Ruptura

Sergio De Dios González · 23 mayo, 2013

La ruptura de una pareja suele representar un momento crítico en la vida de las personas que la forman. De la misma forma que no hay dos gotas de agua idénticas, tampoco hay dos parejas que lleguen al proceso de la separación de la misma forma ni transiten por este periodo de la misma manera.

“Nos equivocamos a menudo en el amor, a menudo herido, a menudo infeliz, pero soy yo quien vivió, y no un ser ficticio, creado por mi orgullo.”

-George Sand-

Es frecuente que, previamente a este momento, haya señales que indiquen que algo en la unión no funcionaba. Un proceso en el que se encadenan daños que no son reparados de la manera adecuada y que en el que cada componente de la pareja lo guarda en el eco de su silencio.

Son cicatrices que arañan la ilusión y que desmotivan las acciones de cuidado mutuo que alimenta la relación de pareja. ¿Para qué voy a hacer esto si no le va a hacer ilusión? Es la pregunta que muchas veces surge.

Así, aunque normalmente es una persona la que termina con este proceso, la conciencia de que se está produciendo ese deterioro en la relación de la pareja suele ser común a amobosmiembros.  Y es, precisamente, esta conciencia paulatina la que a veces sirve de colchón al impacto de la separación.

 

Hombre alejándose de su pareja tras la ruptura

Después de la ruptura, ¿qué?

Parece que la persona que suele decidirse a dar este paso también es la que normalmente recupera antes la estabilidad. En sus sentimientos poco adaptativos, si los hay, suele predominar la sensación de fracaso porque la concepción occidental de la pareja –entre otras- se entiende como el desarrollo de un proyecto en el que se cree y en el que se realiza una inversión.

Esta concepción, en su parte más radical está cambiando, ya que muchas veces la persona acaba aprendiendo de su propia experiencia que, por definición, no hay nada de malo en el cambio y que lo que ha apostado en la relación puede a haber sido suficiente hasta ahí y no tiene por qué significar ir más allá.

Es necesario haber amado, después perder el amor y luego volver a amar todavía”.

-Vincent van Gogh-

El sentimiento de quien no quiere la ruptura

Mujer llorando por ruptura

La persona que no decide dar el paso de separarse puede añadir a este sentimiento de fracaso otros igualmente negativos. El primero quizá sea la falta de control, aunque esa persona percibiese que no estaba siendo feliz puede que no deje de tener presente que no ha sido ella quién ha tomado finalmente esa decisión.

Los seres humanos contamos con una atención selectiva y, si generamos un pensamiento, es muy fácil que encontremos en nuestro entorno argumentos que lo apoyen y además, que solo veamos estos.

Así, somos alimentadores de nuestras propias afirmaciones y si comenzamos a pensar que no controlamos lo que no sucede encontraremos hechos que apoyen esto ¿O acaso no es verdad que muchas cosas de las que nos pasan dependen de la suerte? Pues imagínense solo viendo estas y no las otras. Lo siguiente puede ser meterse en la cama y dejar que pase lo que tenga que pasar, si no va depender de mi…

Finalmente, la pérdida de autoestima es otro sentimiento que puede anidar en la persona que no ha decidido la separación. Frases como “no soy lo suficientemente bueno para él” o “quiere algo mejor” producen un sesgo de la autopercepción negativa que puede acabar extendiéndose a otros muchos aspectos: no soy los suficientemente inteligente, no soy lo suficientemente gracioso o no tengo un buen cuerpo.