¿Por qué Freud fue un revolucionario? - La Mente es Maravillosa

¿Por qué Freud fue un revolucionario?

Sergio De Dios González 14 febrero, 2018 en Autores 573 compartidos
Freud

Freud, a su manera, hizo temblar los cimientos de la psicología dando forma a varias escuelas con una raíz común que hoy se sigue saboreando/poniendo en práctica en muchas consultas. Y es que, Freud, fue un revolucionario en su manera de vernos a nosotros y a nuestras mentes.

En este artículo vamos a centrarnos no tanto en su contribución como en analizar qué tuvo de revolucionario y por qué hoy sigue siendo una de las figuras de referencia, imprescindible si queremos entender la historia de la psicología, incluso del propio pensamiento. Porque sí, algunos de sus postulados fueron a la psicología como el famoso giro copernicano a la física cuando cambió el centro del universo. Si os parece, ¡Vamos a sumergirnos en este interesante viaje!

El inconsciente

Quizás el inconsciente fue la mayor revolución propuesta por Freud y quizás hoy es una de las que menos se discuten. En el momento histórico en que vivió Freud, aunque la psicología social todavía no estaba desarrollada, ya sabíamos que no teníamos el control absoluto de lo que nos sucedía. Determinadas variables externas, como la cantidad de luz solar, podían influirnos en nuestro estado de ánimo. Además, la misma luz solar podía cegarnos y hacer que tropezáramos. Sin embargo, Freud fue un paso más allá.

Con la propuesta del inconsciente, Freud señaló que había dentro de nosotros una aparte a la que no podíamos acceder de manera consciente o de manera directa, pero que se manifestaba en nuestras emociones, pensamientos y conductas. Una especie de genio que actuaba entre bastidores, moviendo en buena parte los hilos, sin dar más cara que la de algunos reflejos en el escenario.

Una especie de yo ignorado por la conciencia que a veces podía jugarnos muy malas pasadas. Este inconsciente podía hacernos sentir tristes sin identificar el motivo, participar en nuestros sueños de manera simbólica o producir determinados errores en nuestro discurso.

A día de hoy son pocos los que niegan que exista una parte de nosotros que nos influye y a la que nuestra conciencia no tiene fácil acceso. Puede ser un recuerdo de la infancia, pero también una autoestima deteriorada o un patrón de apego mal construido o muy castigado en los últimos años, fracasando de relación en relación.

Cara de una mujer

El poder de la palabra

Freud, entre otras virtudes, atesoró la de ser un magnífico escritor. Los detalles, la claridad y la elegancia en su exposición son tres de los adjetivos que podrían etiquetar sus obras. Así, no solamente cuidó y se valió de la palabra para expresar su pensamiento con maestría, sino que también la convirtió en una parte central de su terapia.

Por ejemplo, como hemos señalado antes, Freud defendía que una de las manifestaciones más inocentes del inconsciente son los lapsus que todos cometemos de vez en cuando en nuestros discursos. Al mismo tiempo, señaló a la asociación libre como una manera de acceder sin contaminación a la información del inconsciente.

La asociación libre se constituyó como el método fundamental de la técnica psicoanalítica, relegando a un segundo lugar otras técnicas en las que se había formado (p.e.: la hipnosis) y que en un principio le habían parecido muy útiles para este mismo propósito. La gran ventaja de la asociación libre es que, bien realizada, está libre de sugestión y, al mismo tiempo, de las restricciones de la consciencia.

Otra mirada a la infancia

Freud entiende la infancia como un campo vital en el que se producen acontecimientos que nos influirán a lo largo de toda la vida. Además, lo harán esencialmente a través del inconsciente, haciéndonos funcionar con modelos que hemos interiorizado, pero que no hemos procesado.

Por otro lado, Freud nos dice que en la infancia la sexualidad también juega un papel importante; muy importante para él, de hecho. Lo vemos por ejemplo, en su articulación de los complejos de Edipo y Electra. Por otro lado, habla de la sexualidad infantil como algo natural, lejos de entrar en cualquier debate moral sobre ello.

Para él, esta sexualidad está muy presente y puede tener consecuencias. En el caso de un chico, por ejemplo, la competencia con el padre por el amor de la madre puede servir como un estímulo para su crecimiento, para imitar al padre e intentar superarle. Por otro lado, esta idealización, en caso de no haber sido rota, puede actuar a través del inconsciente influyendo en el tipo de personas que van a ser atractivas para él a la hora de mantener una relación.

Si por algo se caracterizó Freud fue por no tener miedo a pelearse por acabar con determinados tabús. Este quizás sea uno de los más importantes, el de romper con la idealización de la infancia.
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El conflicto y la neurosis

Otra de las revoluciones que supusieron sus postulados giró alrededor de la neurosis. Freud señala que son los conflictos internos, entre lo que deseamos (ello-instinto) y nos permitimos (superyo-prohibido a partir de lo cultural o lo social), los que dan forma a los nudos que colapsan en una neurosis. Así, en el marco de la segunda tópica, los trastornos neuróticos surgían por el desplazamiento del ello al inconsciente por parte del superyo, en un intento por ahogarlos.

Iceberg

La obra de Freud es mucho más completa y abarca muchos más aspectos de los que aquí hemos tocado. Sin embargo, quizás estos sean los más importantes para saber por qué su obra fue el punto de partida de una revolución. Así, igual que hablamos de un giro copernicano, podemos hablar de un giro freudiano y del enorme impacto que este tuvo.

Sergio De Dios González

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