La importancia de los padres en el desarrollo de la autoestima

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Úrsula Perona
15 julio, 2019
Enseñar a los niños a valorarse y quererse es fundamental para el desarrollo de una autoestima sana. Descubre cómo hacerlo y qué aspectos son más importantes.

La autoestima es uno de los pilares básicos de la inteligencia emocional. Una sana autoestima implica amarse a uno mismo de una forma saludable y permite establecer relaciones sociales satisfactorias.

Una baja autoestima, por otra parte, puede afectarnos no sólo en el área emocional y personal, sino también en el área social y académica. Ahora bien, ¿cómo podemos contribuir en el desarrollo de la autoestima de nuestros hijos?

¿Qué entendemos por autoestima?

La autoestima es la valoración que tenemos sobre nosotros mismos, es decir, una autoevaluación o juicio personal sobre el propio valor. Es el fruto de la relación entre el carácter del niño y el ambiente en el que se desarrolla.

Esta relación se construye día a día a través de la confianza y la aceptación, pues desde que nacen, los niños buscan seguridad y amor en las personas con las que se relacionan más frecuentemente y aquí es dónde entra en juego la importancia del papel de los padres.

El desarrollo de la autoestima se produce día a día. En él, la confianza y la aceptación son claves para generar una autoestima positiva.

Niña feliz saltando al aire libre

Para empezar, durante la gestación, el niño pasa 9 meses viviendo las 24 horas del día dentro de la madre. Numerosas investigaciones avalan que el vínculo entre madre e hijo ya se forma durante el embarazo. Posteriormente, cuando el niño nace necesita de su madre para alimentarse y para satisfacer sus cuidados y necesidades, por lo que volverá a ser la persona con la que más tiempo comparta, aunque evidentemente el padre también esté muy presente.

El  impacto emocional que tiene la relación con las figuras de apego en el desarrollo de la autoestima es de vital importancia.

Fenómeno de la profecía autocumplida

El efecto Pigmalión o profecía autocumplida explica cómo las expectativas que los padres tienen sobre sus hijos pueden convertirse en una realidad.

Existen dos tipos de efecto Pigmalión: positivo y negativo. El negativo dice que si le repetimos constantemente al niño que es malo, se porta mal o es un vago, finalmente el niño tendrá un mal comportamiento, malas notas y una autoestima baja. De manera inconsciente, se comportará de manera que concuerde con lo que se espera de él.

Por su parte, el positivo es todo lo contrario, si se le dice al niño lo inteligente, bueno y simpático que es, por ejemplo, se sentirá más seguro, con una mejor imagen de sí mismo y actuará en base a ello. Debemos aprender a utilizar la profecía autocumplida a favor de nuestros hijos.

Además, te mostramos algunas pautas para favorecer una autoestima positiva en nuestros hijos:

  • Censurar el error, no la persona. No por mucho que pensemos que nuestros hijos se van a portar bien, quiere decir que vayan hacerlo al 100%. Cuando haya una mala conducta hay que corregirla, pero sin emitir juicios de valor sobre el niño. 
  • Valorar el esfuerzo y olvidar el resultado. Incluso aunque no se haya podido terminar una actividad con éxito, es importante valorar el esfuerzo que el niño ha puesto en la actividad. De este modo, le estaremos enseñando a superarse a sí mismo.
  • Corregir sus creencias limitantes. Por ejemplo, son muy comunes los comentarios despectivos por parte de otros niños. Estos adjetivos pueden acabar interiorizándose y mermando la autoestima de nuestros hijos. Como su pensamiento racional no está del todo desarrollado, es importante ayudarles a mirarse a sí mismos con objetividad, para que pueden crear una imagen de sí mismos realista y positiva.
  • Incentivar a que asuma ciertos riesgos. La sobreprotección es una de las mayores fuentes de baja autoestima. Conviene que desde edades tempranas animemos a nuestros hijos a enfrentarse a ciertos retos, aunque puedan suponerles un pequeño riesgo.
  • No resolver los problemas por ellos. Permitirles resolver sus propios conflictos con sus amigos o hermanos. Favorecer la comunicación, sugerirle posibles soluciones, y mantenernos “cerca”, pero sin intervenir activamente.

Padres felices con su hija

Hay una parte de la autoestima que es caracterial (genética), pero otra, depende en parte de nosotros. Ayudar a nuestro hijo a tener una sana autoestima es un regalo para toda la vida. No debemos olvidarlo.