para generar el cambio en nuestra vida

Algo que debemos tener claro es que en materia de felicidad y de consecución de sueños no hay ninguna fórmula mágica. Cada uno de nosotros hemos de ser capaces de hallar la ecuación que mejor nos funcione en base a nuestras necesidades, carácter y circunstancias.

No obstante, existen unas pautas elementales que nos pueden ayudar a cruzar la línea del miedo, para generar el cambio y dejar de esperar. Son las siguientes:

  • No debemos tener miedo al equívoco, al error, al fracaso. Dejar de esperar para ser un poco más felices implica tomar decisiones, y si una de ellas no es la adecuada, no será el fin del mundo porque descubriremos qué decisiones sí pueden ser las correctas.
  • Quien deja de esperar y se atreve a actuar no lo hace porque esté convencido/a de que todo va a salir bien. Lo hace porque es lo adecuado, porque la inmovilidad no nos lleva a ningún lado. En cambio, el movimiento por sí mismo ya es vida.
  • Regula la obsesión por mantener en control de todo lo que te envuelve, así como la ansiedad elevada. También ello es reflejo del miedo.
  • Frena el discurso negativo y los pensamientos “rumiantes” llenos de fatalismo. No sirven de nada, recíclalos.

No anticipes nada de lo que pueda o no pueda ocurrir y a limítate solo a abrir tu mente. Porque la vida no es un problema a resolver, es un misterio para ser vivido.