Los diez mitos del amor - La Mente es Maravillosa

Los diez mitos del amor

Dolores Rizo 27 Septiembre, 2014 en Psicología 27 compartidos
Hombre llevando a su dama a caballo

Y es que el amor no es sencillo. Todas las personas no entendemos lo mismo por amor, por eso, sufrimos, nos duele, y no nos sentimos amados cuando la otra persona asegura amarnos.

El amor tiene que tener de base el respeto y el deseo de la felicidad de la otra persona, entendiendo estas dos cosas como la aceptación de que sea la otra persona quien decida cuál es su felicidad y no la felicidad que yo decido para ella.

Sin embargo, en las relaciones de pareja, el amor, aún es más complejo, ya que además de las dos bases anteriores, existen muchas más para que la relación funcione.

Y es aquí donde se dan muchas confusiones, donde nos dejamos llevar por mitos, y creencias sobre el amor que nos han inculcado desde pequeños/as, pero que lejos de la felicidad de un amor sano de pareja, nos encadenan al sufrimiento.

10 mitos sobre el amor

Los mitos que nos encadenan a sufrir son:

1. El Amor solo basta

Si la pareja fuese, metafóricamente hablando, un camión, el amor, sería una rueda del mismo.

¿Andará? Es evidente que no lo hará. Sin embargo, nos pasamos media vida intentando que funcione la relación, ya que “nos queremos”.

Sin embargo, necesariamente una pareja feliz tiene que tener, además del amor, una buena comunicación, respeto, unos valores en común, libertad, proyectos compartidos, …entre otras cosas.

Pareja cogiéndose de las manos

2. Todas las parejas tienen conflictos

Es muy perjudicial para la pareja creer esto, ya que justificaremos todos los conflictos, tomándolos como normales, “¿Qué pareja nos los tiene?”

Sin embargo, es cierto, que en todas las parejas hay diferencias, aunque no necesariamente conflictos.

En la pareja, es normal dialogar, exponer las diferencias, buscar acuerdos, negociar; sin embargo, si acompañamos éste proceso de respeto, no los llamaremos conflictos.

El conflicto es aquella situación que genera dolor, sufrimiento, discusiones acaloradas con frecuentes reproches, amenazas y faltas de respeto, y esto no es “normal” en una pareja, ni tampoco tendría que ser admisible.

3. Me sacrifico por mi pareja

La pareja no va ligada a la infelicidad, lejos de esto, las relaciones de pareja tienen que aportarnos felicidad y satisfacción personal, por estar con aquella persona a la que quiero y me quiere, quien me hace feliz y a quien yo hago feliz.

Cuando me sacrifico, necesariamente sufro, si hay sufrimiento no hay felicidad
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El sacrificio va unido a la resignación de asumir este papel y al reproche, para obtener reconocimiento por él. Esto no hace más que sumar situaciones de conflicto en la pareja.

4. Uno de los dos, tiene que ceder

Ceder es sinónimo de “sacrificio”, cuando cedo sufro, porque no soy yo mismo, ni como me gustaría ser para sentirme feliz.

Cedo para adaptarme a la pareja, por miedo a su reacción o para evitar conflictos, sin embargo, esto me anula como persona, sintiéndome mal conmigo mismo y con la pareja, ¿qué felicidad puedo aportar a la pareja cediendo?

El camino es llegar a acuerdos, que nos hagan ganar a ambos.

5. Desde que me comprometo a la relación, pierdo mi libertad

El compromiso es una elección. Si me comprometo, lo hago en mi libertad de decidir cómo quiero vivir mi vida, y con quien.

En ningún momento pierdo mi libertad, ya que en una relación sana, la libertad existe en todo momento. Yo soy dueño de mi vida, con pareja y sin ella, con compromiso o sin él.

6. Mi pareja me debe respeto, debe hacer lo que yo espero

El respeto mal entendido, se refiere a miedo, no hay respeto en el miedo.

Cuando esperamos que la otra persona haga lo que yo quiero, lo exijo con frecuencia desde la amenaza. Esto no es respeto, es engendrar miedo, para que la otra persona reaccione como yo espero.

Pareja sentada hablando en el porche

7. Para acabar la relación de pareja, tiene que acabarse el amor

En muchas rupturas de pareja, tras acabar la relación, sigue existiendo el amor. Y es normal, ya que después de compartir muchas experiencias juntos, quedan muchas emociones, como el afecto, los buenos deseos, echarle de menos al otro, recuerdos gratificantes….

Sin embargo, si hubo motivos para la ruptura, también hay motivos para no cultivar el sentimiento que queda. 

Hay que dejar que se extinga por sí sólo o que se transforme en buenos deseos para la otra persona, aceptando lo que no funcionó, aprendiendo de ello y no luchando contra la realidad de la ruptura.

Una buena forma de aceptar ese sentimiento que queda tras la ruptura, es centrarse en proyectar una vida en solitario, buscando llenar el vacío que queda con actividades y momentos de satisfacción y realización personal, dejando de lado el sentimiento que con el tiempo se difuminará si no seguimos pensando en él.

La clave está en mirar hacia delante, no quedándonos atrás, entendiendo que éste sentimiento es normal y habitual, y que tendrá cada vez menos fuerza, si no lo alimentamos y aceptamos la realidad.

8. El amor es eterno

Y nada más lejos de la realidad, el amor cambia, de la misma forma que cambiamos las personas.

Una persona crece, madura, cambia sus valores en la vida, y también así lo hace, la otra persona de la pareja.

Cuando se conocieron, y surgió el amor,  probablemente coincidían, sin embargo, la vida sigue y con ella la evolución y el cambio, y es entonces cuando es posible que una persona de la pareja cambie y no así su pareja, aunque sea la misma de “toda la vida”.

Las relaciones también tienen final, no sabemos si lo viviremos, pero es habitual que exista y no por eso es un fracaso.

9. Mantener relaciones sexuales, tener un hijo o el paso del tiempo, lo arregla todo

Es frecuente éste mito, donde se busca “ocultar” los conflictos a través de las relaciones sexuales, tener un hijo o de dejar pasar el tiempo.

Lo que no se soluciona, sigue siendo un problema a veces, escondido u olvidado, aunque es posible que vuelva a surgir más adelante o bien que se agrave.

10. Si no quiere mantener relaciones, es que no me quiere

Existen muchas causas o motivos por las que una persona puede no tener deseo o apetencia sexual.

Las personas pasamos por etapas, y los problemas, el estrés y las preocupaciones, pueden ser suficiente motivo por el cual disminuyan el deseo sexual y por tanto las relaciones sexuales.

Si mantenemos la calma, la paciencia, el respeto, la comprensión y la comunicación, es probable que se supere, volviendo a la normalidad, con un poco de tiempo.

Imágenes cortesía de Marie Desbons, Claudia Tremblay y Pascal Campion

Dolores Rizo

Licenciada en Psicología, gabinete propio. Desarrollo terapias presenciales y on line. Utilizo técnicas integradoras, dando así nacimiento a una terapia integral, donde complemento el trabajo cognitivo, conductual y emocional, con técnicas como la Hipnosis.

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