¿Por qué es tan importante aprender a poner límites?

16 Marzo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Laura Rodríguez
A veces, priorizamos las necesidades de los demás sobre las nuestras y nos sentimos culpables si decimos "no" ante una petición de otra persona. La culpa nos trae pensamientos del tipo: "si no lo hago soy una mala amiga", "soy una egoísta", "creo que soy una mala persona por no ayudarle".

Poner límites no quiere decir defender a capa y espada nuestra opinión y nuestras creencias a toda costa, como si de una imposición se tratara. Tampoco quiere decir ser sincero en todo momento, sin tener en cuenta lo que piensan y sienten los demás.

De manera concreta, poner límites significa hacer saber a las personas qué necesitamos y qué queremos, que pueden ser diferentes al resto. Consiste en expresar lo que queremos- y lo que no queremos-, pero sin olvidarnos de las necesidades y los deseos de los demás, teniendo en cuenta qué piensan y sienten las personas.

Poner límites es establecer líneas con los demás (y con nosotros mismos) que no deben ser cruzadas.

Edward T. Hall y Robert Sommer, pioneros en el estudio del espacio personal, aseguran que esos límites donde se contiene una persona y en la que habita algo más que un territorio físico. Es un lugar donde nos sentimos mental, física y emocionalmente protegidos, un refugio donde nadie nos pueda agredir con sus comentarios o comportamientos.

No obstante, revelaron en sus estudios es que en nuestra cotidianidad es común que se sorteen esas fronteras, esas barreras que no siempre protegemos con la atención y los recursos que necesitan para no caer. Veamos qué nos limita y por qué es tan importante poner límites.

Mujer pensando

¿Qué me frena a la hora de poner límites?

¿Qué me limita a poner límites y a decir No en algunos momentos? Probablemente el miedo al rechazo juegue un papel determinante.

Por ejemplo, si me piden ayuda, pero no me apetece ni considero conveniente ayudar a un compañero, el miedo a que se pueda deteriorar la relación es un factor que posiblemente me empuje a ayudarle, aunque no sea lo que quiero.

A veces priorizamos las necesidades de los demás sobre las nuestras y nos sentimos culpables si decimos “No” ante una petición de otra persona, la culpa nos trae pensamientos del tipo: “si no lo hago soy una mala amiga”, “soy una egoísta”, “creo que soy una mala persona por no ayudarle”.

Estos pensamientos suelen ser exagerados, evidentemente no soy una mala persona por no dejar mis planes a un lado para hacer lo que nos piden o por priorizar mis intereses. No se trata de ser egoístas y ponernos por encima de los demás, pero tampoco ponernos por debajo. Es más bien una cuestión de equilibrio.

Asimismo, no ponemos límites cuando tendemos a hacernos responsables de todo, por sobreimplicarnos en los problemas de los demás.

Nos cuesta decir “No” porque tendemos a hacernos responsables de tareas que no son nuestra responsabilidad. Por ejemplo, ayudar a otros haciendo su trabajo cuando ellos mismos podrían hacerlo, solucionar un problema de un amigo cuando no nos corresponde hacerlo a nosotros…

¿Por qué es tan importante aprender a poner límites?

Conocerse a uno mismo

Uno de los beneficios  a la hora de poner límites tiene que ver con el autoconocimiento. Para poner límites se requiere un buen conocimiento uno mismo y de las necesidades propias. Consiste en ser consciente en cada momento de lo que quieres y lo que necesitas. Cuestiónate: ¿qué quieres?, ¿qué necesitas?, ¿qué te hace sentir cómoda?

A su vez, poner límites te va a permitir que te respetes más a ti mismo y, en la medida en que esto ocurra, los demás te respetarán en función de los límites que establezcas.

Beneficios en la autoestima

Establecer límites va a culminar probablemente en un aumento considerable de tu autoestima. Simplemente por el hecho de hablar sobre ti y darte el lugar que necesitas. Al sentirte mejor contigo mismo -y aumentar tu autoestima- perderás el miedo de mostrarte como eres. Por fin soltarás la tensión continua de tener que estar alerta por si algo o alguien puede dañar tu vulnerabilidad.

Te sentirás libre de poder expresar tus necesidades independientemente de cómo se lo tomen los demás, sin sentir culpa por no hacer lo que los otros esperan que hagan.

Aprender a poner límites también es decir “NO” cuando nos apetece sin sentirnos obligados a hacer lo que los otros quieren y necesitan.

Mano con corazón

Relaciones sanas y equilibradas

Es una forma de relacionarse con los demás de forma saludable y equilibrada, sin existir descompensación y desigualdad en cuanto a lo que cada uno aporta a la relación.

Podrás hacerle llegar a los demás como quieres que se comuniquen contigo, y esto te traerá mucha satisfacción personal. Así, la frustración y el estrés ante la ausencia de límites dejará de estar presente en tus relaciones.

Al conseguir respetar tus límites y el de los demás, tus relaciones se convertirán en relaciones sanas y estables en el tiempo. El respeto se palpará en tus relaciones y ninguno se sentirá invadido por el otro.  

En definitiva, aprender a poner límites a los demás nos permite fortalecer y crear aspectos relacionados con el bienestar personal. Nos posibilita identificar y delimitar adecuadamente las propias necesidades, haciéndonos sentir protagonistas de nuestras elecciones, generando así un sentido de responsabilidad en el escenario de nuestra vida.