La teoría de la herradura: ¿en qué consiste?

Los partidos políticos también siguen la ley de que los extremos se tocan. Así, posiciones ideológicas en apariencia muy distintas pueden terminar teniendo muchos puntos en común.
La teoría de la herradura: ¿en qué consiste?
Cristian Muñoz Escobar

Escrito por el psicólogo Cristian Muñoz Escobar Agende una cita online

Última actualización: 28 diciembre, 2021

Desde que nacemos, somos sujetos políticos subsumidos en la lengua de la sociedad que nos adopta. La política está siempre presente en nuestra vida, para bien o para mal, queramos o no.

Conceptos como derecha, izquierda, centro, etc., son mencionados por una gran variedad de teorías para explicar el espectro político mundial. Sin embargo, una de ellas, la teoría de la herradura, ofrece un interesante argumento para comprender la dinámica del concepto “política“.

A continuación, te presentamos en qué consiste la teoría de la herradura.

Los extremos políticos

En pocas circunstancias los extremos políticos son buenos. A pesar de que cada uno se venda como el ideal a seguir, lo que esconden en realidad es la afiliación dogmática. Cada extremo tiene un discurso propio o toma como consigna alguno que se ajuste a las ilusiones y, especialmente, a los temores de las personas que entienden como potencial electorado.

De acuerdo con el filósofo y escritor de ficción Jean-Pierre Faye, según la posición discursiva, se establecen polaridades que “curvan el espacio argumentativo en forma de una herradura”, en el que gravitan los discursos extremistas y dogmáticos que fijan sus posiciones. Lo irónico es que, si bien cada discurso se diferencia, podrían terminar tocándose, como reza el dicho “los extremos se tocan”.

Político hablando

La teoría de la herradura

La política es concebida bajo los conceptos de poder y del ámbito público a la polis que afectan directamente a una sociedad, es decir, a sus ciudadanos.

Por otro lado, Rainer-Olaf Schultze, experto en ciencias políticas, expone que la política es el arte de conducir los asuntos públicos e intereses colectivos. Sin embargo, la historia corrobora una y otra vez que lo esencial de la política es su obligada referencia al poder y a las decisiones relacionadas con él.

La teoría de la herradura afirma que la extrema derecha y la extrema izquierda se parecen más que diferenciarse en ciertos sentidos, tan cercanos como los extremos de una herradura de caballo. Este símil también representa el centro político en la parte superior de la herradura; siguiendo su forma ovalada llegamos a los lados “izquierda” y “derecha”, hasta llegar a sus respectivos extremos.

Similitudes de los extremos

Los programas políticos de la extrema derecha y la extrema izquierda se diferencian notablemente, a pesar de que sus fines convergen en el mismo punto: el poder. Para comprender sus similitudes, lo mejor es realizar primero un contraste entre la derecha y la izquierda.

La derecha acepta las diferencias sociales como naturales e inevitables. Ahora bien, entiende que se minimizarían si prima el individualismo, la libertad como base para el bien colectivo, la propiedad privada y el mercado libre de intervencionismo.

La izquierda apuesta por el intervencionismo estatal como garante de la igualdad de oportunidades, para lo que necesita recursos, que suele obtener de tasas impositivas altas. Pone al individuo en un segundo plano y entiende que es el colectivo el que proporciona un bienestar en última instancia.

El totalitarismo

Al postular que los extremos se tocan, la teoría de la herradura destaca cómo el deseo de poder disminuye las diferencias entre los programas de la extrema derecha y la extrema izquierda, transformando sus intereses originales hacia la obtención de la fuerza como método regulador para someter a la ciudadanía. Una sociedad a la que primero tuvieron que seducir para que eligiera solo a uno de los dos.

En las dictaduras de extrema izquierda, como lo fue el comunismo soviético, la fuerza, que es la que da potencia al poder, es ejercida para tomar el control de los recursos económicos. Por lo general, defienden objetivos en común, entre los cuales destacan dos: derogar el capitalismo y entregar el poder al proletariado.

En los movimientos de extrema derecha, cuyas ideologías más famosas en su historia reciente son el fascismo y el nazismo, controlar la economía y ponerla en una posición centralista son dos de sus prioridades más urgentes, sin la necesidad de nacionalizar o expropiar las empresas del sector privado; incluso pueden incentivarlas si lo estiman conveniente.

Personas manifestándose

Ideales poco funcionales

Lo que tienen en común los extremos políticos, y para lo que serviría la teoría de la herradura, es plantear unos ideales tan radicales que difícilmente pueden ser funcionales. En su extremismo, suelen ver al otro como enemigo o incapaz, de manera que difícilmente van a negociar con él entendiendo que puede tener algo que aportar.

Por lo tanto, cuando gobiernan, suelen hacerlo solo para una parte de la sociedad, ignorando por completo a la otra. Además, sus ideales suelen ser muy superficiales, sin tener en cuenta las contradicciones a las que realmente se tendrían que enfrentar si miraran con más atención a la sociedad a la que quieren servir y no a la que quieren gobernar.

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