Los besos son palabras silenciosas - La Mente es Maravillosa

Los besos son palabras silenciosas

Sergio De Dios González 19, Marzo 2017 en Psicología 3740 compartidos

Besamos furtiva, lasciva, suave, tímida, ávida y algunos afortunados copiosamente. Lo hacemos cuando el Sol calienta el asfalto y también cuando las estrellas toman posiciones en un cine nocturno del que somos los protagonistas. Lo hacen los personajes de los cuentos para despertar princesas o trasformar sapos. También existen los besos de compromiso e incluso los besos de traición, como el de Judas a Jesús.

De una manera o de otra, los besos producen una reacción fisiológica en la que se engloban cientos o miles de mensajes neuronales. También pueden provocar reacciones euforia o excitación sexual. Son una pequeña cajita llena de esencias que no podemos ignorar cada vez que se destapa.

“El acto de besar es más complejo de lo que parece: trasmite poderosos mensajes al cerebro, al cuerpo y a la pareja”

-Chip Walter-

En la infancia los besos encierran una paradoja. Normalmente los niños reciben varias peticiones de beso al día, muchas de las cuales satisfacen con verdadero placer. Sin embargo, también sufren a veces la tiranía de los adultos a los que a veces nos cuesta respetar que digan no, a esa persona no quiero o en este momento no me apetece. Ni los niños ni los adultos deberían estar obligados a besar, sino el beso pierde gran parte de su esencia e incluso puede atacar directamente a la asertividad de los pequeños.

Los adolescentes son quizá los que más importancia le dan a un beso. Se preguntan, ¿cómo se hace?, ¿qué se sentirá?, ¿sabré hacerlo cuando llegue el momento? Incluso, después de conocer a la persona a la que creen adecuada se pueden dormir varias noches anticipando ese momento. A todos nos ha pasado y todos le hemos dado vueltas y vueltas a ese momento, como si fuera una canica, hasta que llegó. Con la persona planeada o con otra, en el momento propicio o en el más desastroso, pero difícilmente se olvida.

Ya no porque fuera bueno o malo -cualquier actividad se perfecciona con la práctica, y besar no es una excepción-, sino por la anticipación tan emocionante de ese momento. De una manera o de otra, no estamos tan desencaminados cuando somos adolescentes. Según estudios recientes, un mal primer beso puede ser suficiente para acabar con una relación prometedora.

El origen de los besos

Algunos investigadores piensan que los besos en los labios nacieron con una utilidad evolutiva. Destacan que este tipo de besos facilitó mucho el proceso de seleccionar una pareja. Piensa que es mucha la información que se intercambia en un beso, de manera que nos concede en muy poco tiempo mucho material para aceptar o descartar a una pareja. Entra en juego nuestro tacto, nuestro olfato y algunos aspectos posturales, como la inclinación de la cara, que procesamos de manera inconsciente.

Existe otra hipótesis para el nacimiento de los besos que no es tan atractiva. Tendría que ver con la costumbre de las madres primates de masticar la comida para alimentar a sus hijos antes de pasársela. Esta hipótesis la ha defendido, entre otros investigadores, el zoólogo Desmond Morris.

Besos y feromonas

Al contrario de lo que sucede con otros animales, nosotros no contamos con una parte específica de nuestro cuerpo diseñada para detectar feromonas. Sin embargo, sí hay indicios de que nosotros también utilizamos información química que recogeríamos a través del olfato. Esta hipótesis explicaría, por ejemplo, por qué el ciclo menstrual de las compañeras de piso se sincroniza o por qué el olor de los hombres con sistemas inmunológicos más fuertes son más atractivos. Así, el acercamiento que se produce con el beso propiciaría una situación propicia para recoger esta información química.

¿Por qué los labios? Se juntan dos circunstancias para que esta sea la elección preferida de los besos apasionados: contamos con una gran cantidad de terminaciones nerviosas en ellos y además la piel que los envuelve es muy fina. Dicho de otra manera, es un lugar donde nuestro tacto es capacidad de producirnos una gran cantidad de sensaciones sin que la intensidad del contacto sea fuerte.

Además, piensa que en cada beso apasionado que damos intervienen 5 pares craneales de los 12 que tenemos. ¿Qué significa esto? Que nuestro sistema nervioso está montado de tal manera que la información que recibimos en un beso circula por muchas y grandes autopistas nerviosas dentro de nuestro cuerpo hasta nuestro “centro de operaciones”.

Como cualquier información táctil, la que procede de un beso termina en una parte de nuestro cerebro llamada homúnculo sensorial. En esta parte está representada de alguna manera toda la superficie de sensible al tacto con la que contamos. Pues bien, en esta especie de mapa los labios tienen dedicado un espacio amplio, especialmente si lo comparamos con partes de nuestro cuerpo que tienen una densidad similar de terminaciones nerviosas.

Resultado de imagen de homúnculo sensorial

Distinto significado para hombres y mujeres

Según un estudio realizado por Gallup y sus colaboradores en 2007, hombres y mujeres interpretan de diferente manera los besos en la evolución de una relación. Para los hombres, un beso prologado e intenso es el preludio de un acercamiento íntimo, el “hall” de las relaciones sexuales. Sin embargo, este avance en la relaciones de pareja para la mujer se situaría en otro lugar. Besos así simbolizarían y afianzarían la idea de que han escogido una buena pareja a largo plazo.

Por otro lado, las investigadores Hill y Wilson descubrieron que, si bien es cierto que los besos pueden producir una gran excitación si van acompañados de determinadas circunstancias, también parece que las mujeres necesitarían una mayor cantidad de besos para llegar al mismo nivel de excitación que los hombres.

Lo que sí encontraron tanto en hombres como en mujeres, y además en similar proporción, es que los besos reducen el estrés al disminuir los niveles de cortisol en el organismo.
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Por otro lado, aunque nos pueda parecer curioso, los besos no son un ingrediente habitual en las parejas de todas las sociedades. Por ejemplo, para una gran parte de la sociedad china los besos en la boca puede ser un acto tan censurable como el canibalismo para nosotros (d’Enjoy, 1897). Ademas, otro antropólogo, en un estudio mucho más reciente estimó que cerca del 10% de la humanidad no se dan besos en los labios.

Para finalizar, lo que me gustaría señalar es que los besos corresponden más a una herencia social que a un acto natural. Son nuestras sociedades, con nuestras normas y nuestras concepciones, las que probablemente han producido modificaciones en nuestra biología y asentado determinado tipos de costumbres para que los besos sean una conducta frecuente dentro de las parejas que conocemos.

De una forma o de otra, y aunque solo sea porque reducen el estrés, ¡que vivan los besos!

Sergio De Dios González

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