Te echo de menos: cuando una amiga de cuatro patas nos deja

Perder a un compañero de vida peludo, que ladra y da besos en forma de lametones produce un terremoto emocional para la mente y el alma. En este artículo te cuento en primera persona qué es lo que he sentido y pensado. ¡Descúbrelo!
Te echo de menos: cuando una amiga de cuatro patas nos deja
Gorka Jiménez Pajares

Escrito y verificado por el psicólogo Gorka Jiménez Pajares.

Última actualización: 30 diciembre, 2022

Cuando un ser especial se duerme para siempre suele dejar un gran vacío. 16 años son los que ha pasado a mi lado un pequeño ser peludo de cuatro patas y mucho amor. Este es mi testimonio.

Cuando una amiga de cuatro patas nos deja, quedan sus huellas impresas en nuestra memoria para siempre. El amor que sentimos hacia nuestros pequeños compañeros es inmenso: es tan especial porque llegan a formar parte de nuestra familia y, en consecuencia, cuando nos dejan después de una larga y feliz vida, lloramos, nos apenamos y entramos en duelo.

Nuestra historia con nuestros amigos de cuatro patas va más allá de una amalgama de recuerdos: son hilos de memorias y emociones hilados finamente en un telar de amistad y familia.

Perro pastor vasco

Hasta luego, Saphira

¿Os suena la saga literaria de Eragon? En mi juventud me enamoré de sus personajes; uno especialmente relevante por su carácter y magia fue el de una dragona llamada Saphira.

Cuando adopté a Saphira, era una pequeña gran luchadora. En la protectora de animales donde la recogí dudaban si sobreviviría más de un mes. Saphira se aferró a la vida con tanto tesón que ha llegado a tener 16 años prósperos y felices. Y, teniendo en cuenta que es un pastor vasco, son muchos años.

¡Mi peluda ha comido solomillo! Cada vez que recuerdo los momentos especiales en los que ella recibía comidas especiales, sonrío. ¡Cuántas veces habré dejado de comerme la última porción para dársela a ella! Pequeña carnívora de cuatro patas y ojos alegres, ¡cuánto te echo de menos!

Un atasco emocional

Imagina la presión que pueden hacer diez litros de agua intentando entrar en una botella. Así me sentí cuando comprendí que eran sus horas finales: apenas bebía, llevaba dos días sin comer, evitaba moverse y se resistía a realizar sus paseos habituales por el parque.

Fue una compañera sabia, incluso a la hora de trasladarme el mensaje de que eran sus últimas horas conmigo de una manera física.

A la hora de redactar este artículo estoy sintiendo una montaña rusa de emociones: desde la tristeza de la pérdida hasta la alegría de los buenos momentos.

Los grandes mensajes distan de necesitar grandes palabras o grandes actos. A veces a nuestra mirada le cuesta poner el foco en las pequeñas cosas que hacen que los días sean grandes; de manera que hechos tan simples y tan automatizados, como ir a pasear con ella cada día, la ausencia del sonido de sus patas en el piso al caminar o los ladridos cuando alguno de mis compañeros felinos robaba su comida ya no están. Esto ha resultado muy impactante.

Te has dormido y yo me quedo despierto

El afrontamiento en estos momentos es de supervivencia. ¿Cómo afrontar el duelo? Es normal estar mal. Es normal que sienta la tristeza y la alegría, en amalgama, en montaña rusa, una emoción detrás de la otra y en bucle.

Aunque el agotamiento físico y mental es real, sé que pasará. La tormenta que ha llegado se disipará con tiempo y con significado.

Mi duelo por la muerte de Saphira está implicando sentir como si mis emociones fueran el fuego de un gran incendio en un bosque seco. Arden sin piedad, sin tregua y sin un final vislumbrado, pero que sé que llegará.

En estos momentos combino la distracción con la reflexión. La emoción con la razón. La experiencia de la pérdida con la plenitud de corazón por haber tenido la oportunidad de estar junto a ella. Parece como si caminase por polos opuestos, pero la realidad es que estoy intentando encontrar el punto medio.

“A la experiencia emocional de enfrentarse a la pérdida la llamamos elaboración del duelo y conduce a la necesidad de adaptación a una nueva situación”.

-Barreto-

Hombre mirando desde ventana

Una decisión difícil

Aplicar la eutanasia a una mascota es algo que se vive con muchas dificultades. Los sentimientos de culpa se experimentan con una intensidad, e invaden de forma inequívoca el proceso de duelo. Sin embargo, la calidad de vida de mi amiga era muy limitada y alargar su agonía distaba de tener sentido. La eutanasia era el acto más humanitario que podía brindarle, el último agradecimiento a sus años de amor incondicional.

Cuando una amiga de cuatro patas nos deja, podemos rememorar el hecho de haber compartido grandes momentos y esto puede llevarnos a experimentar emociones tristes. A veces, extraordinariamente tristes. Sin embargo, también es cierto que “todo tiene su inicio final”. Tener esto en cuenta ayuda a seguir avanzando en la vida con fe, esperanza y alegría. Este es mi objetivo.

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  • Moreno Alfaro, A. (2015). El proceso de duelo tras la pérdida de una mascota: descripción y variables recomendadas.
  • Romero-Navarro, M. E. (2016). El proceso de duelo tras la pérdida de una mascota: Una revisión sistemática.

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