Qué significa ser una persona superficial y cómo detectarla
Una persona superficial es aquella que solo se preocupa por lo externo. Si bien esto no es necesariamente malo, en general, no es deseable, porque resulta difícil de manejar para quienes buscan relaciones más genuinas. Se trata de individuos que carecen de profundidad emocional y de curiosidad, lo que, a menudo, los convierte en alguien que parece desinteresado e incapaz de conectar con los demás.
Este rasgo de personalidad varía según el contexto y la historia de vida de cada individuo; su naturaleza puede estar relacionada con ciertos trastornos de la personalidad, ligados a la falta de empatía, la preocupación excesiva por la apariencia y la necesidad de gratificación inmediata. Sin embargo, no se puede asumir que todo aquel que se distingue por dicho rasgo presenta un trastorno. Indaguemos en ello.
Características de una persona superficial
Alguien con esta actitud suele pensar que es «especial» y único, y que solo lo entiende quien tiene cierto estatus. También exagera sus logros y talentos, persiguiendo el reconocimiento. Aparte, busca la aprobación de los demás por su belleza o estética. Presta atención a más características:
- Son ególatras: esta clase de persona piensa que el mundo gira en torno a ella.
- Nula curiosidad intelectual: no muestra interés por aprender, explorar ideas complejas, ni reflexionar sobre el significado de las cosas. Puede ser considerada muy inteligente, pero sus pensamientos carecen de profundidad.
- Exceso de materialismo: asocia su valor como persona con sus posesiones. Piensa que la adquisición de cosas materiales es esencial para su felicidad. Además, elige su círculo íntimo de acuerdo con la riqueza material que posean.
- Desinterés por las relaciones significativas: es muy probable que no crea en el amor verdadero, porque no le importa o tiende a ver las relaciones como un intercambio de beneficios inmediatos. Otra razón de ello es que sus emociones cambian muy rápido.
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Cómo detectar a alguien superficial
Precisar a estas personalidades es complicado, ya que sus comportamientos no siempre son evidentes o pueden confundirse con otras actitudes. Sin embargo, si reconoces varias de las siguientes señales, es posible que estés interactuando con alguien que tiene esta tendencia.
1. Le preocupa en extremo la apariencia
Estas personas suelen ser bastante exigentes con su aspecto físico y el de quienes les rodean. Esto puede reflejarse en su conducta, ya sea constantemente arreglándose o criticando a los demás por su aspecto. Por ejemplo, pueden dejar a sus parejas por otras más atractivas, debido a que no cumplen con sus expectativas estéticas.
Tales individuos son diferentes a quienes cuidan su físico, porque no le dan importancia a la imagen para sentirse mejor consigo mismo, sino con la intención de que los demás lo noten.
2. No sabe escuchar
En lugar de escuchar de forma activa, este tipo de persona está sumergida en sus propios pensamientos, mientras otro habla. Debido a ello, se asocia con una falta de empatía, ya que no está dispuesta a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades ajenas. No obstante, no saber escuchar no siempre significa que se trate de alguien frívolo, pero es una cualidad de quienes sí lo son.
3. Tiene necesidad constante de aprobación externa
Este rasgo está ligado con el narcisismo, porque implica una afirmación exagerada de sí mismo. Así, una forma de precisar a estas personalidades es fijándose en que están pendientes de la admiración de otros, pues necesitan que alguien más les reafirme su autoestima. Esto puede incluir depender de los «me gusta» en las redes sociales, de los elogios constantes o de la atención de los demás.
4. Busca la gratificación inmediata
Como sus intereses son vacíos, es difícil que dichos individuos tengan fantasías, sueños o aspiraciones. A su vez, debido a su enfoque en la gratificación inmediata, tienen dificultades para comprometerse con objetivos o proyectos a largo plazo. Por lo tanto, prefieren actividades que ofrezcan recompensas rápidas o cambios inmediatos; de otro modo, perderán el interés en poco tiempo.
5. Falta de compromiso en sus relaciones
Quienes tienen esta actitud pueden tener muchas amistades o romances, pero no suelen ser auténticos. A menudo, están más interesados en lo que pueden obtener de los demás que en ofrecer algo verdadero. Por ejemplo, es posible que se alejen en momentos que consideras importantes o difíciles y necesitas apoyo. Sus vínculos son relaciones superficiales que parecen estancadas; muestran una falta de conexión con otros.
6. Es ruidoso
Además de ser locuaces, este tipo de personas habla mucho y lo hace con un volumen muy alto. Esta característica se relaciona con el trastorno histriónico de la personalidad, en el cual se usa la teatralidad y la expresión de emociones de forma exagerada como una manera constante de llamar la atención.
7. Tiene conversaciones triviales
Las conversaciones con ellos tienden a ser impersonales y no requieren de demasiada revelación, como mencionan desde la Asociación Americana de Psicología. Teniendo en cuenta esto, es normal que intentes comentar experiencias pasadas, preferencias o creencias, y que esta persona te interrumpa para cambiar de tema. Esa es una forma de demostrar que prefiere hablar sobre algo menos profundo.
A diferencia de alguien que evita hablar sobre temas serios por incomodidad o timidez, la superficialidad destaca por la falta de interés genuino en las emociones ajenas.
8. Le cuesta entender los sentimientos
Ante la dificultad para conectarse con los sentimientos de los demás y mostrar empatía, alguien con este rasgo puede tener problemas para ofrecer apoyo emocional a quien lo necesite; en consecuencia, les resta importancia a los problemas ajenos. Por ejemplo, si le cuentas algo doloroso, como la pérdida de un ser querido, podría responder diciendo: «No pasa nada, ya verás que con el tiempo lo superarás», en lugar de brindar consuelo.
Respecto a este mismo punto, el Dr. Todd Grande señala que gran parte de este comportamiento guarda relación con el «afecto superficial», que implica que la persona muestre pocas emociones o ninguna. Además, minimizan o niegan la validez de los sentimientos, ya que no tienen las herramientas emocionales para procesarlos.
Si hay algo importante de aclarar es que estos rasgos se asocian con la superficialidad, pero no es una regla que quien evidencie solo alguno sea superficial. Esto puede ser una conducta aprendida, una estrategia de adaptación o una respuesta al entorno social. No es inherentemente negativa ni fija.
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¿Cómo manejar las relaciones con estas personas?
Este tipo de relaciones pueden ser desafiantes, pero hay formas de manejarlas de manera saludable; lo principal es establecer límites y expectativas realistas, para que la situación no sea agotadora ni dañina. Aquí te dejamos algunos consejos prácticos:
- No lo tomes personal: sus actitudes no tienen que ver contigo. No te dejes afectar por comentarios insensibles o egocéntricos.
- Ofrece apoyo: en algunos casos, sobre todo si estimas a la persona, es posible hablar con ella sobre lo que te molesta y la forma de corregirlo.
- Analiza el valor de la relación: reflexiona sobre si ese vínculo te beneficia. Si no lo hace, o te afecta demasiado, considera reducir la cercanía o invertir menos tiempo en él.
- Pon límites claros: no toleres comportamientos molestos, como conversaciones con poco valor o críticas hacia ti o hacia los demás. Puedes redirigir el tema hacia algo más interesante o hacerle preguntas sobre su vida personal sin confrontarle de forma agresiva.
A veces, esta forma de ser puede cambiar
Las personas pueden modificar su forma de interactuar si se dan cuenta de los efectos de su comportamiento y están dispuestas a cambiar. La terapia puede ser útil si la superficialidad interfiere con su bienestar o relaciones interpersonales. Y si está ligada con trastornos de la personalidad, se requiere de enfoques especializados, como la terapia cognitivo-conductual.
Lo esencial para lograr una transformación es el nivel de autoconciencia y la disposición a trabajar en sí mismo.
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