La terapia psicológica en la fobia de impulsión

¿Qué es la fobia a la impulsión? ¿Por qué el mismo tipo de pensamientos puede tener unas consecuencias tan distintas para un grupo de personas? En este artículo hablaremos de este tipo de fobia y de las posibilidades de intervención.
La terapia psicológica en la fobia de impulsión
Ebiezer López

Escrito y verificado por el psicólogo Ebiezer López.

Última actualización: 14 noviembre, 2022

La fobia de impulsión es una afección psicológica que puede generar mucho sufrimiento en quienes la padecen. En estos casos, los pensamientos generan una tremenda ansiedad que pueden hacer que las personas que la sufren se aíslen de sus seres queridos y el entorno. Por esa razón, la función de la terapia psicológica en la fobia de impulsión es crucial para la calidad de vida de estas personas.

Con frecuencia, aquellos que sufren de este trastorno desarrollan mecanismos para luchar contra estos pensamientos. Sin embargo, la mayoría del tiempo estas estrategias son poco efectivas, y a largo plazo pueden empeorar el problema.

A través de la psicoterapia, podemos entender mejor el papel que juegan dichos pensamientos en la vida del paciente. Así como también identificar las conductas que los refuerzan y modificarlas por otras más saludables.

¿Qué es la fobia de impulsión?

A menudo las personas lidiamos con pensamientos que pueden considerarse “intrusivos”. Con frecuencia se trata de ideas que, por absurdas, terminamos olvidando con facilidad. Sin embargo, hay quienes por alguna razón u otra empiezan a desarrollar una especie de fijación por ciertos pensamientos. Esto es algo característico de los cuadros de trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Las personas con TOC tienen pensamientos intrusivos recurrentes y ansiógenos. Como estrategia para eliminarlos, la persona refuerza determinados patrones conductuales, que pasan, por el tiempo que demandan y el sufrimiento que producen, a ser disfuncionales.

Por ejemplo, alguien con TOC podría tener pensamientos intrusivos sobre la suciedad y la posibilidad de enfermarse. En consecuencia, podría desarrollar algunas compulsiones como limpiar todas las superficies antes de tocarlas.

En este sentido, la fobia de impulsión es una variación del trastorno obsesivo-compulsivo en la que el tema son los impulsos personales. Para ilustrarlo mejor, pensemos en una situación típica: estás esperando a que llegue el tren y estás aburrido. De pronto, miras hacia las vías y piensas: ¿qué pasaría si salto allí? Lo más probable es que te rías de ti mismo y termines descartando esa idea por ser tan absurda.

No obstante, para una persona que tiene fobia de impulsión, este tipo de pensamientos se vuelven algo obsesivo que no puede evitar. A raíz de eso, puede empezar a desarrollar ciertos comportamientos, como evitar los cuchillos por temor al impulso de lastimarse. O incluso alejarse de su pareja o hijos por el miedo de hacerles daño a causa de impulso.

Hombre con ansiedad
La fobia de impulsión se caracteriza por pensamientos intrusivos relacionados con hacer daño a alguien o a uno mismo.

¿Cómo es la terapia psicológica en la fobia de impulsión?

Una condición importante para diagnosticar fobia de impulsión es que las obsesiones y las compulsiones ocupen al menos una hora diaria. Sumado a eso, que causen un malestar significativo a raíz de las restricciones derivadas. Una vez que se establece el diágnostico, en la terapia para la fobia de impulsión podemos encontrar:

Psicoeducación

En primer lugar, se comunica el diagnóstico a la persona para que comience a desarrollar consciencia de su propia enfermedad. Durante las sesiones de psicoeducación, el paciente puede hacer diferentes preguntas sobre el trastorno que los psicólogos responderemos. La finalidad de la psicoeducación es que la persona reconozca lo que sucede y cómo afecta su vida cotidiana.

Terapia cognitivo–conductual

La terapia cognitivo-conductual es uno de los principales en enfoques de la psicoterapia contemporánea. Su objetivo es evaluar, identificar y abordar los pensamientos y comportamientos que generan malestar a la persona. Debido a que la fobia de impulsión es una alteración donde hay pensamientos y comportamientos poco favorables para el paciente, suele ser la opción preferida.

Eso se debe a que la evidencia científica señala que es bastante efectiva para mejorar los síntomas de los TOC (McKay et al., 2015). Mediante la terapia cognitivo–conductual, los pacientes pueden aprender técnicas para regular su ansiedad.

Por ejemplo, las técnicas de respiración diafragmática facilitan la relajación. Asimismo, las técnicas de relajación muscular ayudan a eliminar tensiones acumuladas y que se asocian a emociones como la ansiedad o estrés. El resultado esperado es que se reduzca la frecuencia con la que aparecen los pensamientos ansiógenos, regulando también el malestar que ocasionan.

De igual manera, la terapia psicológica en la fobia de impulsión permite trabajar en los pensamientos rumiantes e irracionales que causan las obsesiones. Así, la técnica de detención del pensamiento puede ser adecuada para estos pacientes. En ese caso, lo que se hace es entrenarlo para que sea capaz de identificar los pensamientos obsesivos y repetitivos para que pueda detenerlos. Esto se logra a través de vocalizaciones como “¡basta!” o “¡ya!” y estímulos sensoriales con el objetivo de parar el pensamiento rumiante y obsesivo.

Técnicas de exposición

La exposición a los estímulos que suscitan los pensamientos obsesivos y las compulsiones puede servir en estos casos. Por ejemplo, si un paciente siente miedo de estar cerca de cuchillos porque teme hacerse daño o a otros con ellos, se le expondría a eso. Esta exposición debe realizarse de forma gradual y en combinación con técnicas de relajación y respiración para controlar la ansiedad que produce el estímulo.

Si pensamos en este caso hipotético, las primeras sesiones de exposición podrían consistir en colocar al paciente en una habitación con algunos cuchillos. Mientras está allí, es probable que la imagen de los cuchillos genere pensamientos ansiógenos y la persona quiera alejarse. En ese momento es cuando deben emplearse las técnicas de relajación y respiración para contrarrestar la ansiedad y evitar la respuesta de huida.

Una vez que los niveles de ansiedad bajen, entonces la siguiente fase podría ser que se acerque a los cuchillos y los sostenga. El proceso se repetiría de la misma manera que en la etapa anterior antes de avanzar a otro ejercicio que podría consistir en preparar alimentos con el cuchillo. Esto tiene dos objetivos: primero, evitar que la obsesión y compulsión se siga reforzando, y segundo, conseguir que el cerebro vea que no hay peligro.

Terapia de aceptación y compromiso (TAC)

La terapia de aceptación y compromiso es otra de las principales alternativas de tratamiento para la fobia de impulsión. Una revisión sistemática de Rodríguez (2022) concluyó que los ensayos clínicos apoyan la efectividad de la TAC como tratamiento para el TOC.

En esta misma línea, la terapia de aceptación y compromiso se enfoca menos en suprimir los síntomas de la enfermedad y más en hacer que impongan menos limitaciones a una interacción adaptativa sobre el entorno. Al hablar de aceptación, nos referimos al hecho de aceptar la experiencia emocional propia. Se trata de ser más compasivos y comprensivos con cómo nos sentimos.

Por su parte, comprometerse tiene que ver con dar más peso a nuestros valores a la hora de decidir, frente a otras variables, como puede ser la interacción con el entorno. Al planificar acciones que vayan en consonancia, es más fácil conseguir que los pacientes se comprometan a iniciar un cambio.

De esta forma, es fácil ver por qué la TAC es una opción común al abordar la fobia de impulsión. Al ayudar a los pacientes a ajustarse a su experiencia emocional y aceptarla, en lugar de juzgarla y rechazarla, se reduce la ansiedad y estrés. Además, si se adapta el tratamiento a los valores y aspiraciones de la persona, será más sencillo promover un cambio real en sus vidas.

Hombre en terapia psicológica
Tanto la terapia de aceptación y compromiso como la cognitivo conductual pueden utilizarse con la fobia de impulsión.

Terapia farmacológica

En algunos casos puede ser necesario la consulta psiquiátrica que faculte la parte farmacológica de la intervención. Los psicofármacos podrían ayudar a estabilizar el estado anímico del paciente, facilitando de esta manera el curso de la terapia. Después de todo, puede ser difícil trabajar las creencias irracionales si enseguida aparece una respuesta ansiosa extrema.

Para culminar, tengamos en cuenta que la terapia psicológica en la fobia de impulsión necesita tiempo. Los cambios ocurren de forma progresiva, pero con constancia y compromiso los pacientes consiguen mejorar y llevar vidas normales. Si sospechas que tú o alguien que conoces lo padece, busca ayuda cuanto antes.

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