El baile de las luciérnagas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 1 agosto, 2018
Sergio De Dios González · 1 agosto, 2018

Qué grande y qué hermosa es la literatura. Mundo paralelo. Como cualquier arte. Muchas veces tan cercano a la realidad. Tan espejo sin mesura en lo que narra, en lo que cuenta. Desnudándonos, sin censura. De fondo, el latido del autor. En este caso de la autora, Kristin Hannah. Un libro puede ser precioso, El baile de las luciérnagas lo es.

Habla del miedo de dos adolescentes que se sienten solas, cuando ninguna de las dos piensa que es imposible que la otra lo esté. Esta pared se cae, el encuentro se produce; y sucede como pasa muchas veces en la realidad, con una desgracia y una confesión en un momento de vulnerabilidad.

Un momento en el que Tully no puede más y tiene que dejar de protegerse, confiar, porque de otra manera se desarmaría. Kate está allí, esperándola, como ya lo hará siempre (en sus últimos años de instituto, en la universidad y más allá, mucho más allá), para que Tully no se desvanezca. En realidad, para que ninguna de las dos lo haga.

Para hacer amigas de verdad tienes que arriesgarte. A veces las personas te decepcionarán, las chicas pueden ser muy crueles las unas con las otras, pero no puedes dejar que eso te detenga. Si te hacen daño, te levantas, desempolvas tus sentimientos y vuelves a intentarlo.

El baile de las luciérnagas es la historia de dos amigas

Habla de cómo el miedo al rechazo se termina derritiendo por la curiosidad de saber más y romper la crisálida. El desafío a lo conocido, las ganas de encontrar un amor parecido al que se dibuja en las novelas. Nos muestra que más allá de la experiencia, lo importante es lo que hacemos con ella: nuestra caja de herramientas para las grandes ocasiones.

Kate cuenta con una familia que la quiere y le impone normas. Tully es una estrella que, de tantas veces que ha sido abandonada por su madre, ha tenido que aprender a brillar por sí misma. En las dos vemos una necesidad compartida que ningún adolescente jamás confiesa: el anhelo por despertar una mirada de orgullo en sus padres. Kate piensa que Tully lo tiene todo, Tully piensa que Kate lo tiene todo.

Los pensamientos, los miedos incluso, eran cosas etéreas, incorpóreas hasta que les dabas solidez mediante la voz, y, una vez que tenían peso, podían aplastarte.

Dos amigas en bicicleta

Su amistad nace cuando se dan cuenta de que una sabe contar y que la otra sabe escuchar. Tully conoce pronto a qué se quiere dedicar y cómo lo quiere hacer, Kate, la buena de Kate, tarda más. Mientras sigue a Tully y la eleva cuando esta amenaza con caerse, cuando la fuerza de su pasado amenaza con devolverla al fondo de un pozo oscuro.

Cada una buscará salvarse como aprendieron. Tully siendo una estrella (de la televisión), Kate amando, queriendo, entregando y entendiendo que hay personas que han sido tan dañadas que no han aprendido a pedir perdón.

Tully tiene tanta fuerza que es capaz de capturar toda la atención de una habitación llena de personas. Kate es tan valiente que es capaz de permanecer en la misma sala, aunque nadie la mire, protegiéndolos a todos. De una u otra forma, Kate aire para Tully y Tully es el aire para Kate, y viviendo en dos mundos aparentemente muy distintos, las dos son capaces de respirar la una de la otra.

El amor y la amistad

El baile de las luciérnagas no es una novela realista, no pretende serlo. No aspira a ser un espejo fiel, es consciente de que la mayoría de amistades no funciona de esa manera. Sin embargo, sí es un pequeño canto a la esperanza, una narración preciosa de cómo podría ser si muchas veces supiéramos hacerlo.

Quizás uno de los elementos más hermosos de sus páginas es cómo es capaz de ponerle voz a lo que puede sentir una madre o una hija en esos instantes en la que una es demasiado consciente de los peligros que acechan y la otra los ignora por completo, acercándose a la hoguera que quema enarbolando una bandera engañosa de libertad.

Describe con precisión, a través de los personajes, esa ambivalencia que implica que la seguridad esté en el mismo lugar del que buscamos la independencia cuando crecemos: la familia.

Por no estropear el placer de quien después de este artículo se zambulla en sus páginas, no pretendo desvelar demasiado de El baile de las luciérnagas, aunque no importaría incluso que las desgranase entera. Porque tiene más valor quizá la narración que lo narrado, y eso tiene mucho mérito cuando el fondo, la historia ya en sí, merece la pena.

Manos de amigas agarradas

Quizá el gran mérito de Kristin Hannah es construir dos personajes que podemos reconocer en su evolución. Algo que podemos ver muy bien con Kate y cómo aprende a ser una buena madre. Los gestos de su hija que le duelen, aquellos que le reconfortan, le enfadan o le emocionan.

Son muchas las razones que nos invitan a El baile de las luciérnagas, lo mejor es que tú encuentres la tuya. Entonces, abre bien los ojos y disfruta.

“Tully miró a su mejor amiga y en esa mirada más de treinta años se agolparon entre ellas haciéndoles recordar las niñas que habían sido, los sueños que habían compartido y las mujeres en las que se habían convertido-. Lo hemos hecho bien, ¿verdad?”.

Nota del redactor para los temores del lector. El baile de las luciérnagas no es una novela de adolescentes, es una novela de la vida entera. La adolescencia sólo es el punto de partida del apasionante camino que trazarán por separado, juntas.